Conflicto en Siria: 11 años ante el reto de la supervivencia

Nueve de cada diez personas sirias refugiadas en Líbano viven ahora en la pobreza extrema y la mitad de la población refugiada sufre inseguridad alimentaria
Por Comité español de ACNUR 25 de febrero de 2022
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Imagen: ©ACNUR/ Haidar Darwish
Majida, de 36 años y madre soltera de cuatro niños, vive desde 2020 en el corazón agrícola del Líbano, en concreto en el asentamiento del Valle de la Bekaa. Tras la pérdida de su esposo, causada por el conflicto de Siria, 2014 fue el año decisivo para que Majida abandonara su país natal en busca de un refugio seguro para ella y sus hijos. Sin embargo, la profunda crisis económica en la que está sumergido Líbano, unida a la situación por covid-19 y a las extremas temperaturas del invierno, no está haciendo nada fácil la vida de esta familia refugiada y de otras miles que, al igual que ella, han tenido que encontrar un nuevo hogar en este país de Oriente Medio.

Además de otras muchas amenazas a las que deben enfrentarse, durante estos duros meses de invierno, las fuertes lluvias y temperaturas al punto de la congelación han llevado a Majida y a sus cuatro hijos a tener que refugiarse bajo un techo de lona agujereado, durmiendo sobre colchones húmedos que intentaban secar bajo los escasos rayos de sol tras las tormentas.

«El año pasado tuvimos cierto acceso a combustible. Pero este año, con la escasez de combustible y los altos precios, ni siquiera puedo comprar leña —comenta Majida—. Me preocupa cómo voy a mantener a mis hijos abrigados y comprarles comida y ropa. Todo es muy caro».

En esta dura tarea por la supervivencia, la colaboración humanitaria de ACNUR ha sido decisiva. La Agencia de la ONU para los Refugiados ha proporcionado ayuda para la rehabilitación de alojamientos a las familias libanesas y refugiadas en mayor situación de vulnerabilidad, así como lámparas solares, artículos domésticos básicos y materiales para impermeabilizar las estructuras durante el invierno, entre otras muchas cosas.

Pero a pesar de este incremento de apoyo a familias libanesas y refugiadas vulnerables en todo el país, las necesidades siguen superando la ayuda y la crisis ha convertido una situación que ya era dura en una lucha diaria por la supervivencia. «Es difícil para todos, libaneses y refugiados».

La extrema pobreza de la población refugiada siria en Líbano

A pocas semanas de cumplirse 11 años desde que estalló el conflicto en Siria, en la actualidad se registran más de 5,6 millones de personas refugiadas en países fronterizos. De estos, Turquía se posiciona como el destino que más población refugiada siria ha acogido desde que comenzó la guerra, seguido de Líbano, Jordania, Irak y Egipto. En Siria son 6,5 millones las personas desplazadas internamente en el país.

En mitad de un conflicto armado, la vida en Siria no podía ser fácil para su población, razón por la cual muchas personas no tuvieron más opción que escapar y cruzar las fronteras buscando un nuevo hogar. Sin embargo, aunque los nuevos destinos han permitido refugiar a millones de sirios y sirias y mantenerlos a salvo de bombardeos, las condiciones climáticas, la covid-19 y las crisis económicas se han convertido en nuevas amenazas para la vida de esos refugiados.

«Antes de la crisis, podía poner comida en la mesa. Ahora no puedo proporcionar una comida completa a mis hijos»

«Cuando llegué a Líbano, tuve que adaptarme a mi nueva realidad. Nunca había vivido en una tienda de campaña, pero no podía permitirme alquilar un apartamento. Como madre soltera, a lo largo de los años tuve que aprender a gestionar la vida por mi cuenta y a mantener a mi familia», explica Majida.

En este país fronterizo con Siria, la crisis ha provocado dificultades generalizadas en el país: 9 de cada 10 personas refugiadas sirias viven ahora en la pobreza extrema y la mitad de la población refugiada sufre inseguridad alimentaria. El deterioro de la situación ha causado estragos, obligando tanto a las familias libanesas como a las refugiadas a tomar decisiones complicadas.

«Antes de la crisis, la situación era difícil, pero podía poner comida en la mesa. Ahora, no puedo proporcionar una comida completa a mis hijos, quienes comen principalmente verduras y alimentos secos» —señala Majida—. Están sufriendo porque no comen lo suficiente».

Cuando llegó a Líbano, Majida no tuvo más remedio que sacrificar la educación de sus hijos, quienes con 15 y 16 años cada uno, tuvieron que ponerse a trabajar en granjas para intentar incrementar los pequeños ingresos que proporcionaba Majida aceptando trabajos mal pagados como limpiar judías o pelar dientes de ajo. Estos grandes esfuerzos nunca lograban cubrir todas las necesidades básicas de la familia, pero han conformado una constancia y determinación por la supervivencia, que no habría sido posible habiéndose quedado en su hogar de origen en Siria.

Sin embargo, a pesar de las considerables adversidades a las que se ha tenido que enfrentar Majida en Líbano, ella está agradecida con el país por brindarle seguridad a su familia: «Mi deseo para Líbano, un país que ha sido amable conmigo, es que la situación mejore porque es difícil para todos, libaneses y refugiados».