Robos en domicilios

Los ladrones roban cada hora en España alrededor de 9 viviendas
Por Ana Eva Jiménez 17 de junio de 2003

Ningún domicilio esta a salvo. Los amigos de lo ajeno no tienen fijación por ningún tipo de vivienda ni un modus operandi concreto, simplemente observan su entorno y entran en aquellas casas que parecen no estar habitadas. Las vacaciones de verano y Semana Santa se convierten en sus mejores aliadas. Por esta razón, antes de salir de vacaciones compruebe la cobertura del seguro de su hogar y tome las medidas pertinentes para evitar que su casa sea el objetivo de los ladrones, y no estaría de más realizar un inventario de las pertenencias más valiosas para facilitar su recuperación.

Robos en España

De enero a junio de 2002 el número de robos en viviendas ascendió a 39.846, siendo Valencia, con 11.095 casos, la comunidad más perjudicada. Las que menos daños sufrieron, con menos de mil denuncias, fueron Aragón, Extremadura, Navarra y Asturias. Entre las ciudades más problemáticas en este campo figuran Alicante, Valencia, Madrid y Barcelona. La Rioja y Cantabria, sin embargo, registraron menos de 200 robos, según los datos del Ministerio de Interior.

Los ladrones de domicilios, por lo general – y según datos de la Ertzaintza- suelen ser delincuentes de poca monta, evitan problemas y no suelen utilizar la violencia a no ser que se vean acorralados. Los que más acciones de este tipo cometen son los delincuentes drogodependientes que se introducen en los domicilios con el fin de hacerse con cualquier pertenencia que puedan cambiar por droga. “Esperan a que las viviendas estén vacías para perpetrar sus fechorías y actúan en solitario o por parejas”, apunta la Policía Local de Leioa (Vizcaya).

Otros datos, tales como los facilitados por la Guardia Civil, revelan que en España, en 2002, operaban 486 bandas de delincuentes organizados. De ellas, el 55%, 268 en concreto, estaban compuestas por españoles y extranjeros, y un 26% por foráneos exclusivamente. La mayor parte de las redes de delincuencia se dedicaron al tráfico de todo tipo de sustancias ilegales, seguidas de los fraudes y estafas, tráfico de seres humanos y delitos contra la propiedad.

Las fuentes oficiales consultadas insisten en que son estas bandas las que mayor riesgo conllevan. “Son cada vez más numerosas y sus miembros están mucho más especializados. Roban dinero, joyas y documentos, y en ocasiones actúan por encargo”, explican. Controlan de manera exhaustiva la vida de sus víctimas y llegado el momento, no les importa si la vivienda está habitada o no. Cuando las víctimas les hacen frente no dudan en usar la violencia. “Suelen estar formadas por miembros del este de Europa”, apunta la Guardia Civil.

Pero, ¿qué hacen los ladrones con los objetos que sustraen de los domicilios?. Normalmente se los entregan a receptadores o “peristas”, es decir, a las personas encargadas de comprar y vender pertenencias robadas. Entre los efectos más codiciados por su facilidad a la hora de venderlos se encuentran los pasaportes, joyas, material informático, cámaras fotográficas, aparatos de audio y vídeo, videoconsolas y diversas prendas de ropa, según se desprende de diversos artículos del Ministerio de Interior.

Empresas de seguridad y seguros

Las empresas de seguridad privada en España no dejan de aumentar su facturación, y es que en estos momentos la seguridad se ha convertido en un bien inestimable. En 2001, por ejemplo, recaudaron un total de 1.562 millones de euros (260.000 millones de pesetas) y se prevé, según los datos que barajan técnicos en seguridad privada, que en 2003 los efectivos de seguridad privada superarán a los de los cuerpos policiales del Estado.

Respecto a la clientela de este tipo de empresas, la clase media-alta está siendo sustituida por capas sociales más modestas. Por esta razón, el número de alarmas de seguridad ha aumentado de forma espectacular, tanto en locales comerciales como en viviendas, siendo en estas últimas donde más se está incrementando la instalación de los nuevos dispositivos de protección. Los sistemas utilizados son propios de las películas de espías: sensores infrarrojos de movimiento, microcámaras de vigilancia y otros pequeños dispositivos que van conectados a una centralita inteligente que evalúa la situación de riesgo y avisan al propietario del inmueble o a un centro de seguridad que despliega otros modelos de vigilancia. Todo para contrarrestar la astucia de unos ladrones que cada día se hacen con métodos más sofisticados.

La instalación de alarmas depende más de dónde se cometen los robos que de las características de los domicilios, y es que en las casas particulares se suelen contratar estos dispositivos de protección cuando se han producido una serie de robos en el vecindario. El precio de las alarmas depende de su grado de sofisticación y del perímetro que deban proteger, pero, en líneas generales, y según la página Web dedicada a los profesionales de la seguridad privada (Cibervigil@nte), se puede adquirir un sistema de protección para una vivienda a partir de unos 350 euros. Asimismo, existe una gran variedad de servicios complementarios de mantenimiento y control disponibles a partir de 15 euros al mes.

Una vez cometido el robo, la única esperanza se centra en el seguro. Para que éste responda adecuadamente es deber del ciudadano haberlo elegido y pagado con anterioridad y de la manera correcta. La mayoría de los seguros del hogar cubren tanto robos como atracos al 100%, siempre que la vivienda se halle protegida con las seguridades declaradas por el tomador del seguro. Pero sólo cubren entre el 5% y el 10% en los casos de hurto.

Las diferencias entre robo y hurto, tal y como aclara la policía autónoma vasca, radican en las condiciones en que se lleva a cabo el delito. Si en una sustracción incurren circunstancias de uso de la fuerza (rotura de puertas o ventanas, o cajones, etc.) o de uso de la violencia (intimidación o agresión), el delito es un robo. En el hurto, los ladrones se pueden llevar la cartera sin que la víctima se dé cuenta y sin recurrir a la fuerza. En el caso de un domicilio, si se deja la puerta abierta de par en par y alguien entra y se lleva algo, por ejemplo, podría ser un hurto, aunque siempre caben matices (por ejemplo, si entra en casa una persona sin consentimiento, puede estar incurriendo en un delito de allanamiento de morada). Cada caso hay que analizarlo por separado.

Las compañías de seguros obligan al tomador a denunciar el hecho ante la autoridad local de la policía, allí mismo es obligatorio elaborar un listado de los objetos robados y su valor, dentro de las setenta y dos horas siguientes al conocimiento del hecho. Otra de las exigencias es quedarse con una copia de la denuncia que se presentará posteriormente a la compañía de seguros correspondiente.

Consejos para evitar robos

Conviene seguir ciertas pautas propuestas por las diferentes Fuerzas de Seguridad del Estado:

  • Instalar una puerta blindada. Cuesta aproximadamente 662,32 euros, IVA incluido: con cerradura de bombillo, 3 puntos de anclaje, 4 vueltas de llave, cerco metálico, marco de hierro y hoja blindada. Si esto no es posible, debe procurar que al menos tenga dos puntos de cierre, y que no exista hueco entre la puerta y el suelo.
  • Reforzar la parte de las bisagras con pivotes de acero y ángulos metálicos que impidan apalancar.
  • Colocar en la puerta una mirilla panorámica que permita ver de cuerpo entero a la persona que llama. Uno de los factores que más facilita su trabajo a los ladrones es la costumbre de los ciudadanos de cerrar la puerta con golpete. En estos casos, todas las herramientas que utilizan para acceder a la vivienda se reducen a una simple tarjeta de crédito o un plástico duro. De nada sirve una puerta blindada si al salir no se cierra con llave.
  • Instalar dentro de casa un dispositivo para encender la luz del rellano de la escalera.
  • Poner persianas en todas las ventanas y balcones y asegurarlas con un cerrojo interior.
  • Colocar rejas en aquellas ventanas de fácil acceso desde el exterior (no dejar entre las barras una separación mayor a 12 cm).

Jamás hay que facilitar la entrada en el inmueble a personas desconocidas, exigir siempre acreditación a los representantes de servicios técnicos (gas, luz, agua, etc.) y confirmarla telefónicamente llamando a la compañía a la que pertenecen, pero sin utilizar el número de teléfono que ellos mismos nos pueden facilitar a través de tarjetas falsas.

Precauciones

Si el periodo de ausencia va a ser largo, unas vacaciones por ejemplo, las precauciones a tomar se han de incrementar, tal y como aconsejan las diferentes Fuerzas de Seguridad del Estado:

  • En función de la economía de cada cual, se recomienda instalar en el domicilio todos los sistemas de seguridad posibles (puertas de seguridad, rejas o cierres de terrazas, alarmas…).
  • Si se han perdido las llaves, cambiar las cerraduras; también si se ocupa una vivienda en la que anteriormente vivía un inquilino.
  • Antes de desalojar la casa, comprobar que las puertas y ventanas están bien cerradas.
  • Prestar especial atención a las ventanas que dan a patios: son los accesos que pasan más ocultos a la vista de los ciudadanos y, por lo tanto, son zonas especialmente desprotegidas y con un riesgo mínimo para los delincuentes.
  • La casa no debe dar la sensación de estar vacía. Se recomienda no cerrar todas las persianas de las ventanas o al menos no bajarlas del todo, dejar ropa tendida, etc. Existen dispositivos electrónicos, baratos (temporizadores), que permiten programar el encendido de luces por zonas, encendiéndolas y apagándolas en horarios distintos, poner en marcha la TV, el contestador del teléfono…
  • No divulgar su ausencia. Comunicar sólo a los más allegados dónde pueden localizarle y dejar la llave a alguien de confianza que, en la medida de lo posible, haga visitas al domicilio y recoja la correspondencia del buzón.
  • No dejar dinero, joyas ni objetos valiosos en el domicilio.
  • No dejar objetos valiosos en las terrazas si éstas no están cerradas.
  • No esconder los objetos de valor (joyas, cámaras, vídeos, relojes,…) en sitios insospechados: los que van tras ellos son los que mejor los conocen.
  • También conviene realizar un inventario que incluya los números de serie de fabricación de ciertos aparatos, marca y modelo, unas fotos que permitan su identificación y, si es posible, dejarlos en una caja de seguridad con una marca que los identifique. Es la mejor medida que se puede tomar para evitar su robo y, si fuera el caso, recuperarlos con más facilidad evitando su comercialización gracias a estas señales personificadas.
  • La firma en documentos vale mucho: procurar que no estén cerca de los talonarios de cheques para evitar falsificaciones.
  • No desconectar el timbre de la puerta, ya que es una señal inequívoca de ausencia para los ladrones.
  • Ante la presencia de cualquier persona extraña, avisar a la policía. Tomar nota de cualquier cosa o vehículo que parezca sospechoso.

Cuando el robo ya se ha producido

Si el robo ya se ha efectuado, lo primero que debe hacer es mantener la calma; no tocar ni mover nada, no cerrar ninguna ventana o puerta si estuvieran abiertas y no cambiar nada de sitio. Lo más conveniente es esperar a que acudan los agentes al lugar de los hechos y sin tocar nada, atender sus indicaciones.

Una vez superado el primer susto, conviene presentar con rapidez la correspondiente denuncia. Para ello es necesario llevar los documentos que acrediten la propiedad de los objetos robados. Es importante transmitir a las fuerzas de seguridad cualquier información a la que se tenga acceso (vecinos, amistades, etc.) relativa al suceso y pedir justificante de la denuncia, ya que puede hacer falta para la reclamación ante la compañía de seguros, tal y como se indica en el apartado de “empresas de seguridad y seguros”.