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Viviendas alternativas

Establecer la residencia permanente en un barco, un hotel o una caravana es más caro que vivir en un piso

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 5 noviembre de 2009

En los últimos meses, con el agravamiento de la crisis, se ha dado más importancia al tema de la vivienda y su paradoja más cruel: cada día aumenta el número de personas sin techo, a pesar de que en España millones de viviendas están vacías. Son frecuentes los testimonios de familias que han tenido que renunciar a su hogar y cada vez se piensa más en las “viviendas alternativas”. Algunas personas utilizan lugares de recreo o turismo, como campings, autocaravanas, hoteles y embarcaciones, para residir de manera permanente. Se considera que es más barato que afrontar los gastos de un piso. ¿Pero es así? ¿Cuánto hay de realidad y cuánto de leyenda urbana en esta tendencia?

La vivienda como problema

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En el último año y medio, la crisis económica ha quebrado los esquemas de muchas familias españolas. Los proyectos postergados, los ahorros que disminuyen y los ingresos insuficientes -o nulos- constituyen hoy la realidad de gran parte de los ciudadanos. La creatividad y el sacrificio son fundamentales para mantener unas condiciones mínimas de calidad de vida y, al mismo tiempo, evitar que la situación empeore todavía más. Pero no es fácil. Con una tasa de paro que roza el 19% y miles de hogares en los que ninguno de sus miembros cobra un salario o una prestación por desempleo, el escenario, más que complejo, es de total desesperación. En mayor o menor medida, la mayoría sufre el impacto de la falta de recursos y las consecuencias de la recesión.

En este contexto de agrietamiento económico, que afectó primero a los sectores más vulnerables de la sociedad y ahora alcanza a la clase media, hay algo que no ha cambiado: la vivienda es un problema. La dificultad actual para acceder a un crédito hipotecario y el endeudamiento progresivo de las familias que ya contaban con uno, han puesto en aprietos tanto a quienes quieren comprar un inmueble ahora como a quienes lo hicieron antes y todavía tienen cuotas pendientes. El pago de la hipoteca es el gasto fijo mensual más elevado y representa -de media- el 60% de los ingresos del hogar. En el caso de los jóvenes, las familias monoparentales o los “mileuristas”, el porcentaje se dispara. Sin embargo, nada es tan grave como quedarse sin dinero y darse cuenta de que el estilo de vida actual es insostenible. Cuando los gastos superan a los ingresos, es momento de tomar decisiones. Algunas de ellas pasan por vivir en un barco, en un hotel o en un camping.

El pago de la hipoteca es el gasto fijo mensual más elevado y representa -de media- el 60% de los ingresos del hogar

Vivir en un barco

Aunque con menor incidencia que en otros países, en España algunas personas utilizan edificios, vehículos o enclaves turísticos como domicilio habitual. Es difícil que esta elección sea consecuencia de unos escasos ingresos económicos, de la necesidad de ahorrar o de la precariedad. Vivir en un hotel, un camping, un barco o una autocaravana requiere una inversión de dinero y es caro. Es más costoso que compartir vivienda (en el caso de alguien que esté solo) o que alquilar un piso (para un núcleo familiar).

Vivir de manera permanente en un barco -una decisión corriente en los países del norte de Europa-, es todavía un fenómeno incipiente en España, donde los gastos se disparan y la relación coste-beneficio no es demasiado clara. Comprar un yate puede costar lo mismo que un piso (el precio se reduce bastante si la embarcación es de segunda mano, pero aumentan los gastos de mantenimiento) y los alquileres de barcos tampoco son baratos. Incluso en el idílico supuesto de que no hubiera un gasto de compra o de alquiler, sí hay otros costes que se deben afrontar, desde la contratación de un seguro de responsabilidad civil, daños y accidentes, hasta las tasas anuales que cobran los puertos a los navegantes por disfrutar del derecho de amarre.

El desembolso -tanto del seguro como de la cesión de un espacio en el muelle- varía en función del barco y del puerto. Lo mismo ocurre con las revisiones periódicas de la embarcación que, además de obligatorias, son indispensables para que el proyecto de vivir en el mar no haga aguas. Las inspecciones técnicas, el mantenimiento del motor y la maquinaria interna, los trabajos de pintura, la revisión del casco y los gastos de señalización, entre otros, son rutinas que conviene tener en cuenta antes de embarcarse en esta opción de vivienda. No en vano los gastos anuales de mantenimiento de un barco se sitúan en torno al 10% del valor de compra, sin contar el consumo de combustible y los arreglos interiores.

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