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La Estrategia "Más alimento, menos desperdicio" inicia una nueva etapa

El nuevo periodo de esta campaña para 2017-2020 pretende seguir reduciendo el desperdicio alimentario, que alcanza los 1.300 millones de toneladas en todo el mundo

Imagen: leszekczerwonka

Cada año se desperdician en el planeta 1.300 millones de toneladas de alimentos, un tercio de la producción mundial, según indican las últimas estimaciones, lo que tiene importantes repercusiones económicas, sociales y medioambientales. Dentro de la Unión Europea, España es el séptimo país que más alimentos tira a la basura. En total despilfarra 7,7 millones de toneladas al año, lo que supone un coste de 3.000 millones de euros, según datos del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA). El pasado mes de diciembre se presentaba la nueva etapa de la Estrategia "Más alimento, menos desperdicio" para el periodo 2017-2020 con el fin de poner freno a esta situación. El artículo explica cuáles son los objetivos para los próximos años y algunas de las claves para evitar tirar comida a la basura.

Con una cuarta parte de los alimentos que se pierden o desperdician podría alimentarse a la población que pasa hambre en el mundo, informa el MAPAMA. Un alimento desperdiciado es aquel que, siendo apto para el consumo humano, termina por no comerse, bien por descarte o por deterioro. Lo son, por tanto, esos alimentos que se estropean porque no se han conservado bien, los productos con la fecha de caducidad sobrepasada, frutas y hortalizas que por tener formas extrañas no se consumen... No es un desperdicio, en cambio, las partes no comestibles que se eliminan durante los procesos de transformación y preparación como huesos, cáscaras de huevos o espinas de pescado.

Estas prácticas hacen que un tercio de los alimentos que se producen se pierda o se desperdicie: en total, unos 1.300 millones de toneladas al año. Los alimentos que más suelen tirarse son tubérculos, frutas y hortalizas (entre el 40% y el 50%); pescado (35%); cereales (30%); y semillas oleaginosas, carne y productos lácteos (20%). Se calcula que entre el 30% y el 50% de los alimentos comestibles no llegan a ser consumidos. Un dato sorprendente: en los hogares es donde se despilfarra más, por encima de la industria y otros sectores como el comercio.

Objetivos de la Estrategia "Más alimento, menos desperdicio"

Es importante saber cuánto, cómo, dónde y por qué se producen los desperdicios para reducirlos

El objetivo de la nueva etapa de la Estrategia "Más alimento, menos desperdicio" es, como en 2013 cuando se inició la campaña, continuar controlando el desperdicio alimentario en todos los eslabones de la cadena alimentaria para poder aplicar así las medidas necesarias en cada uno de ellos. Los responsables destacan la necesidad de contar con la colaboración de entidades, asociaciones, empresas, productores y consumidores, todos ellos un pilar fundamental para disminuir los niveles actuales de desperdicio.

Para 2020 está previsto reducir las pérdidas y el desperdicio en un 50%, tal como marcó la Comisión Europea hace unos años. Pero para conseguirlo es necesario seguir trabajando para saber cuánto, cómo, dónde y por qué se producen los desperdicios; divulgar buenas prácticas y acciones de sensibilización; analizar y revisar aspectos normativas; y fomentar el diseño y desarrollo de nuevas tecnologías.

Además, la intención es elaborar una guía nacional que facilite la donación y la redistribución de los alimentos, así como el desarrollo de medidas normativas que puedan incidir en reducir el desperdicio alimentario.

Una de las ventajas de esta nueva etapa es que ya se cuenta con iniciativas anteriores, con conocimientos adquiridos que posibilitan conocer qué se ha conseguido y cuáles son a partir de ahora las nuevas prioridades. La divulgación, las acciones de sensibilización y de concienciación han sido claves para entender que había un problema y que debía ponerse remedio. En este sentido, se han publicado varias guías para reducir el desperdicio destinadas a los centros educativos, al comercio minorista y a la restauración.

La investigación ha sido y es clave también. El desarrollo de envases que afectan a la degradación de los alimentos muestra la importancia que puede tener la investigación en este ámbito. El estudio de vida útil de los alimentos también ha permitido ver que las fechas establecidas por la industria alimentaria son muy ajustadas y corresponden con la duración efectiva del producto. En este apartado ha sido fundamental ayudar a entender qué es la fecha de caducidad y qué es la fecha de consumo preferente; la confusión entre ambas es una de las causas de desperdicio más comunes por parte del consumidor.

Claves para no tirar comida

Según los datos de la primera etapa de la estrategia (2013-2016), la tendencia en el último periodo confirma la concienciación de las familias, lo que ha permitido reducir en un 6% el desperdicio en los hogares, por lo que se han tirado 80,1 millones de kilos/litros menos de comida de septiembre de 2015 a septiembre de 2016.

Aun así, hay que seguir trabajando por ello. En el hogar puede reducirse la cantidad de comida que se despilfarra, si se tienen en cuenta 10 claves fundamentales, según la 'Guía Práctica para el consumidor: cómo reducir el desperdicio alimentario':

  • 1. Planificar el menú semanal y evitar improvisaciones.

  • 2. Hacer una compra responsable: revisar la despensa y la nevera y confeccionar una lista de lo necesario.

  • 3. Tener en cuenta que "tirar comida es tirar dinero".

  • 4. Conservar de forma adecuada los alimentos, consultar la etiqueta y los soportes informativos.

  • 5. Adquirir productos de temporada y consumir la comida por orden de entrada: la más antigua primero.

  • 6. Ajustar las raciones e intentar cocinar lo justo.

  • 7. Aprovechar las sobras con creatividad.

  • 8. Tirar a la basura solo lo que sea imposible aprovechar.

  • 9. En el restaurante, pedir las sobras en un envase para llevar.

  • 10. Recordar la importancia de las tres "erres" ecológicas:

    • Reducir. Comprar de forma responsable.

    • Reutilizar. Muchas sobras de los alimentos pueden aprovecharse para hacer otras recetas.

    • Reciclar. Con los residuos orgánicos se puede fabricar un excelente abono para las plantas, por ejemplo.


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