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La cafeína y sus efectos en el corazón

Según un último estudio, las bebidas cafeinadas reducen el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares

  • Autor: Por JORDI MONTANER
  • Fecha de publicación: 8 de mayo de 2007
Imagen: Ivar van Bussel

Los datos sobre la aportación de la cafeína a la salud han sido desde siempre contradictorios. ¿Es beneficiosa o perjudicial para el organismo? Una última investigación con ciudadanos neoyorquinos habla principalmente de beneficios. El estudio afirma que beber bebidas cafeinadas puede disminuir en un 53% el riesgo de padecer un ataque cardiaco. Otro estudio sostiene que una ingesta moderada de café, aunque produce un aumento de la tensión, no incrementa el riesgo de infarto o enfermedades coronarias, ya que la subida se produce durante un periodo muy corto de tiempo. A pesar de estos efectos positivos, los especialistas rehúyen potenciar un mayor consumo de cafeína por las consecuencias negativas que puede tener en otros aspectos de la salud.

En un artículo publicado recientemente en el American Journal of Clinical Nutrition, James Greenberg y su equipo de investigadores, del Departamento de Salud y Nutrición de la Universidad de Nueva York, resumen con cautela el seguimiento de 6.594 hombres y mujeres con edades comprendidas entre los 32 y los 86 años, aclarando que son precisos más datos epidemiológicos, metabólicos y clínicos para poder sentar conclusiones válidas. Pero el mensaje del estudio es más bien rotundo: cuantas más bebidas cafeinadas consumieron los individuos estudiados, menor fue su riesgo cardiovascular en comparación con quienes evitaron tomar café en todo momento. Greenberg también aclara que los individuos estudiados no tenían factores de riesgo tan condicionantes como hipertensión o diabetes, factores que deben tenerse muy en cuenta en las recomendaciones nutritivas y de prevención.

La dieta cafeinada incluía café, té, bebidas refrescantes de cola y chocolate a la taza. Los voluntarios fueron estudiados durante seis años, y en ese periodo fallecieron 349.282 por un ataque cardiaco y 67 por un ictus fatal. El experto estadounidense subraya que este efecto protector aparece después de los 65 años, y que en individuos más jóvenes o en hipertensos no se alcanza el mismo grado de protección.

Según Greenberg, tanto el café como el té, el chocolate o las bebidas de cola tienen, además de cafeína, compuestos antioxidantes y flavonoides que podrían ser los responsables del efecto detectado.

Junto a una taza de café

Dos o tres dosis diarias de cafeína estimulan las funciones psíquicas y facilita el esfuerzo intelectual, la asociación de ideas o la atención

La cafeína, ingrediente activo del café, está presente en hojas y bayas de más de 60 especies vegetales. Su nombre se debe a que fue descubierta en las semillas del café el año 1820 (aunque el té contiene, en peso, más cafeína que el café). Es la droga estimulante socialmente más aceptada y considerada, a su vez, como la menos perjudicial. Esta sustancia actúa a distintos niveles en todo el cuerpo. A dosis habituales, consumiendo de dos a cuatro tazas diarias (150-250 miligramos), la cafeína estimula las funciones psíquicas y hace más fácil el esfuerzo intelectual, la asociación de ideas o la atención. En el sistema cardiovascular actúa también estimulando al corazón, incrementando la frecuencia cardiaca y la presión arterial de forma transitoria.

De acuerdo con los expertos, la cafeína pertenece a un grupo de sustancias llamadas xantinas, que estimulan el cerebro al interferir en la acción de la adenosina (un transmisor nervioso que produce calma y tranquilidad) y provocan una sensación de euforia y de fuerza durante algunas horas. Todo esto ocurre, sin embargo, no sin un incremento de los niveles de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisores activadores). La máxima concentración en la sangre se alcanza entre los 30 y 45 minutos de la ingestión y, a las tres horas, ya se ha eliminado la mitad de la cafeína absorbida.

Más efectos

Hay quien dice que el café alivia el dolor de cabeza, lo que tiene, en cierta forma un sentido. Tanto la cafeína como la teofilina provocan una disminución del flujo sanguíneo cerebral por vasoconstricción, disminuyendo así la cefalea.

Su fama de buen digestivo tras las comidas también tiene justificación fisiológica: la cafeína aumenta la secreción de jugos gástricos (ácido clorhídrico y pepsina) en el estómago. Sin embargo, esta misma acción la convierte en un poderoso agente irritante de la mucosa. Asimismo, ejerce una acción antiespasmódica en la vesícula, tiene un leve efecto diurético, aumenta la capacidad de trabajo muscular, refuerza la contracción y retarda y alivia la fatiga. Por último, produce un discreto efecto en los pulmones, dilatando los bronquios.

A pesar de los efectos positivos de la cafeína, los especialistas rehúyen fomentar un mayor consumo por las consecuencias negativas que puede tener en otros aspectos de la salud

Un estudio publicado el año 1999 en el Journal of the American Medical Association aseguraba que el consumo de café reduce considerablemente la aparición de cálculos biliares. Según los autores del trabajo, investigadores de la Universidad de Harvard, los adultos que beben de dos a tres dosis de cafeína al día tienen un 40% menos de riesgo. Ésta, al parecer, actúa previniendo la aparición de colesterol, principal componente de los cálculos biliares. No obstante, los especialistas rehúyen fomentar un mayor consumo de café, debido a las consecuencias negativas que puede tener para otros aspectos de la salud.

Anticonceptivos, anticoagulantes y protectores gástricos reducen la capacidad del organismo para eliminar la cafeína de los riñones, lo puede provocar insomnio, irritabilidad y palpitaciones en muchos pacientes. La cafeína, además, reduce el efecto sedante de algunos tranquilizantes y, si se toma con determinados antidepresivos, puede causar una crisis de hipertensión arterial grave y alteraciones del ritmo cardiaco.

El contrapunto en otro estudio

Contradiciendo los resultados de Greenberg, un estudio publicado en la revista American Journal of Hypertension sostiene que una ingesta moderada de café produce un aumento de la tensión, pero que tiene lugar durante un periodo muy corto de tiempo y que, al decir de los expertos, no incrementa el riesgo de infarto o enfermedades coronarias. No obstante, la mezcla de cafeína con el estrés emocional eleva la presión arterial de forma sostenida y ponen en jaque a los pacientes hipertensos. La secreción de catecolamina que tiene lugar tras el consumo de café provoca un estado de hiperactividad cardiovascular.

¿Drogablanda?

La cafeína es el mismo compuesto químico que la guaranina (llamada así por la guaraná), la mateína (por el mate) o la teofilina (por el té). Originalmente se pensaba que estas sustancias tenían diferencias químicas, pero después se descubrió que se trata de una misma sustancia en todos los casos.

En estado puro, la cafeína es un polvo blanco muy amargo, identificado en 1819 por Ruge, y descrita dos años más tarde por Pelletier y Robiquet.

Se ha observado que el consumo excesivo de cafeína puede provocar dependencia, aunque con un síndrome de abstinencia mucho más benigno que en otros casos (cursa con dolor de cabeza, irritabilidad y somnolencia patológica). A dosis muy elevadas, produce excitación, ansiedad e insomnio, temblor, un aumento generalizado de la sensibilidad y disminución de los reflejos.

En el deporte es considerada una sustancia restringida, y su uso está permitido siempre que no se llegue a una concentración en orina de 12 microgramos por mililitro.




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