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¿Dietas milagro?

No existe una "fórmula mágica" para perder peso, por lo que el seguimiento de dietas para adelgazar sin control profesional plantea serios riesgos para la salud.

  • Última actualización: 4 de junio de 2002

La mirada crítica la debe enfocar el consumidor a las dietas populares con las que muy probablemente haya entrado en contacto, sea simplemente como receptor pasivo de sus propuestas o como practicante.
Se puede afirmar que todos los modelos alimentarios que surgen durante esta temporada, tienen en común la utilización errónea de alimentos (abuso de proteína, exceso de grasas, insuficiente aporte de hidratos de carbono, etc.), basándose en creencias populares o en sofismas, lo que conduce a desequilibrios en el organismo con repercusiones más o menos graves para la salud de quienes las llevan a la práctica.


Dietas variopintas

Se trata de dietas en las que predomina un determinado macronutriente (proteína, grasa o hidrato de carbono). La dieta resultante tiende a resultar monótona y poco apetecible. Como consecuencia, la persona reduce la ingesta y disminuye el peso por una baja ingesta calórica.

Dietas pobres en proteínas: La persona pierde peso a expensas de la masa muscular y de la proteína visceral (la que forma parte de los órganos vitales: corazón, riñones…), desciende la presión arterial e incluso se han dado casos de arritmias cardiacas intratables.

Ejemplos representativos:
Dieta de la uva y el plátano, del pomelo, del yogur, a base de algas, sirope de salvia, la dieta de la pasta, de la patata, sopa antigrasa, dieta desintoxicante, ayuno total-parcial-semidieta, dieta de Hauser, macrobiótica, vegetariana estricta, etc.

Dietas ricas en proteínas y pobres en hidratos de carbono: Aquí se incluyen aquellas que prometen resultados rápidos sólo si se come carne, tocino, huevos y otros alimentos hiperproteicos, y suprimen o limitan al máximo los alimentos ricos en hidratos de carbono, tales como los cereales y derivados (arroz, pasta, pan), las patatas, las legumbres, las verduras y hortalizas y las frutas.
Los expertos en nutrición coinciden en afirmar que un aporte excesivo de proteínas e insuficiente de hidratos de carbono favorece la descalcificación ósea y puede ocasionar daños renales. Pero también pueden causar fatiga y mareo por falta de hidratos de carbono, ya que la glucosa, un sustrato deficiente en estas dietas, es la fuente de energía preferida por el organismo. Además, conducen a una gran pérdida de líquido y electrolitos lo que favorece la deshidratación, y se elevan los niveles de colesterol y triglicéridos, factores de riesgo cardiovascular. Si la persona tiene hiperuricemia (niveles elevados de ácido úrico), ésta se agrava o incluso puede sufrir un ataque de gota. A corto y medio plazo se pierde proteína muscular e incluso proteína visceral puesto que el organismo la emplea como fuente de energía.
Con el tiempo, la falta de hidratos de carbono produce un exceso de acetona y otros cuerpos cetónicos en el organismo (cetosis) ya que el organismo se adapta a la situación y utiliza las grasas como sustrato energético, con el fin de preservar la degradación de proteína muscular y visceral. La cetosis conduce a la pérdida del apetito y náuseas, otra manera en que los seguidores de las dietas hiperproteicas logran perder peso con rapidez. Es característico un aliento y una orina con olor pronunciado debido a que se eliminan por estas vías pequeñas cantidades de acetona. El exceso de producción de cuerpos cetónicos produciría un aumento de la acidez orgánica, por lo que el riñón rápidamente comienza a producir iones amonio para neutralizarla. Si no se diese esta reacción, se podría originar una cetoacidosis grave, acompañada de grandes pérdidas de sodio y potasio, con consecuencias cardiacas serias e incluso mortales.

Modelos dietéticos:
Dieta del Dr. Atkins, disociada del Dr. Hay, combinaciones alimentarias de Herbert Sheldom, régimen disociado de Montignac, Scardale, Messini, dieta Mayo, The Zone (dieta de cintura, abdomen, glúteos…), Protein Power, ayuno proteico, etc.

Dieta rica en grasa y colesterol: Una de las formas más peligrosas y extendidas en el tratamiento de la obesidad son este tipo de dietas. Se basan en una reducción de los hidratos de carbono que se sustituyen por grasas. Algunos de los modelos dietéticos que aparecen publicados en revistas u otros medios de información pueden proporcionar hasta 1500 mg de colesterol al día, además de grasa saturada, a pesar de que ningún artículo hace referencia al elevado aporte graso. Al aumentar los niveles de colesterol y de triglicéridos en sangre, aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular. Por su desequilibrio nutricional provocan una depleción de las reservas de glucógeno (sustancia de reserva que una vez utilizada por el organismo se transforma en glucosa), y del agua ligada a él, lo que provoca una pérdida de peso rápida que se recupera cuando se vuelven a ingerir alimentos ricos en hidratos de carbono.

Modalidades dietéticas:
Dieta de Pemmington, la revolución dietética del Dr. Atkins, combinaciones alimentarias del Dr. Shelton, dieta disociada de Montignac, dieta Scardale, dieta Mayo, dieta Messini, cualquier modalidad de dieta hiperproteica, etc.

Regímenes sin grasa: No permiten aceites, mantequilla, margarina y cualquier tipo de grasa. Existe riesgo de carencia de ácidos grasos esenciales y vitaminas liposolubles (A, D, E).

Tipos de dietas:
Dieta desintoxicante, sirope de salvia, del pomelo, ayuno total-parcial, dieta de 1000 calorías, dieta de Hauser, dieta anticelulítica, de la pasta, dieta de la patata, vegetariana estricta, etc.

Dietas que focalizan la ingesta en un determinado alimento: Resultan aburridas y nada atrayentes, además de desequilibradas nutricionalmente y sin base científica, pueden producir trastornos digestivos y psíquicos ya que rompen el ritmo alimentario normal.
Ejemplo: Toronjas: lunes arroz, martes carne, miércoles huevos…, y similares.


Riesgos para la salud


Las personas que se dejan llevar por estos modelos alimentarios se plantean objetivos a corto plazo y poco o nada realistas.

En breves períodos, lo único que pierde el organismo es reserva de líquido y electrolitos, no grasa. Se precisa un periodo superior a una semana para comenzar a movilizar los depósitos de grasa que son los verdaderos responsables del sobrepeso. La pérdida de peso es consecuencia de una reducción importante de las calorías de la dieta o de los desequilibrios orgánicos que se originan al emplear alimentos en cantidad y calidad inadecuada. Esto se traduce en perdida de peso a expensas de: líquidos, electrolitos, en menor proporción reservas de proteínas - músculo principalmente - y todavía en un menor porcentaje grasa, que es lo que realmente interesa perder.

El seguimiento de estas dietas supone, en un 99 % de los casos, la recuperación rápida del peso perdido tras su abandono, que puede superar a la propia pérdida de peso, es decir, en la mayoría de los casos se ganan más kilos de los que se consiguió perder con la dieta (efecto yo-yo).

Una dieta con un valor energético inferior a las 1200 calorías resulta nutricionalmente incompleta y en tratamientos de media y larga duración requiere un aporte complementario de vitaminas y minerales para evitar cualquier carencia.
Las dietas populares generalmente no cubren el 100% de las recomendaciones diarias de: zinc (debilitamiento del sistema de defensas, alteración de la maduración sexual, la fertilidad), hierro (anemia ferropénica subclínica o con síntomas manifiestos), calcio (mayor riesgo de descalcificación ósea especialmente en la mujer tras la menopausia), magnesio (mineral clave para el correcto funcionamiento del intestino, nervios y músculos, y para la formación y mantenimiento de la integridad de huesos y dientes). Además, la ingesta de vitaminas suele ser inferior al 80% de las recomendaciones diarias para vitaminas A, D, E (en dietas sin grasa), grupo B y vitamina C (dietas sin frutas ni verduras y bajas en hidratos de carbono).


Garantía de éxito para perder peso:

* Solicitar asesoramiento dietético profesional para realizar una dieta de adelgazamiento.

* Adecuar los hábitos de alimentación al modelo de dieta saludable y equilibrada. Todos los especialistas coinciden en que estar delgado supone ciertos sacrificios (especialmente para quienes tienen predisposición genética a acumular kilos) y la única manera segura y efectiva de evitar el sobrepeso es modificar el estilo de vida.

* Contemplar en la alimentación diaria todos los grupos de alimentos básicos: cereales (pan, arroz, pasta, patatas, legumbres), frutas, verduras, proteicos (carne, pescado, huevos y derivados), lácteos y grasa (aceite de oliva y semillas). La cantidad a consumir de cada grupo de alimentos varía según las necesidades particulares.

* Respetar al menos las 3 comidas principales (desayuno, comida y cena).

* Practicar ejercicio habitualmente, preferiblemente de tipo aeróbico (caminar, andar en bici, nadar, correr...).



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