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Cómo mantener el buen aspecto de las frutas

Ciertos trucos e ideas sencillas evitan que las frutas se estropeen y ayudan a mantener su buen aspecto y a incluirlas en los distintos platos del día

  • Autor: Por PEIO GARTZIA
  • Última actualización: 8 de julio de 2013
Imagen: Kim Love

El verano invita a las comidas frescas y los platos ligeros. Y lo cierto es que, cuando hace calor, pocas cosas son tan refrescantes como las frutas de estación. Albaricoques, melocotones, cerezas o nectarinas son algunas de esas delicias estivales. Sus colores naranja y rojizo indican que son ricas en antioxidantes, al tiempo que seducen desde el expositor. Ante tanta variedad, resulta complicado resistirse o elegir y, a menudo, se regresa a casa cargados de múltiples piezas. Entonces surge un problema: cómo evitar que se echen a perder. En la nevera no siempre hay espacio suficiente y el apetito en el momento del postre es un tanto limitado. ¿Qué hacer? En este artículo se proponen trucos e ideas para mantener las frutas con buen aspecto e incluirlas en los distintos platos del día.

Frutas: cómo mantener su buen aspecto en verano e incluirlas en el menú

Incluir frutas ácidas o añadir el zumo de un limón o una lima a los jugos de la macedonia evita la oxidación de las piezas más sensibles

Albaricoques, melocotones, nectarinas, peras de San Juan, cerezas, paraguayos, melones o sandías. Son frutas habituales en verano, jugosas y llenas de sabor que, además, tienen un alto contenido en antioxidantes, indispensables para cuidar la piel cuando aumenta la exposición al sol. Elegir solo una es difícil y, al final, acabamos enfrentados a un pequeño dilema: en la cocina hay demasiadas frutas que maduran muy rápido por la acción del calor.

La buena noticia es que esto tiene solución. Lo agradecido de las frutas es que se pueden consumir tanto al principio de la comida, como durante la misma o en el postre. El secreto es elaborar diversas recetas que las incluyan, ya sea como complemento o como protagonistas del plato. Algunas ideas:

  • Brochetas de frutas. Para el desayuno o en el postre, son una excelente opción. La variedad de color y texturas estimula los sentidos, mima el paladar y aporta nutrientes y vitaminas. Para preparar estas brochetas hay que pelar y despepitar las frutas, para luego trocearlas de manera regular. Si no se consumen en el momento, se deben juntar las frutas y permitir que se mezclen sus jugos antes de ensartarlas, para evitar la oxidación de algunas de ellas (como las manzanas) en contacto con el aire. Además de consumirse como plato frío, las brochetas de frutas también pueden asarse en las barbacoas.

  • Macedonias o ensaladas de frutas. Las macedonias solucionan unos cuantos problemas: permiten combinar diversas frutas y aprovechar las piezas más maduras, son muy fáciles de hacer, caben bien en la nevera y están listas para consumir frescas en cualquier momento del día. El único reto es mantener la buena apariencia de ciertas variedades, como las manzanas o los plátanos, que tienden a ennegrecerse una vez que se les quita la piel. Esto ocurre por la oxidación en contacto con el aire que, si bien no afecta al sabor, sí afea su aspecto. El truco para evitarlo es incluir algunas frutas ácidas (como las naranjas) o exprimir un limón o una lima y añadir ese zumo a los jugos de la macedonia.

  • Zumos, licuados y helados de frutas. Una receta muy sencilla para preparar las frutas es el zumo: se pelan las frutas, se quitan las semillas y se licúan. Si se utiliza alguna fruta recién sacada de la nevera, se obtendrá un zumo fresco y agradable de tomar sin necesidad de añadir hielos. El licuado se puede servir como postre o beberse entre horas. Además, es una base estupenda para elaborar granizados o polos helados muy sanos.

  • Gazpacho con frutas. El gazpacho, receta típica de verano en España, gana mucho en originalidad si, además del tomate y los vegetales, se añade el sabor de la fruta. Unas fresas, unas cerezas o una sandía le darán un contrapunto excepcional.

  • Frutas en las ensaladas. Las ensaladas tienen una gran importancia en verano. La mezcla de vegetales y alimentos proteicos (como pescados en conserva o huevos cocidos), junto con el sabor del marisco, el pescado y las carnes blancas mezcladas con los vegetales bien lavados y aliñados, aportan una variedad muy amplia de texturas, colores y gustos. Si en la mezcla entran en juego las frutas (como cerezas frescas o unos trocitos de piña, melón o sandía), se conseguirán unas ensaladas muy frescas, originales y con un aporte nutricional muy importante para la dieta.


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