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Si hay alguna planta típica de la Península Ibérica que nombraría e, incluso, reconocería cualquier persona, por muy poco iniciada que fuera en la materia, ésa es el clavel. Ser originaria de la cuenca mediterránea y protagonista de canciones y coplas populares ha convertido a esta planta en referente de la cultura botánica nacional. Para mantenerla, luz y agua abundante son imprescindibles.
Perteneciente a la familia de las Cariofiláceas y al género Dianthus, en la actualidad, hay documentadas 250 especies diferentes de clavel, entre las que destacan por su popularidad el clavel común (Dianthus caryophyllus), la clavelina (Dianthus barbatus) y el clavel chino (Dianthus chinensis).
- Imagen: Daniel Maté -
De base leñosa, tiene unos tallos característicos que pueden alcanzar hasta 90 centímetros de altura. Sus hojas son perennes, lineares, blandas y planas, con base envainadora. Los continuos cruces entre las distintas variedades han propiciado que la mayoría de los claveles tengan una floración continua, siempre que la temperatura no baje de los 10º C.
Nacen en grupos de una a cinco flores, con pétalos dentados y cáliz con dientes triangulares. En cuanto a sus colores, los más comunes son el rosa, el blanco y el rojo, aunque las modas y exigencias del mercado hacen que se cultiven claveles de otros colores, como amarillos o naranjas. En función de su tamaño, sus flores se dividen en "standard" o "uniflora", de flor grande con poca tendencia a emitir brotes laterales, y "mini" o "spray", como la clavelina, que además de por su pequeño tamaño, destaca por su gran número de botones florales.
El clavel tiene su hábitat natural entre 30º y 45º de latitud. Fuera de los límites de las regiones mediterráneas, su producción se extiende al sur de California, a la zona de Perth en Australia, a la sabana de Bogotá y a las montañas de México y Kenya. También son abundantes los claveles en Valparaíso, Chile y Sudáfrica.
Para su crecimiento, el clavel necesita riegos constantes, pero en cantidades moderadas para evitar pudrir sus tallos. Es una planta que también requiere mucha luz para desarrollar un tallo rígido y flores grandes y vigorosas. En cuanto al suelo, éste debe ser poroso y rico, con un buen drenaje para evitar encharcamientos que le pueden ocasionar enfermedades criptogámicas o asfixias radiculares.
Por lo que respecta al abono, necesita un importante aporte de nutrientes. Durante los meses de calor se debe abonar una vez por semana, mientras que el resto del año basta con hacerlo de forma mensual. El momento más adecuado para los trasplantes es el otoño, aunque se pueden reproducir mediante semillas en primavera. En esta misma estación se pueden hacer los esquejes para su multiplicación.
El clavel es una planta sensible a enfermedades como la roya (Uromyces caryophyllinus), que provoca manchas tanto en las hojas como en el tallo durante épocas templadas como el otoño y la primavera, la fusariosis (Fusarium oxysporum) que ataca al sistema vascular y daña hojas, tallo y raíces, o la mancha foliar (Pseudomonas andropogonis 'Smith' Stapp), una bacteria que puede provocar una necrosis de color pardo rojizo en el borde de las hojas.
Los pulgones pican las hojas y flores para succionar la savia
Respecto a las plagas, los principales enemigos de los claveles son los pulgones, el tortrix europeo (Cacoecimorpha pronubana) y el trips (Frankliniella occidentalis). Los primeros pican las hojas y flores para succionar la savia. La plaga se reaviva en la primavera y baja con los fuertes calores del verano. El tortrix son lepidópteros cuyas larvas comen las hojas y perforan los botones florales hasta devorarlos. Por último, los trips son insectos chupadores que penetran en el interior del botón floral y realizan allí su puesta. Se alimentan de los pétalos que nacen y, cuando la flor madura, se forman decoloraciones sobre los bordes.
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