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La paga mensual a los hijos ¿funciona?

Un 37% de los niños y adolescentes españoles recibe una asignación monetaria para sus propios gastos que oscila entre unos tres euros para los más pequeños y los 20 euros para más mayores

Imagen: Jaclyn Twidwell

Un juez español ha rechazado recientemente la petición de un joven de 22 años para que sus padres le aumentaran la paga mensual de 150 euros, bastante superior a la media. Este conflicto abrió el debate sobre este sistema de administración. ¿Cuánto dinero es suficiente? Para los más pequeños, la "paga" media ronda los tres euros, mientras que los adolescentes reciben unos 20 euros para sus gastos propios, según la Asociación Mundial de Educadores. Las asignaciones de dinero -que pueden ser semanales o mensuales-, varían según el país. Mientras aquí un 37% de niños disfruta de este metálico extra, en el resto de Europa la media es del 44%. También se aprecia una diferencia en cuanto a la cantidad mínima: 3 euros para los españoles frente a los 3,60 euros que recibe el resto de europeos. Los niños portugueses y franceses encabezan el ranking, con 5,40 euros de paga semanal.

Capacidad de administrar su propio dinero

En España, puntualmente, se percibe una variación añadida según el género, de acuerdo con una encuesta realizada por la compañía Duracell a padres y niños. En porcentajes, las niñas son las más beneficiadas: un 43% de ellas disfrutan de la "paga", mientras que sólo un 33% de los niños la recibe.

A partir de los siete años los niños ya aprenden en el colegio a sumar y a restar, de manera que se hallan en condiciones de manejar dinero para sus pequeños gastos semanales, aunque es posible que desconozcan los conceptos de 'caro' y 'barato'. Otras nociones relevantes, que se incorporan a partir de los diez años, son las de 'deseable' o 'necesario'.

No obstante, es partir de los 13 años cuando la "paga" adquiere la categoría de "herramienta pedagógica". Tanto si el niño ya venía recibiéndola como si comenzara a hacerlo en su adolescencia, es oportuno que los padres tomen este momento de inflexión en la vida de los hijos para plantear verbalmente algunas cuestiones que ayudarán a entender cuestiones básicas sobre la gestión del dinero.

Valores a tener en cuenta

En primer término, un consejo habitual para los padres que optan por este sistema es tener en claro que se trata de un acto voluntario, al margen de la obligación que tienen de proporcionarles a sus hijos casa y comida y se recomienda que, previamente, reflexionen sobre los valores que quieren transmitir y fomentar en sus hijos en relación con el dinero. Algunas preguntas que deberían hacerse antes de tomar la decisión son las siguentes:

  • ¿Deseo que mi hijo ahorre una parte de esa paga? o ¿es mejor que la gaste toda en lo que desee mientras no me genere nuevos gastos extras antes de fin de mes?
  • ¿Qué pasará con el acto de compartir? Nadie mejor que los padres conoce la personalidad de sus hijos. Si la paga es muy alta, ¿será capaz de invitar a sus amigos o se volverá cada vez más egoísta?

Es probable que estas preguntas no tengan respuestas concretas en uno u otro sentido. Son, en todo caso, cuestiones importantes para analizar en el momento de proponer este sistema a los hijos. A esto se suma una tercera reflexión fundamental:

  • En el momento en que se establece la paga periódica, ésta se transforma, a su vez, en un derecho. ¿O creo en la paga como un sistema de premios y castigos? En ese caso, si el dinero se convierte en una herramienta supeditada a lo bien o mal que hacen sus deberes, no se fomentará de manera efectiva su educación sobre la gestión de su propia economía.

Apuesta por el diálogo

Desde la primera vez que se acuerda la paga es fundamental que quede claro el concepto tanto para los padres como para los hijos. Para que resulte efectiva como herramienta pedagógica, se deberá establecer con claridad qué gastos continuarán pagando los padres.

En algunos aspectos resulta más sencillo: la comida diaria y la manutención del hogar siguen como indudable responsabilidad paterna, mientras que la asistencia a discotecas, conciertos, determinadas compras, etc. deberán ser financiadas por los hijos. La experiencia indica que la inversión en moda es uno de los más discutidos, aunque una de las soluciones más comunes a este tema es considerarlo un gasto compartido.

Aunque los jóvenes sepan bien qué quieren, no siempre desarrollan temprano el concepto de lo que necesitan, sobre todo en el aspecto de la ropa y complementos, por lo que no es de extrañar que quieran dos pares de zapatillas muy costosas aunque se despreocupen de contar con un solo abrigo o un chubasquero, por ejemplo, indispensables en invierno. Si desde el principio se establece que este gasto se comparte entre padres e hijos, no se romperá el objetivo pedagógico al comprarle, por ejemplo, un jersey.

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Etiquetas:

dinero, euros, hijos, niños, padres


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