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Acidificación de los océanos

Un proceso que no sólo destruye corales y moluscos, sino que podría afectar a otras especies marinas e incluso acelerar el cambio climático

  • Autor: Por ALEX FERNÁNDEZ MUERZA
  • Fecha de publicación: 4 de septiembre de 2008
Imagen: Tony Webster

Las emisiones de dióxido de carbono (CO2) no sólo estarían provocando el cambio climático, sino también la acidificación de los océanos, como demuestran cada vez más estudios científicos. Este problema provoca el descenso de especies muy sensibles, como corales, moluscos o estrellas de mar, y podría alcanzar a su vez negativas consecuencias para otras especies, e incluso, aumentar el calentamiento global.

No han utilizado la máquina del tiempo, pero han observado el nivel de acidez de los océanos a principios del próximo siglo. Un equipo internacional, liderado por Jason Hall-Spencer, biólogo marino de la Universidad inglesa de Plymouth, ha estudiado los alrededores de la isla italiana de Ischia, cuyos fondos marinos reciben dos millones de litros de CO2 diarios debido a unos escapes volcánicos. Los científicos creen que todos los océanos en 2100 tendrán cantidades similares de CO2 si continúan aumentando las emisiones de este gas de efecto invernadero.

Los científicos han explicado en la revista Nature que la acidificación ha alterado radicalmente la ecología del lugar, contabilizando un 30% menos de especies. Las algas calcáreas se encuentran entre las ausencias más llamativas. Hay que tener en cuenta que con unos niveles normales de pH del agua suelen cubrir el 60% del lecho marino.

El pH del agua de la superficie del mar ha disminuido hasta en un 25% desde el inicio de la industrialización, lo que amenaza la viabilidad de muchas especies marinas

Asimismo, los investigadores han detectado la escasez de otras especies con esqueleto calcáreo, como corales, estrellas o erizos de mar. La falta de este último, por ejemplo, puede ser un problema grave en el Mediterráneo, ya que es un depredador natural de la Caulerpa, un alga tóxica invasora en este mar que ha acabado con muchas especies autóctonas.

No obstante, los investigadores también han comprobado que el nivel de acidez varía dependiendo de las condiciones meteorológicas y del oleaje, que devolvía temporalmente al agua su pH normal. Este dato podría suponer un atisbo de esperanza para especies con hábitats en aguas movidas, como percebes y lapas.

Por su parte, un equipo de la Universidad sueca de Gothenburg, junto a científicos australianos, ha echado por tierra la creencia de que el equilibrio químico del mar es inamovible. Su trabajo, publicado en la revista Current Biology, afirma que el pH del agua de la superficie del mar ha disminuido hasta en un 25% desde el inicio de la industrialización. Este aumento de la acidez, aseguran estos expertos, amenaza la viabilidad de muchas especies marinas.

Posibles impactos en los ecosistemas y el cambio climático

Diversos estudios, como los ya citados, ponen de relieve que el proceso de acidificación impide fabricar a los corales el carbonato cálcico que forma su armazón, e inhibe la transformación del calcio necesario para las cubiertas celulares o esqueletos de moluscos, plancton calcáreo, ostras, almejas o mejillones.

La Red Europea de Excelencia para el Análisis de los Ecosistemas Oceánicos (EUR-OCEANS) recuerda que los océanos del Sur y el Ártico, más fríos y ácidos, podrían volverse totalmente inhóspitos a finales de este siglo para este tipo de organismos.

Este fenómeno, junto al exceso de nutrientes (en su mayoría nitrógeno), provocado por el vertido de fertilizantes agrícolas y residuos, contribuye al incremento en mares y océanos de las denominadas "zonas muertas". Aquí, los bajos niveles de oxígeno extreman las condiciones de vida para la gran mayoría de especies marinas.

En este sentido, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) asegura que el número y tamaño de estas áreas ha aumentado de forma considerable en las últimas décadas, contabilizando unas 200. Algunas de ellas no exceden el kilómetro cuadrado (km2) de superficie, pero otras superan los 70.000 km2. Las zonas muertas se encuentran repartidas por todo el mundo, incluida España, donde hay dos frente a las costas atlánticas gallegas y en el Cantábrico.

En cuanto a los potenciales impactos en otras especies marinas, y en general, a las consecuencias globales de este problema, los científicos no lo tienen claro, por lo que solicitan más investigaciones. Además de la calcificación, la acidificación podría provocar diversos efectos negativos directos en la fisiología y reproducción de los seres vivos, como por ejemplo hipercapnia (presencia excesiva de CO2 en los fluidos corporales). Otras consecuencias podrían ser más indirectas, pero no menos preocupantes, como el descenso de los recursos alimenticios o la destrucción del hábitat de ciertas especies, como las que viven en los arrecifes de coral.

La acidificación también podría a su vez incrementar el cambio climático. Los océanos absorben buena parte del CO2, por lo que una variación en esta capacidad podría tener consecuencias imprevisibles. Asimismo, la acidificación de los cocolitofóridos, elemento esencial del fitoplancton, podría exacerbar este problema.

Por ello, un reciente artículo en la revista Science subraya que la reducción de las emisiones de CO2 no sólo ayudaría a combatir el cambio climático, sino también la acidificación de los océanos.

En cualquier caso, los científicos recuerdan que una vez que el pH del océano ha descendido, llevará miles de años revertir el cambio, aunque se asuman medidas para reducir las emisiones de CO2. Por ello, algunos expertos recomiendan prepararse para posibles impactos negativos que puedan afectar, por ejemplo, a las pesquerías.

Europa contra la acidificación de los océanos

El proyecto EPOCA (Proyecto Europeo sobre la Acidificación de los Océanos), puesto en marcha en junio, reúne a más de cien científicos de veintisiete organizaciones pertenecientes a nueve países. Su objetivo es estudiar las posibles consecuencias de este problema y asesorar a los responsables institucionales europeos sobre los límites que no deberían superarse.

Por su parte, la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (IOC) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), se ha unido también al proyecto para coordinar las investigaciones fuera de la UE, y trabajará para desarrollar acuerdos internacionales que ayuden a combatir la acidificación oceánica.




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