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Radioterapia

Utilizada en el tratamiento del cáncer, impide que en muchos casos se deba extirpar la parte afectada

Radioterapia, quimioterapia y cirugía son los tres tratamientos básicos de la lucha contra el cáncer. Su combinación potencia las posibilidades de sanar el tumor, aunque no siempre es necesario recurrir a las tres de forma conjunta. Concretamente, la radioterapia se puede emplear sin necesidad de utilizar ninguna otra técnica y sus resultados son tan positivos que, en muchas ocasiones, evita la extirpación de la zona del cuerpo afectada. Se emplea sobre todo cuando el tumor está localizado y no existe metástasis, y los avances en la radiofísica han permitido que el tejido sano apenas resulte afectado por las radiaciones. Además, en general el tratamiento es bien tolerado por los pacientes y apenas se producen efectos secundarios.

Radiaciones ionizantes

La radioterapia es una técnica de tratamiento del cáncer basada en la emisión de radiaciones ionizantes. La especialidad médica que se encarga de administrarla es la oncología radioterápica y se utiliza para acabar con las células tumorales detectadas en una parte del organismo,

Se utiliza para acabar con las células tumorales detectadas en una parte del organismo

es decir, las radiaciones no se aplican sobre todo el cuerpo sino que se dirigen sólo a la parte en la que se detecta el tumor. Explica la presidenta de la Asociación Española de Radioterapia y Oncología (AERO), Ana Mañas, que la radioterapia "es el único tratamiento, junto con la cirugía, capaz de curar el cáncer" e insiste en que, sobre todo, se emplea de manera individual, sin combinarlo con otros tratamientos, cuando el tumor está localizado y aún no hay metástasis. "La emisión de radiaciones bloquea y anula el tumor, que está delimitado, y permite proteger los tejidos cercanos y sanos de las radiaciones".

En concreto, la radioterapia utiliza partículas similares a las de los rayos X, pero de mayor energía, que son capaces de penetrar en el cuerpo, destruir las células malignas e impedir que crezcan y se reproduzcan. Aunque el resto del organismo sano se protege para que no se apliquen sobre él las radiaciones, a veces es inevitable rozar el tejido sano que rodea al tumor y destruir células buenas, que tienen, por otra parte, una gran capacidad de regeneración. Precisamente, la destrucción de estas últimas células es lo que da lugar a los posibles efectos secundarios.

La radioterapia se emplea en todo tipo de tumores y puede aplicarse antes de intervenir quirúrgicamente al paciente para reducir el tamaño del tumor, o después de una operación para acabar con las células malignas que hayan quedado, pese a la extirpación del tumor. No obstante, puede ocurrir que tras un tratamiento con radioterapia no sea necesario pasar por el quirófano, ya que según Ana Mañas "en muchos casos impide la cirugía mutilante, especialmente en el cáncer de laringe y en el de mama". Además, se trata de una técnica muy útil para tratar los tumores pequeños; de difícil acceso mediante cirugía, así como los grandes; cuya extirpación completa sería imposible, los detectados: a los que se intenta reducir el dolor, y en aquellos casos en los que el objetivo es "controlar la metástasis y evitar fracturas óseas", completa la presidenta de AERO.

Casi el 70% de los pacientes oncológicos recibe tratamiento de radioterapia, que puede administrarse de dos maneras:

Radioterapia interna o braquiterapia. Mediante intervención quirúrgica, cerca del tumor o dentro del mismo se coloca por un periodo limitado de tiempo material radiactivo en forma de hilos, vectores o semillas. El paciente debe permanecer ingresado tres o cuatro días y las radiaciones tienen un potente efecto sobre las células cancerígenas, con una menor afección en el tejido sano. Una vez que el material radiactivo está fuera del organismo del paciente, éste no supone ningún peligro para las personas que le rodean "porque la radiación no se contagia ni las personas se convierten en material radiactivo", aclara Ana Mañas. Sí resulta preferible, no obstante, que las mujeres embarazadas y los niños no se acerquen al paciente porque son más vulnerables a la radiación.

Radioterapia externa. La fuente de radiación se encuentra fuera del organismo del paciente, a cierta distancia de él en equipos de grandes dimensiones. Es el tratamiento más común y no suele requerir que el paciente se quede ingresado, sino que acuda al centro hospitalario cada día, de lunes a viernes (los fines de semana y festivos se descansa para que las células sanas afectadas puedan regenerarse), de dos a tres semanas, para recibir la dosis. Antes de la primera sesión, se marca con pintura (duradera) la zona sobre la que se va a aplicar el tratamiento, una serie de puntos que indican el lugar exacto por el que deben penetrar las radiaciones y que en ningún caso, si se borran, deben ser dibujados de nuevo por el paciente. Mientras se realiza el tratamiento el enfermo se queda solo en una sala, tumbado y sin moverse, para que la radiactividad se dirija exclusivamente al tumor. En todo momento está vigilado por un circuito cerrado de televisión, controlado por el técnico de radiación, que se encarga también de escuchar al paciente -a través de un intercomunicador-, por si siente algún problema o molestia.

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