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Piojos: huéspedes que nos traen de cabeza

Aplicar lociones anti parasitarias para prevenir su aparición es un error, sólo se deben administrar si ya hay piojos; la mejor prevención es la revisión periódica del cabello con una lendrera

  • Última actualización: 7 de abril de 2010

Perfil del enemigo: molesto, pero no peligroso

El perro quizá sea el mejor amigo del hombre, pero no nos necesita tanto como el piojo, que sólo puede vivir a nuestra costa: somos la única especie animal que estos minúsculos parásitos admiten como morada. En las escuelas, es un clásico, repite curso una y otra vez. Si algún día los humanos desaparecen del planeta, probablemente la especie que más acusará nuestra ausencia será la del piojo: se quedará sin sustento y sin alojamiento. Según un estudio de Laboratorios OTC, el 14% de la población escolar padeció el curso pasado la presencia de estos molestos inquilinos, si bien casi todos los niños tienen piojos al menos una vez en la vida y normalmente es en su paso por la escuela y en la franja de 3 a 12 años.

Hay tres clases de piojos, y cada una afecta exclusivamente a una parte del cuerpo humano

Pero los adultos no están a salvo: el continuo contacto con un niño infectado por piojos puede acabar con el adulto rascándose también la cabeza. Los piojos, además de molestos por el picor que producen, son maestros del camuflaje y detectarlos a simple vista entraña dificultades. Por ello se recomienda no bajar la guardia y, en lugar de cruzar los dedos y confiar en la suerte mientras no llegue una circular del colegio que alerte de la presencia de estos parásitos en el aula, adoptar una serie de precauciones y, sobre todo, saber cuáles son las mejores medidas en caso de infestación.

Los mitos y las falsas creencias sobre los piojos abundan. Quizá la más extendida sea la que asocia su aparición con la falta de limpieza y los malos hábitos higiénicos. Esta situación es la que explica que en muchas familias la aparición de piojos sea todavía un tabú, y que, en consecuencia, los contagios se oculten y no se comuniquen en la escuela, por pura vergüenza.

Lo primero en una batalla es identificar al enemigo, conocerle a fondo, así como sus fortalezas y debilidades. Hay tres clases de piojos, y cada una afecta exclusivamente a una parte del cuerpo humano. Dos de ellos (el piojo del pubis o ladilla, y el del cuerpo) sí están asociados a la suciedad, al hacinamiento y a la falta de higiene. Pero, en cambio, no puede decirse lo mismo del piojo de la cabeza, el más común y el que ataca a los escolares, ya que aparece por transmisión y contagio. En ningún caso, los piojos de la cabeza se alojan en la zona perineal o los del cuerpo en la cabeza.

Otra leyenda es que transmiten enfermedades a través de sus picaduras. Falso: los piojos de la cabeza son muy molestos, pero nada peligrosos, ya que el único problema de salud que pueden originar es el de sobreinfecciones de las costras y heridas producidas por el intenso picor que producen en quien los sufre. Sin embargo, hay indicios científicos de que los piojos del cuerpo han sido, a lo largo de los siglos, trasmisores de enfermedades graves, como la fiebre "de las trincheras" o el tifus.

Los piojos sólo se contagian por contacto directo de cabeza a cabeza o por el intercambio de cepillos, gorros, coleteros o diademas

El verdadero problema de los piojos de la cabeza es la facilidad con la que se reproducen y se extienden. El parásito adulto, cuyo tamaño es el de una semilla de sésamo, tiene una especie de garra en forma de gancho con la que se ancla al pelo, y se alimenta de la sangre de su huésped cada 3 ó 6 horas, lo que causa prurito o picor a la persona y le obliga a rascarse. Los piojos pueden vivir en el cabello un mes y en ese tiempo son capaces de poner unos 110 huevos, de los que el 60% llegará a adulto.

Evitar contagios

La hembra fija los huevos, o liendres, a 1 ó 2 milímetros del cuero cabelludo (gusta del calor corporal que emana esta zona) con una sustancia viscosa que actúa de pegamento y de este modo impide que las liendres se puedan despegar manualmente. La presencia de estas liendres es el primer signo de alarma: el niño está infectado. Transcurridos 10 días de la puesta, el huevo eclosiona y, si no se pone remedio para frenarlo, se inicia de nuevo el proceso de reproducción.

Aunque se piense a veces lo contrario, los piojos no se transmiten por animales domésticos, agua, arena o hierbas, ni tampoco pueden saltar, ni volar, ni desplazarse por superficies distintas de la del cuero cabelludo.

Por su fisiología sólo están capacitados para agarrarse al cabello, de ahí que únicamente se pueden contagiar por contacto directo de cabeza a cabeza o por el intercambio de cepillos, gorros, coleteros, diademas y otros objetos que hayan tenido contacto directo con el cabello, como auriculares, bufandas o gafas de sol.

En este último caso, sólo si este intercambio se hace de forma inmediata, ya que los piojos sobreviven fuera de la cabeza durante poco tiempo, menos de 24 horas. Los que puedan caer en cuello, ropa de cama o alfombras, como no entran en contacto directo con su huésped (recordemos que no se pueden desplazar salvo por la cabeza humana) se encuentran débiles y dañados y apenas generan peligro de contagio.

PREVENCIÓN: LENDRERA Y PACIENCIA

Los síntomas de que nuestro hijo tiene pediculosis, nombre científico del contagio de estos parásitos, son el picor persistente y el rascado intenso, si bien cuando se tienen por primera vez el prurito puede aparecer bien tarde. Por eso, para prevenir el contagio de los piojos conviene adelantarse, y ante la sospecha de que el niño pueda estar en contacto con un compañero que ya los tenga se debe revisar concienzudamente su cabeza. Y no basta con hacerlo una sola vez o de forma puntual, es necesario vigilarla día a día con paciencia, una lendrera y un paño blanco.

La lendrera, peine de púas específico para piojos, es lo más eficaz para la revisión y, en su caso, para retirar los piojos adultos y las crías, si las hubiera. Es fundamental que el espacio entre las púas no supere los 0,2 mm y son preferibles las lendreras con púas de metal, por su mayor rigidez. Conviene pasar la lendrera con el cabello húmedo y suave (usemos un acondicionador en el lavado) y en un lugar bien iluminado.

El paño o papel se coloca en los hombros del niño o sobre el regazo de quien le está revisando la cabeza, mejor si es blanco porque contrasta mucho con el tono oscuro de los piojos y, una vez caídos del cabello, se verán con más facilidad. Hay que pasar la lendrera desde la raíz a las puntas, prestando especial atención a las zonas que rodean la nuca y la parte posterior de las orejas, lugares preferidos por los piojos porque la temperatura es más alta y constante y porque el pelo sufre menos roturas. Después de cada revisión, conviene sacudir enérgicamente el peine por si algún piojo se ha quedado entre las púas y pasar la lendrera por el grifo para eliminar los posibles restos.

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