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Secuelas de una catástrofe

Es indudable que un suceso dramático afecta a todo el mundo pero no todas las personas acaban desarrollando síndrome de estrés postraumático

Imagen: Saiuri

Un acontecimiento violento, sea por un accidente o debido a un desastre natural, como un huracán, nos afecta a todos. Los pocos supervivientes y los familiares de las víctimas del accidente del aeropuerto de Barajas sentirán angustia y tristeza. En ocasiones estos síntomas se prolongan apareciendo lo que se conoce como síndrome del estrés postraumático. El cómo se maneje la situación aguda puede influir en su aparición. El recuerdo nunca podrá desaparecer pero existen estrategias para hacer frente a este trastorno.

El síndrome de estrés postraumático es un trastorno que aparece en personas que han vivido un episodio dramático en su vida, como un accidente, la muerte violenta de un familiar, un desastre natural o vivir en un entorno bélico, entre otros. En esta situación se rememora continuamente el trauma: el episodio sucede de nuevo una y otra vez, debido a los recuerdos que emergen en cualquier momento, y a las pesadillas nocturnas. A pesar de esto, y aunque parezca paradójico, se es incapaz de recordar aspectos importantes de lo sucedido.

Reacciones psíquicas y físicas

Otro punto destacado es la "insensibilidad" emocional o sensación de que a la persona afectada nada le importa, con falta de interés por las actividades normales. El individuo se vuelve retraído y reservado a la hora de expresar sus estados de ánimo, e intenta evitar a las personas y lugares que le hacen recordar el suceso. Acostumbra a mostrarse irritable, con dificultad para concentrarse y para conciliar el sueño. También suele producirse un estado de alerta excesiva, como si se temiera que algo terrible pudiera volver a suceder, con una respuesta exagerada a las cosas que causan sobresalto. Por otra parte, también pueden surgir sentimientos de culpa.

Si la situación se desborda es importante acudir a un profesional para que proporcione herramientas útiles para hacerle frente

Son frecuentes las reacciones físicas en forma de palpitaciones, sudoración y sensación de dificultad para respirar, cada vez que se recuerda el hecho traumático. El síndrome de estrés postraumático puede presentarse justo después del episodio o demorarse unos meses después. Cuando se presenta inmediatamente, por lo general, mejora al cabo de unos tres meses; sin embargo, algunas personas sufren formas más prolongadas que puede durar años.

Es indudable que un suceso violento o traumático afecta a todo el mundo pero no todas las personas desarrollan el trastorno. Por qué determinadas personas lo padecen y otras no todavía no tiene una clara explicación. La reacción a una situación dura depende de la sensibilidad de cada uno y de sus recursos para afrontarla. Esto depende del carácter e, incluso, influye la situación vital que se esté atravesando en ese momento, así como el hecho de haber sufrido experiencias similares en el pasado y disponer de un entorno familiar y social en el que encontrar apoyo.

Controlar la situación después del suceso

Tras haber padecido un suceso traumático es importante controlar el estrés para poder enfrentarse a la situación y prevenir que aparezca más tarde el trastorno del estrés postraumático. Es útil, en lo posible, mantener la rutina habitual, intentando descansar y distraerse. Es importante no aislarse y buscar apoyo en la familia y los amigos. No hay que evitar las situaciones, personas y lugares que recuerdan el trauma. En el caso de los niños, resulta primordial recuperar la rutina y ayudarles a comprender sus emociones sin evitar hablar del tema.

No obstante, en ocasiones, hay que aceptar que la situación puede desbordarnos. Si fuera así, es mejor acudir a un profesional para que nos facilite las herramientas adecuadas para hacerle frente. Las principales formas de tratamiento para prevenir y tratar el trastorno de estrés postraumático son la terapia cognitiva conductual, los fármacos y los grupos de ayuda. Mediante la terapia cognitiva conductual se pretende que el individuo examine y resuelva sus sentimientos -de ira, pena o culpa- para que pueda enfrentarse a los recuerdos sin sentirse emocionalmente paralizado.

La terapia de exposición es un tipo de terapia cognitiva especial en la que se expone al individuo a la situación traumática mediante imágenes escogidas cuidadosamente del trauma. Esta inmersión, realizada en un entorno seguro, puede ayudar a la persona a enfrentarse y controlar el miedo y la angustia que le abrumó durante la catástrofe. Respecto a esta opción de tratamiento, un trabajo publicado recientemente en la revista "Archives of General Psychiatry" recoge los resultados de un estudio que evalúa su eficacia para evitar que aparezca el estrés postraumático.

El estudio se realizó con 90 personas que se encontraban en situación de estrés agudo después de haber sufrido un trauma y que fueron asignadas a tres grupos: uno de ellos recibió durante cinco semanas sesiones de 90 minutos de exposición a la situación traumática (imaginaria y en vivo); un segundo grupo, sesiones de reestructuración cognitiva; y un tercero, no recibió ningún tipo de tratamiento. Una vez finalizado el seguimiento se constató que, en el grupo de exposición, pocos pacientes habían desarrollado estrés postraumático, en comparación con los otros dos grupos.

Los medicamentos consiguen ayudar mejorando síntomas como la ansiedad, el insomnio y la depresión, además de facilitar la participación en la psicoterapia. La terapia de grupo es una buena opción ya que resulta un entorno terapéutico ideal puesto que las víctimas de un mismo suceso pueden compartir experiencias en un ambiente de comprensión y de empatía que proporcionan las demás personas.

EL RASTRO DEL KATRINA

Imagen: Sorina Bindea

Las catástrofes naturales, además de los daños físicos y del impacto psicológico, provocan trastornos a largo plazo. Hace poco, los habitantes de Nueva Orleans revivieron el fantasma del Katrina. Un informe publicado por la Organización Mundial de la Salud, al cabo de un año del paso del huracán, señala que se duplicaron las enfermedades mentales entre los supervivientes. En el estudio, dirigido por Ronald Kessler, de la Universidad de Harvard (EE.UU.), se analizaron las encuestas realizadas a 1.043 adultos de la zona de Alabama, Louisiana y Missisipi.

Los trastornos más frecuentes entre los supervivientes fueron estrés postraumático, cuadros depresivos y crisis de pánico. Una cuarta parte aseguró tener pesadillas relacionadas con el Katrina, el 38% declaró asustarse con más facilidad de lo habitual y el 52 % reconoció estar de peor humor. Sin embargo, en la otra cara de la moneda está el optimismo, que dio fuerzas al 88% de los encuestados. Estos aseguran que tras el paso del huracán han profundizado en su sentido de la vida y han establecido vínculos más íntimos con sus seres amados. También se destaca que el índice de suicidios no aumentó después de esta desgracia.

Otros dos estudios divulgados hace unos meses confirman el impacto psicológico que este tipo de catástrofes ocasiona entre los supervivientes. En uno de ellos, realizado por la Universidad de Michigan, se constata un aumento en la dependencia del alcohol entre los supervivientes. Concretamente, la cifra se multiplicó por tres y entre los supervivientes que estuvieron afectados de forma más directa se multiplicó por cinco. En el otro estudio se entrevistó a 810 personas de la zona y se observó que un 22,5% de ellas padecían estrés postraumático tras el paso del huracán.

Los investigadores comprobaron que el estrés postraumático era mayor en Missisipi que en otras zonas del desastre. Este hecho les ha llevado a concluir que la respuesta del propio Gobierno y la ayuda enviada por otros países ante una catástrofe es un condicionante del nivel de estrés postraumático entre la población de afectados, y que una respuesta apropiada puede reducir el impacto mental en los supervivientes de un desastre.




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