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Cuando el funcionamiento intelectual está en el límite

Entre un 3% y 5% de la población tiene funcionamiento intelectual límite, es decir, un cociente intelectual entre 71 y 85

Algunas personas tienen un cociente intelectual más bajo que la media, aunque sin llegar al nivel del retraso mental. Les cuesta resolver problemas laborales o personales. Pero esta no es su mayor dificultad. El reto más duro que deben afrontar es el del estigma social, ya que muchas veces la sociedad no las trata de la forma adecuada. En este artículo se describe qué significa el funcionamiento intelectual límite y cómo de importante es el diagnóstico precoz para establecer un buen tratamiento que aumente las posibilidades de alcanzar un funcionamiento autónomo para la vida diaria.

El funcionamiento intelectual límite no es una enfermedad, pero puede dificultar mucho la vida cotidiana. Los expertos utilizan "funcionamiento intelectual límite" para referirse a las personas cuyo cociente intelectual (CI) está entre 71 y 85. El CI es una medida de la inteligencia que se obtiene tras realizar un test de inteligencia: un CI inferior a 85 significa una inteligencia inferior a la media; por debajo de 70, se considera retraso mental; y por el contrario, cuando es mayor de 115, indica que la persona es más inteligente que la media de la población. La mayoría está entre los valores de 85 y 115.

Las causas y las consecuencias de un CI más bajo

Las personas situadas en la franja del funcionamiento intelectual límite tienen más problemas para resolver problemas, ya sea en el trabajo o en las relaciones personales. "Les cuesta mucho encontrar soluciones, necesitan ayuda", explica Juan Carlos García Gutiérrez, profesor de psiquiatría en la Universidad de Cádiz.

El funcionamiento intelectual límite no se considera una enfermedad. Es una etiqueta bajo la cual se engloban personas (niños, adolescentes o adultos) con este nivel de inteligencia por diferentes motivos. Como señala este experto, "el funcionamiento intelectual límite puede deberse a problemas en el parto que provocaron daños cerebrales, a causas congénitas, a una alimentación insuficiente durante la infancia o a la falta de estimulación intelectual, entre muchas causas".

Con un buen diagnóstico y tratamiento para las personas con funcionamiento intelectual límite, aumentan las posibilidades de alcanzar un funcionamiento autónomo en la sociedad

Sofia Isus, investigadora principal del grupo COMPETECS de la Universitat de Lleida, explica que, en general, estas personas "muestran dificultades en sus funciones ejecutivas, es decir, en las habilidades necesarias para organizar, planificar y dirigir la conducta hacia unos objetivos de forma ágil y eficiente. Tienen problemas para generar conductas con una finalidad; resolver problemas de forma planificada y estratégica; prestar atención a distintos aspectos de un problema al mismo tiempo; dirigir la atención de forma flexible; inhibir tendencias espontáneas que conducen a un error; retener en la memoria de trabajo la información esencial para una acción; y captar lo esencial de una situación compleja". Según esta investigadora, afecta a entre un 3% y 5% de la población.

Funcionamiento intelectual límite: qué significa en la vida cotidiana

Este nivel de inteligencia puede generar dificultades tanto laborales como personales. "Por ejemplo, tienen una discusión de pareja y, como no pueden asimilar lo que está pasando y resolver la situación, se aíslan", señala Juan Carlos García Gutiérrez.

De la misma manera, en el trabajo les cuesta mucho encontrar soluciones creativas a situaciones nuevas. Por este motivo, a la mayoría de estas personas se les dan bien los trabajos repetitivos, en los que aprenden una manera de funcionar que tienen que aplicar siempre.

Aparte de las dificultades para resolver problemas, los afectados deben afrontar otro reto: el del estigma social. En una sociedad como la actual, en la que se cultiva el hedonismo y la perfección, estas personas suelen sentirse discriminadas. No es de extrañar, por tanto, que muchas sufran problemas de ansiedad o depresión, como una reacción a los numerosos conflictos con los que deben lidiar.

Diagnóstico precoz y tratamiento adecuado

Pero no todas las personas que tienen un CI entre 70 y 85 funcionan de la misma manera, por lo que sus dificultades no siempre son las mismas. La clave reside, según los expertos, en detectar la dificultad lo antes posible. Aproximadamente, la inteligencia se desarrolla hasta los 18 años, así que es fundamental diagnosticar este tipo de funcionamiento antes de esta edad.

"En general, los afectados, con una buena estimulación precoz, un acompañamiento en el proceso escolar y una orientación profesional adecuada, pueden funcionar con normalidad en la vida cotidiana", apunta Sofia Isus. Con un buen diagnóstico y tratamiento aumentan las posibilidades de alcanzar un funcionamiento autónomo en la sociedad.

"El CI no lo es todo", señala Juan Carlos García Gutiérrez, "hay personas con un CI elevado que son muy perezosas. En cambio, hay otras con un CI bajo que pueden compensar esa carencia con energía, motivación y ganas de luchar". Por ello, nadie está condenado a un trabajo de mala calidad.

Inteligencia y alimentación

La alimentación es fundamental para el desarrollo físico e intelectual de los niños. Según un reciente estudio de la Universidad de Bristol (Reino Unido), los pequeños de tres años que siguen una dieta con muchos alimentos procesados y grasas saturadas tienen un nivel de inteligencia a los ocho años algo menor que los menores que se han alimentado de una forma más saludable. Este trabajo, que ha seguido los hábitos alimentarios y el coeficiente de inteligencia (CI) de más de 4.000 niños durante seis años, también pone de manifiesto que los menores de ocho años que en su dieta se incluía más fruta y vegetales alcanzaron niveles más altos en los test de CI.

Este hallazgo se suma a otros que ya apuntaban que la dieta en la etapa infantil tiene un papel fundamental en el desarrollo intelectual, que cobra otra dimensión cuando se hace patente que cada vez son más los escolares con sobrepeso y obesidad.


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