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Se deben cumplir unos estrictos requisitos para obtenerlas
Más de la mitad de las viviendas españolas tienen entre 30 y 100 años de antigüedad. Esta situación caracteriza un mercado inmobiliario en el que se disparan los precios en viviendas de segunda mano y en el que decrece la oferta de vivienda nueva. Ante este panorama inmobiliario, la rehabilitación de antiguas viviendas se presenta como una de las opciones a considerar. Las diferentes administraciones prevén distintas subvenciones para este fin. Conozca los pasos que debe seguir para solicitar estas ayudas y dónde tramitarlas, no sin recordar que este tipo de subvenciones no contemplan el IVA de la obra.
El 34% de los edificios donde viven los españoles tiene más de 30 años de antigüedad y un 13% de las casas rondan los 100 años. En la mayoría de los casos el interior de las viviendas no ha sufrido ninguna mejora en cuanto a servicios o comodidades desde su construcción. Las actuales circunstancias del mercado de la vivienda han propiciado que muchas familias opten por enfrentarse a una rehabilitación, impulsados por las dificultades económicas de comprarse una vivienda nueva y debido a la limitada oferta de alquiler en gran parte de las ciudades.
Aunque una reforma del hogar implica muchas veces mejoras en el aspecto estético, la Administración sólo ofrece ayudas cuando el objetivo es "mejorar la habitabilidad de los hogares mediante la realización de obras, como una nueva distribución interior, instalación y adaptación a la normativa vigente en materia de agua, electricidad, gas, ventilación, iluminación, aireación, aislamiento térmico y acústico, servicios higiénicos e instalaciones de cocina u otros servicios de carácter general".
Los requisitos para acceder a las ayudas para la rehabilitación de viviendas están recogidos en diversos Decretos y Órdenes autonómicas y estatales. Para solicitar estas ayudas, la vivienda debe cumplir una serie de características:
Los grupos más afectados por la necesidad de reformar sus hogares son los nuevos propietarios, jóvenes que adquieren una vivienda de segunda mano con bastante antigüedad. La compra supone hasta 25% de rebaja respecto al precio de la vivienda nueva. Sin embargo, lo usual es que requiera reformas inmediatas. Otro grupo lo constituyen los propietarios que compraron su vivienda de nueva construcción en los años 60 y 70, y hoy se encuentran con que sus hogares carecen de comodidades y servicios que eran impensables hace varias décadas. Las personas con discapacidades físicas deben adaptar su vivienda a las necesidades específicas de su minusvalía, sobre todo si la vivienda a la que acceden es antigua. Mención aparte merecen los propietarios que desean rehabilitar viviendas de su propiedad con el objeto de ponerlas en alquiler.
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