Los riesgos de los suplementos alimenticios

💊 Interacción con otros fármacos
El uso de suplementos puede alterar o reducir el efecto terapéutico de algunos medicamentos. Beatriz Collado, doctora en bioquímica y biología molecular y farmacéutica comunitaria, pone un ejemplo concreto: la ashwagandha.
“La ashwagandha es un adaptógeno (ayuda al organismo a adaptarse al estrés físico, mental y emocional) muy eficaz, pero se metaboliza en el hígado. Si hay un paciente que está tomando estatinas para bajar el colesterol, el mecanismo de transformación de ese medicamento también pasa por el hígado. Si a ese órgano que está trabajando más porque el paciente toma un medicamento para salvar una situación patológica, le añades ashwagandha, puede causar problemas”.
Otro ejemplo. La hierba de San Juan (Hypericum perforatum), que se usa como antidepresivo natural, modifica el metabolismo del hígado haciendo que elimine los medicamentos mucho más rápido de lo normal, por lo que puede alterar el efecto de la píldora anticonceptiva y, si se consume junto con antidepresivos, puede provocar agitación extrema, taquicardia, alucinaciones, espasmos o fiebre alta.
💊 Retraso diagnóstico
A veces el uso de un suplemento natural puede tapar los síntomas de una enfermedad, por lo que se demora la consulta médica y la patología se puede agravar. “Si un paciente toma un complemento alimenticio que le han dicho que va a funcionar, podemos estar perdiendo la oportunidad de diagnosticar lo qué le está pasando y que deje de enfermar. Luego tendremos que tratar a una persona mucho más enferma”, apunta en este sentido el dietista-nutricionista Eduard Baladía.
💊 Efectos adversos directos
Cualquier tratamiento que tomemos, sea un medicamento o un suplemento, puede tener un efecto favorable, pero también puede producir consecuencias adversas. En muchos casos, los efectos secundarios de los suplementos suelen ser leves, como problemas gastrointestinales, náuseas o vómitos, pero, en algunas ocasiones, el daño puede ser mayor, en especial en niños y en mujeres embarazadas.
💊 Contaminación con sustancias no declaradas
Un estudio de 2017 en el que participó Eduard Baladía concluyó que entre el 12 % y el 58 % de los suplementos deportivos analizados contenían sustancias dopantes no reflejadas en el etiquetado: estimulantes, esteroides anabólicos y derivados hormonales como testosterona, androsterona o nandrolona. “Hay suplementos que contienen compuestos que no deberían llevar y eso hay que perseguirlo”, asegura Baladía.
En su página web, la agencia antidopaje americana (USADA) hace algunas recomendaciones al respecto para detectar productos sospechosos. Esta institución aconseja desconfiar y evitar productos que:
- prometan resultados “rápidos”, “milagrosos” o sean anunciados como un “nuevo descubrimiento científico”.
- se promocionen como alternativas a medicamentos recetados.
- contengan ingredientes con nombres complejos, números o terminaciones en -ol, -diol o -stene.
- afirmen ser aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA), la USADA o la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), porque estas instituciones no aprueban ningún suplemento.

¿Quién vigila lo que ingerimos?
En la Unión Europea los suplementos están regulados como complementos alimenticios. Se trata de una suerte de cajón en el que se incluyen vitaminas, minerales, productos “quemagrasas” o compuestos botánicos en cápsulas, entre otros productos. Este marco legal no garantiza su eficacia, ya que al ser considerados como alimentos no se exige una evaluación previa de su efecto para ponerse a la venta.
Por tanto, “esto hace que las pruebas sobre su eficacia y seguridad que tienen que pasar sean totalmente distintas a las de los fármacos, a pesar de que en muchas ocasiones se usan como medicamentos o como sustitutos de ellos”, explica el dietista-nutricionista.
👉 Medicamento vs. suplemento
“Un medicamento está sujeto a una regulación exhaustiva y muy rigurosa que ha pasado por la Agencia Europea del Medicamento y por la Agencia Española del Medicamento. Pasan una serie de controles que un complemento nutricional, por desgracia, nunca va a tener”, advierte Collado.
En el caso de los complementos alimenticios, un fabricante puede usar una “declaración de propiedades saludables” aprobada por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), como “el omega 3 contribuye al funcionamiento normal del corazón”, siempre que el producto contenga una cantidad mínima de ese compuesto.
“Los complementos tendrían que estar regidos por una legislación similar a la de los medicamentos, sin embargo, están sujetos a la misma legislación que los alimentos”, añade la farmacéutica Beatriz Collado. Estos fallos en la regulación hacen que en el mercado podamos encontrar complementos bien formulados y con ingredientes de calidad junto con otros productos de pésima calidad y que no cumplen lo que prometen.
En definitiva, que un suplemento se presente como “natural” no significa que sea necesario, eficaz o inocuo. Antes de recurrir a pastillas o extractos, conviene preguntarnos si realmente los necesitamos o si podemos cubrir esas carencias con una alimentación equilibrada y hábitos saludables. La mayoría de las personas sanas no requieren suplementos y, cuando sí están indicados, deben utilizarse con asesoramiento de un profesional sanitario.

Cinco suplementos bajo la lupa
El hecho de que un producto sea de origen vegetal no garantiza su seguridad. La falta de regulación estricta y las altas concentraciones de extractos pueden poner en riesgo nuestra salud:
🔸 Ashwagandha (Withania somnifera)
La ashwagandha es una planta que se usa habitualmente para tratar el estrés, la ansiedad o el insomnio, pero en la literatura médica se han descrito casos de lesión hepática con ictericia, incluyendo situaciones graves en personas con enfermedad hepática previa.
🔸 Aloe vera
Ingerida, el aloe vera se utiliza a menudo para aliviar el estreñimiento o “digestiones pesadas”, pero se han documentado episodios de hepatitis tóxica idiosincrática, una lesión hepática asociada a su consumo, que suele mejorar al suspender las tomas.
🔸 Cúrcuma y curcumina
La cúrcuma y la curcumina se usan como antiinflamatorio “natural” para dolor articular, pero también acumulan señales de posible hepatotoxicidad cuando se consumen en suplementos, especialmente en formulaciones que buscan aumentar la absorción. Por ejemplo, combinaciones con piperina/pimienta negra. El Hospital Clínic de Barcelona advierte del riesgo hepático asociado a estas combinaciones.
🔸 Extracto de té verde
Se vende sobre todo como antioxidante y “quemagrasas”. Aquí la diferencia clave es la forma de consumo: no se habla de la infusión habitual, sino de extractos concentrados en cápsulas, que han sido vinculados a casos de daño hepático. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) evaluó la seguridad de las catequinas del té verde en suplementos y alertó sobre niveles que pueden resultar preocupantes.
🔸 Arroz de levadura roja
El arroz de levadura roja se usa como “alternativa natural” para bajar el colesterol, pero su principal componente activo (monacolina K) es químicamente equivalente a una estatina, lo que explica que pueda producir efectos adversos similares (dolor muscular, miopatía y, en casos raros, problemas más graves). También puede causar daños hepáticos.

Diccionario de modas y ‘palabros’
El mundo de los suplementos está lleno de términos sin evidencia científica.
- Adaptógenos. Plantas que “ayudan a adaptarse al estrés”. El concepto no está reconocido por las agencias reguladoras, pero se usa de manera muy laxa en publicidad.
- Biodisponibilidad mejorada. Concepto real que significa un aumento en la cantidad y velocidad con la que un fármaco o nutriente se absorbe, pero usado en ocasiones para justificar sobreprecios frente a formas estándar que ya se absorben bien.
- Biohacking. Sinónimo de “cuidarse” con un envoltorio tecnológico y suplementos caros. Mucha narrativa, poca ciencia.
- Detox. No existen suplementos que desintoxiquen: esa función ya la hacen hígado y riñones.
- Hongos funcionales. Reishi, cordyceps, melena de león… Su eficacia solo está basada en estudios preliminares, sin estándares sobre las dosis y calidades del producto.
- Nootrópicos. Potenciadores de memoria y concentración. Evidencia limitada.
- Superalimento. Ningún alimento o suplemento compensa una mala alimentación.


