Suplementos de probióticos
Una recomendación tradicional para evitar el impacto del consumo de antibióticos sobre la microbiota es la suplementación con probióticos. Algunas investigaciones recientes, sin embargo, parecen sugerir que estos suplementos no muestran beneficios significativos para el microbioma intestinal tras el uso de antibióticos y que, incluso, podrían ralentizar la recuperación intestinal.
Eso, al menos, concluyeron dos investigaciones publicadas en Nature Microbiology y en Cell en las que participó Rafael Valdés, investigador principal del grupo de Microbioma y Fisiología Clínica del Cima Universidad de Navarra. “Comparamos tres escenarios: la recuperación espontánea, el trasplante de microbiota sana del mismo individuo y el uso de probióticos. Y vimos que la opción más eficaz era el trasplante de microbiota propia, seguida de la recuperación espontánea. En cambio, los probióticos retrasaban de forma notable la recuperación de la microbiota original”, explica el experto.
El trasplante de microbiota o fecal consiste en la recogida de microorganismos intestinales de una muestra fecal sana y en su preparación para implantarlos en una persona cuya microbiota ha sido alterada. “Si esa muestra procede del propio individuo antes del tratamiento antibiótico, mejor aún. Es una de las estrategias más eficaces que conocemos para acelerar la recuperación de la microbiota, por delante de la recuperación espontánea y del uso de probióticos”, argumenta Rafael Valdés.

No vale cualquier probiótico
Recientemente, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) y la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC) han publicado un documento con recomendaciones basadas en la evidencia clínica actual sobre probióticos y microbiota intestinal. Para Inés Rivera, miembro del grupo de trabajo de Digestivo de la Semergen, es un error generalizar, ya que no se puede hablar de los probióticos como un todo.
Esta guía de recomendaciones, de hecho, incide en que no todos los probióticos son iguales y que los efectos dependen de la cepa específica, la dosis y la indicación. “En la guía somos muy tajantes al respecto: la clave es la especificidad de la cepa. No vale cualquier Lactobacillus; el beneficio clínico depende del DNI completo de la bacteria. Si se usa la cepa adecuada para la diarrea asociada a antibióticos, no se entorpece, sino que se ayuda a restaurar el equilibrio y evita que proliferen patógenos resistentes”, afirma Rivera.
En ese sentido, la portavoz de Semergen apunta a que cepas concretas como Lactobacillus rhamnosus GG o Saccharomyces boulardii CNCM I-745 han demostrado en estudios reducir la incidencia y la duración de la diarrea asociada a antibióticos, especialmente si se inician de forma precoz. “No sustituyen a nuestra microbiota, pero pueden actuar como facilitadores mientras el ecosistema se recupera”, concluye.
Un menú amigo de nuestras bacterias
La dieta puede ayudar a reducir la huella de los antibióticos en la microbiota intestinal. La doctora Ascensión Marcos, referente de la Sociedad Española de Nutrición (SEN), nos ofrece una hoja de ruta nutricional para recuperar la microbiota tras un tratamiento con antibióticos. Antes de entrar en detalle, la experta advierte de que el éxito de esta dieta reside en ingerir poca cantidad de proteínas durante el tratamiento y los siete días siguientes, ya que un exceso de este nutriente, sobre todo de origen animal, puede dificultar la recuperación de la microbiota.
- Desayuno. Un vaso de leche, un plátano, pan integral —una ración del tamaño de la palma de la mano— y un yogur.
- Comida. Una crema de calabaza con zanahoria, brócoli con guisantes y trocitos de jamón. De postre, tres kiwis.
- Para picar. Fruta, yogur o frutos secos.
- Cena. Una ensalada con tomate, aguacate, cebolla y un puñado de frutos secos, una manzana o una pera y un yogur.


