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Adolescentes y alimentos XXL

La sensibilidad adolescente a los estímulos externos les hace más vulnerables a las grandes porciones y a tamaños gigantes de comidas y bebidas

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 13 diciembre de 2011

Un estudio publicado en la ‘American Journal of Clinical Nutrition’ revela por qué los adolescentes eligen las grandes porciones, las tallas XXL y los tamaños gigantes de bebidas y comida, casi siempre muy calóricas y con porcentajes excesivos de grasas y azúcares. En la adolescencia, se conforman y asientan los buenos y los malos hábitos y el riesgo de padecer obesidad en el futuro es alto. La moda de la comida rápida en tamaño XXL ha pasado, pero todavía prevalece en muchas manifestaciones.

Imagen: Rob Owen-Wahl
Aún son necesarias las medidas tomadas para paliar la tendencia de agrandar las raciones de comida rápida, bebidas gaseosas y dulces. Es el caso del Código PAOS, que regula la publicidad que promueve estilos poco saludables, como beber y comer de manera excesiva y la oferta de productos con demasiadas grasas y azúcares. Nadie discute ya la relación directa de esta ingesta con el aumento de los casos de obesidad y los hábitos de vida poco saludables y sedentarios. Los investigadores tratan de descubrir por qué sucede.

Los niños se conforman con la porción servida si se les enseña

Si a los niños se les ofrecen cantidades inagotables de alimentos, comen más

Los autores del informe analizaron los consumos de dos franjas de edad, la infancia y la adolescencia, y la reacción de estos grupos ante la comida. Mientras algunos investigadores sostienen que los niños están predispuestos a comer en exceso, el estudio demostró de manera cuantitativa que los más pequeños no buscan los grandes tamaños y se conforman con la porción que les corresponde.

Pero también descubrió que esta costumbre innata se desaprende de manera rápida e inconsciente si se les ofrecen cantidades inagotables. Igual que percibieron que los niños no buscaban más alimento, los científicos comprobaron que si se les propone demasiada comida, comen mucho más de lo que quieren desde el apetito y la apetencia. Este comportamiento es todavía más evidente en la adolescencia. Puede heredarse de la infancia o desarrollarse en los años del cambio. La acción de no medir la cantidad y desaprovechar la disposición a conformarse con lo justo puede derivar en el aprendizaje de malos hábitos.

Los adolescentes, subyugados por el tamaño

El adolescente se acostumbra a porciones enormes de alimentos sin percibir que ni necesita esa ingesta ni la disfruta

El tamaño de los alimentos y las bebidas importa, y mucho, a los adolescentes. Y no solo es consecuencia de la traducción a lo grande de su escaso dinero, también se debe, y así lo demuestra el informe, a que los mercados boyantes de la última década han aumentado la escala de los alimentos: sus envases, sus dibujos y sus cantidades. En este contexto, con productos más grandes a igual precio, se ha gestado un fenómeno que, sin duda, ocasiona obesidad: el aumento del consumo es paralelo a las raciones más grandes.

El adolescente escoge y se acostumbra a porciones enormes de algunos alimentos calóricos y pobres en nutrientes, sin percibir que ni necesita esa ingesta ni la disfruta. Sin embargo, se la ofrecen a él y a su pandilla. Y es difícil ser diferente cuando uno trata de saber quién es. La publicidad televisiva les influye. Los anuncios dirigidos al público infantil y adolescente fomentan el consumo de productos que propician la obesidad, con demasiados azúcares y grasas, tal y como constató el equipo de nutricionistas de Eroski Consumer en una investigación.

Alimentos de tamaño gigante comunes entre la comida de los jóvenes:

  • Panes de molde. Hay rebanadas de gran tamaño, de modo que el contenido del sándwich, ya sea queso, jamón, embutido o chocolate, será proporcional a la cantidad de pan.
  • Panes para hamburguesa. Igual que en el caso anterior, a mayor continente, mayor contenido. En una misma comida se multiplican las grasas, las proteínas, la sal, el colesterol y las calorías.
  • Yogures. Los hay incluso de medio litro. Para muchos adolescentes y niños menores, una vez abierto el yogur, es difícil resistirse a dejar algo en el envase. Es probable que coman más de la cuenta "en una sentada" o en un tiempo en el que, de otra manera, no se haría.
  • Bolsas de aperitivos salados, tipo patatas fritas y similares. Por poco más dinero, se puede comprar una bolsa de patatas de mayor tamaño, una invitación (o una tentación) a comer hasta agotar el alimento. Al final, el consumo energético, de grasas y de sal es desproporcionado a las necesidades individuales y, por tanto, nocivo para la salud.
  • Zumos de fruta, bebidas refrescantes y azucaradas. Hace unos años, estas bebidas se vendían en envases de 250 ml (un cuarto de litro), mientras que ahora el tamaño común que se entiende como normal es el de 330 ml; 100 ml más que redundan en un sobre extra de azúcar y 40 Kilocalorías. Sumado a otros "pequeños excesos", el equilibrio dietético diario se estropea.
  • Raciones de palomitas en los cines. El envase que hace una década correspondía al grande, a día de hoy, es el mediano. Si en un principio las palomitas eran un aperitivo, ahora, por el tamaño que representan, se deberían contemplar como una comida (poco equilibrada en calidad, pero suficiente en cantidad), que se compensaría con una ensalada, una crema de verduras o una sopa vegetal.
Los autores del informe alertan de que el aumento del tamaño de las porciones significa un incremento de la ingesta de sal y de grasas, sin alterar las pautas de dietas. Esto significa que se comen patatas y hamburguesa con independencia de si suponen un 30% o un 60% de las cantidades diarias recomendadas. Sin ser conscientes, a lo largo del día y sin alterar las costumbres de horas, e incluso de alimentos, se multiplica la ingesta de calorías y el cuerpo se acostumbra a esas nuevas medidas, aunque para ello también deba cambiar de tamaño y ganar muchas tallas.

2.200 KILOCALORÍAS DIARIAS Y UNA HORA DE EJERCICIO

El aporte diario de una dieta equilibrada se estima en unas 2.200 Kilocalorías. La mitad (1.000-1.100 Kilocalorías) deben provenir de carbohidratos (250-275 gramos de carbohidratos, dado que un gramo de este nutriente aporta cuatro Kilocalorías). De estos, se aconseja que los azúcares no superen el 15-18%, es decir, entre 330-400 calorías, que se traduce en 80-100 gramos de azúcares al día (más o menos según el grado de actividad). Si se bebe en un día un refresco (330 ml, 30 g de azúcar) y un puñado de chucherías (50 g, 50 g de azúcar), ya se ha tomado el azúcar simple recomendado para todo el día. El aporte calórico de las grasas debería rondar las 600-770 calorías, lo que significa una ingesta de entre 66 y 85 gramos de grasa diarios (un gramo de grasa aporta 9 calorías).

Una ración mediana de patatas contribuye a la dieta con 330 calorías y 20 g de grasa (una grande, con 430 calorías y 25 gramos). Una hamburguesa grande reporta 500 calorías y 25 gramos de grasa, pero una extra grande puede llegar a las 900 calorías y los 55 gramos. En definitiva, las cantidades de los alimentos importan.

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