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Agua de consumo doméstico

Es limpia y segura para el consumidor, pero no da la máxima calidad como alimento

Agua limpia y segura

El agua es uno de los elementos fundamentales para que haya vida. Nosotros mismos estamos formados en gran parte por este líquido. Lejos quedan los tiempos en los que se podía beber sin problemas directamente de los ríos y embalses. Desde que vivimos en un mundo industrializado hay que utilizar diversos métodos químicos para que el agua sea potable y pueda parecerse lo más posible a su definición: incolora, inodora e insípida.

El agua en nuestro país tiene mayor calidad natural allí donde más abunda, que es en el norte, mientras que en el sur la calidad es inferior, según José Manuel Naredo, experto en economía de los recursos naturales y Premio Nacional de Medio Ambiente en el año 2000.

En España, el Estado regula mediante normativas la calidad del agua de consumo humano, y las comunidades autónomas -al estar la Sanidad transferida- se encargan de que las distintas “empresas de potabilización” -públicas en su mayoría y formadas por municipios o mancomunidades de municipios, aunque cada vez hay más privadas y mixtas- cumplan estas normas.

En fechas recientes se ha aprobado un Real Decreto -140/2003 de 7 de febrero- en España que regula los criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano. Aparecen conceptos nuevos que hay que controlar como, por ejemplo, la cantidad de Trihalometanos (THM), que son las sustancias que se forman cuando entran en contacto el cloro y la materia orgánica del agua de los ríos y embalses; o la radioactividad.

Antes de la aprobación del Real Decreto, pero teniendo en cuenta los máximos de cada sustancia que se especificaban en éste, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) realizó un estudio en el que se comprobó que el agua del grifo no entrañaba riesgos para la salud a corto plazo, pero se constató que una tercera parte de las muestras analizadas contenía sustancias contaminantes.

“No hay que ser alarmistas, la potabilización funciona razonablemente bien”, explica Antonio Estevan, consultor ambiental y miembro de la Fundación Nueva Cultura del Agua. “En la mayor parte del país -continua- el agua se puede beber perfectamente, en otros casos es potable, pero tiene mal sabor por el exceso de cloro, y eso ya es una elección personal del consumidor”.

José María Gascó, catedrático de la Escuela de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid, señala que la seguridad en el agua es de carácter biológico: “Se somete a 14 ó 15 tratamientos para asegurar la calidad del agua. A corto plazo, el agua que se consume en las ciudades es segura, en el sentido de que nadie que beba un vaso va a sufrir una diarrea”.

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