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Consultorio nutricional: pollo con hormonas y falta de vitamina D

¿La carne de pollo tiene hormonas y antibióticos? ¿Por qué tengo déficit de vitamina D? ¿El azúcar provoca hiperactividad? La nutricionista Beatriz Robles responde a estas y otras dudas

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 21 noviembre de 2019
Imagen: Alexas_Fotos

¿La carne de pollo tiene hormonas y antibióticos?

A pesar de que el 86 % de los consumidores
europeos está preocupado por el uso de sustancias químicas en la producción alimentaria, según datos del Eurobarómetro
de 2019, la presencia de medicamentos
en la carne en general, y en la de
pollo en particular, no es un problema
real. En la Unión Europea, la Directiva 96/22 prohíbe el empleo de hormonas
para estimular el crecimiento en animales
que van destinados a consumo humano.
Solo pueden usarse con un objetivo
terapéutico (curar enfermedades) o zootécnico
(para mejorar el bienestar animal)
y bajo control veterinario.

Por otra parte,
a partir de la aplicación del Reglamento 1831/2003, los antibióticos también
están prohibidos como estrategia para
incrementar el rendimiento.
Cuando se usan medicamentos veterinarios,
se establecen tiempos de espera
que garantizan que los residuos en los
alimentos estén por debajo del límite
considerado seguro (LMR), por lo que el
empleo inadecuado de antibióticos es un
problema, pero no porque estén presentes
en los alimentos, sino, como sucede
en humanos cuando se hace un mal uso,
por la posible aparición de resistencias
bacterianas. Por eso, recientemente, el Reglamento 2019/6 ha ampliado las
restricciones y no pueden suministrarse
de forma preventiva salvo limitadas
excepciones. Y esta legislación se cumple:
el informe de la Autoridad Europea de
Seguridad Alimentaria (EFSA) de 2017
sobre residuos veterinarios recoge que el 99,65 % de las muestras son conformes.

¿Qué implica ‘sin lactosa’?

La lactosa es un azúcar naturalmente
presente en la leche en una cantidad
aproximada de 4,7 g/100 ml. Está compuesta
por dos moléculas: glucosa y galactosa,
unidas por un enlace. La Organización
Mundial de la Salud (OMS) la
considera un azúcar intrínseco (es decir,
el que aparece de forma natural en frutas
y verduras enteras frescas y en la leche),
por lo que no forma parte de aquellos
que se deben restringir en la dieta.

Para digerir la lactosa, nuestro intestino
emplea lactasa, que rompe la unión
glucosa-galactosa. Los intolerantes a la
lactosa no generan suficiente lactasa,
por lo que la molécula llega intacta al
intestino grueso, donde fermenta por la
acción de las bacterias, produciendo los
síntomas característicos (diarrea, gases,
malestar). Para fabricar leche “sin lactosa”
no se elimina este azúcar, sino que
se predigiere añadiendo lactasa: de esta
forma, la leche tendrá glucosa y galactosa
donde antes había lactosa. La cantidad
de azúcares será la misma (aunque
el sabor es un poco más dulce porque la
lactosa tiene menos poder edulcorante).
La leche “sin lactosa” no supone ningún
beneficio para las personas que no
sufren intolerancia, pero su precio es
considerablemente superior.

Fructosa, azúcar e hiperactividad

La fructosa es un azúcar simple que la
mayoría de las células no puede utilizar
como energía y se transforma en grasa
en el hígado. El consumo elevado de
esta sustancia como azúcar añadido se
relaciona con problemas metabólicos y
cardiovasculares. En la fruta entera, ese azúcar es intrínseco, por lo que estos efectos adversos no se observan. En el
caso de la fruta “no entera” (zumos, por
ejemplo) esa fructosa ya se comporta
como un azúcar libre y sí se relaciona
con efectos adversos.


Imagen: Getty Images

¿El azúcar causa hiperactividad? No hay relación alguna
entre el consumo de azúcar
y modificaciones en el
comportamiento de los niños.
La creencia se remonta a
los años setenta, cuando el
doctor Benjamin Feingold
sugirió que eliminar el azúcar
podría mejorar los síntomas de
hiperactividad, pero es un mito
desmentido posteriormente
en numerosos estudios.

¿Por qué tengo déficit de vitamina D?

Para saber si una persona tiene déficit de
vitamina D, se mide la concentración en
sangre de 25-hidroxivitamina D. Sin embargo,
no existe consenso al establecer qué
valores indican deficiencia: la Academia
Nacional de Medicina de EE.UU. establece
la normalidad en valores inferiores a
20 ng/ml (nanogramos/mililitro); la Sociedad
Española de Investigación Ósea lo
aumenta a 30 ng/ml; y la Sociedad Española
de Endocrinología y Nutrición recomienda
concentraciones de entre 30 y 50 ng/ml. Si se toma como referencia el valor de 20
ng/ml, el 37 % de la población tendría déficit,
pero este porcentaje aumentaría hasta
el 88 % si se emplea el de 30 ng/ml.

La mayor parte de este micronutriente
esencial para la salud de los huesos (ayuda
en la absorción del calcio) se obtiene por
síntesis cutánea (es decir, a través de la piel)
a partir de la exposición solar. En España
está limitada por la situación geográfica en
invierno y primavera, y por el calor excesivo
durante el verano. El aporte dietético a
partir de alimentos como el pescado azul o
los lácteos sirve como complemento, pero,
según el estudio ANIBES (2015), la ingesta
no cubre las recomendaciones diarias de
la EFSA (15 microgramos). No obstante, los
suplementos de vitamina D no tienen efectos
positivos sobre la salud ósea y no se
recomienda su uso a la población general.

Cuidado con los complementos y suplementos alimenticios

Los complementos alimenticios son
productos en los que distintos nutrientes
se presentan en forma concentrada y
con los que se busca completar la dieta.
Sin embargo, a pesar de que algunos
se atribuyen propiedades saludables, no están sometidos a controles que garanticen su eficacia y seguridad,
como sí ocurre con los medicamentos.
El mercado se rige por el autocontrol,
es decir, la propia empresa es la que
garantiza la seguridad del compuesto, y
la administración realiza inspecciones y
sanciona cuando hay incumplimientos.

De hecho, la Agencia Española de
Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN)
recoge en su red de alerta alimentaria las
retiradas de complementos alimenticios
debidas a la contaminación y recomienda
que no se adquieran en canales de
distribución no controlados (sobre todo,
a través de Internet). AESAN recuerda
que no deben utilizarse como sustitutos
de una dieta equilibrada y que pueden
presentar riesgos, por lo que siempre se
debe consultar al médico de
su consumo.

Etiquetas:

mitos

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