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La patata, más que un alimento

Se intenta mejorar su calidad nutricional a través de proteínas más completas o de un mayor contenido de vitamina A

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 14 enero de 2010
Img patatas Imagen: sanja gjenero

Las patatas se reconocen como alimento para el ser humano desde tiempos inmemoriales, cuando estos tubérculos suponían el sustento de la dieta básica diaria. Se describen como nutritivos por su contribución de hidratos de carbono (almidón), potasio, magnesio, vitamina A y compuestos antioxidantes, entre otros componentes. Pero sólo una de cada cuatro patatas cultivadas en Europa se usa como alimento directo para las personas. Casi la mitad de la producción se destina a la nutrición animal y la cuarta parte restante, a subproductos con fines tecnológicos para distintas industrias, como el alcohol y el almidón.

Almidón como materia prima

Europa es un importante productor de almidón de patata. La industria alimentaria utiliza esta materia prima como aditivo espesante en pasteles, golosinas, sopas o masas. Está formado por dos componentes: amilosa y amilopectina. La mayor concentración de uno u otro explica las diferentes propiedades funcionales y bromatológicas. En la patata, el almidón es abundante, sobre todo, en amilopectina, un aspecto que sumado a su escaso contenido de grasa y proteínas otorga unas propiedades espesantes excelentes.

El escaso contenido en amilosa (la media es del 20%) limita su uso en muchas aplicaciones industriales. Fernando Alonso Arce, experto del Centro de Control de la Patata de Siembra de Castilla y León (Burgos), explica que la separación de los dos componentes "no es rentable desde el punto de vista económico y, por eso, la mayoría del almidón industrial se modifica químicamente en una primera fase, antes de su uso". Este tratamiento utiliza energía y agua, que aumenta los costes económicos y medioambientales del almidón.

Por este motivo, se trabaja en el diseño de patatas modificadas genéticamente que contengan un almidón más resistente. Esto permite una mejor y mayor utilización en diversidad de industrias distintas a la alimentaria (farmacéutica, textil, maderera y del papel) y para fines como la transformación en adhesivos, embalajes, aglutinantes, lubricantes y rellenos e, incluso, como sustituto del plástico poliestireno para la fabricación de platos, bolsas y cubiertos desechables.

Modificación genética

Algunas características nutricionales de la patata pueden manipularse a través del cruzamiento tradicional y la ingeniería

En el pasado, la mejora genética a través de cruces entre variedades de patatas se enfocó al incremento del rendimiento de la producción, lo cual se tradujo en más toneladas por hectárea sembrada y en el desarrollo de variedades resistentes a plagas y a enfermedades (escarabajo de la patata, nematodo, mildiu...). En la actualidad, a estas mejoras genéticas se une la mejora de la calidad nutricional de las patatas.

Se ha comprobado que algunas características nutricionales pueden manipularse a través del cruzamiento tradicional y la ingeniería, aunque su éxito dependerá de la legalización de estas prácticas de producción, todavía en estudio por parte de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), y en especial de la aceptación de los consumidores.

Los programas de investigación se centran en estudiar la mejora de la calidad de la proteína mediante el aumento de aminoácidos esenciales, ya que la patata tiene una proteína de baja calidad en comparación con otros vegetales, como leguminosas y cereales; el incremento de la concentración de vitamina A en todas las variedades, puesto que sólo es abundante en las de color de carne amarillenta o rojiza; y el aumento de los niveles de polifenoles y otros antioxidantes. Investigadores del Scottish Crop Research Institute del Reino Unido han desarrollado para su estudio una variedad de patata transgénica cuyos tubérculos son ricos en isoprenoides, un tipo de carotenoides con actividad precursora de la vitamina A.

Patata con menor índice glicémico

También se trabaja en modificar la composición química para que resulte menos grasa cuando se fríe o para reducir su índice glicémico de manera que el consumo sea más saludable. Este índice es una clasificación de los carbohidratos de los alimentos basado en su efecto inmediato sobre la glucosa en la sangre (glucemia). La patata se ha clasificado entre los alimentos con alto índice glicémico. Es un tubérculo de consumo universal que aporta gran parte de las calorías y de los carbohidratos de la dieta de millones de personas.

Los estudios sugieren que el mayor consumo de alimentos de alto índice glicémico (IG) contribuye al desarrollo de resistencia a la insulina, diabetes tipo II y obesidad. No obstante, el impacto del consumo de patata sobre la glicemia tiene sus limitaciones ya que depende de múltiples variables tanto endógenas (del organismo del propio individuo) como exógenas (consumo aislado o combinado con otros alimentos, tipo y tiempo de cocción de la patata, tiempo de almacenamiento, contenido en azúcares y en almidón). Otras líneas de investigación se centran en eliminar los alcaloides, compuestos indeseables que produce el tubérculo de la patata de manera natural.

UNA PARA CADA USO

ImgImagen: barbara bar

La textura de los alimentos juega un papel clave en su aceptación y gusto para el paladar. En el caso de las patatas, el almidón es el factor más importante en este sentido. Determina cómo se comportan las distintas variedades en la cocina. Una patata con alto contenido en almidón se caracteriza por una textura seca y harinosa que favorece que se desintegre durante la cocción.

Esto explica que se sugieran distintos tipos de patata según el uso culinario. Si se van a hervir o cocer, conviene elegir patatas tempranas, de carne compacta y harinosa, como la Jaerla, ya que mantienen su forma tras la cocción. Para asar y guisar, las idóneas son las de carne tierna que absorben mejor los sabores, como la Kennebec. Para elaborar purés, es preferible optar por la Monalisa, de carne tierna y harinosa. Para freír, se recomiendan variedades tardías, como la Bintje, que maduran durante más tiempo y contienen menos agua.

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