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Prevenir el cáncer de piel

Una alimentación rica en vitaminas, antioxidantes y suficientes líquidos es esencial para el buen cuidado de la piel

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 8 junio de 2006

Alimentos para cuidar la piel

Una exposición solar incontrolada no es el único factor que perjudica
la piel, sino que también lo son el tabaco, la contaminación ambiental,
el sedentarismo y una alimentación inadecuada. Por el contrario, una
dieta equilibrada es una gran aliada para la piel. Es preciso
seguir una dieta variada en la que se incluya una cantidad adecuada
de líquidos, vitaminas como la A, C y E, y minerales como el selenio,
el cinc o el hierro. Estas sustancias con acción antioxidante, bloquean
el efecto dañino de los radicales libres, moléculas que provocan
efectos negativos para la salud. Y algunas de ellas, como la vitamina A y la C, son nutrientes de la piel, por lo que mejoran su estado y su aspecto.

Los antioxidantes se encuentran principalmente en alimentos vegetales, como
las frutas, las legumbres, las verduras y hortalizas, los frutos secos y los cereales integrales.
Además, los ácidos grasos insaturados como el ácido oleico, presente en el aceite
de oliva y el aguacate, o el linoleico y linolénico, abundantes en los aceites de semillas
-girasol, maíz, soja…-, los frutos secos oleaginosos -nueces, almendras, avellanas,
pistachos, etc.- y el pescado azul, también son imprescindibles para mantener una
piel bien estructurada. Además de nutrida, la piel ha de estar hidratada, para lo cual es la solución es beber suficientes líquidos, tanto zumos naturales como batidos, cremas o infusiones frías… Y no hay que olvidar que el líquido que mejor hidrata el organismo es el agua.

Llevando a cabo una dieta que asegure el aporte correcto de todos los nutrientes
básicos para la piel y tomando las precauciones necesarias, la piel podrá
mantenerse en perfecto estado de salud.

La detección precoz del melanoma: fundamental para su
curación

Una exposición solar controlada tiene un efecto beneficioso para el
organismo ya que, además de incidir sobre el estado de ánimo,
es indispensable para realizar algunas funciones corporales, como la síntesis
de la vitamina D. Sin embargo, la excesiva y descuidada exposición a los rayos solares provoca
un envejecimiento precoz de la piel y puede ocasionar daños muy graves.

Un melanoma es un determinado cáncer de piel, concretamente un tumor muy agresivo
y con una gran facilidad para producir metástasis

a lo largo del cuerpo
y reproducirse. Afortunadamente, presenta una gran ventaja respecto a otros
tipos de cáncer: su aparición es externa. Se manifiesta desde
el primer momento en forma de manchas o lunares con un aspecto asimétrico
y un tamaño superior a un centímetro que tiende a aumentar. Si
se detecta en sus primeras fases, este cáncer tiene curación en el 90 por ciento
de los casos, por lo que una detección precoz resulta fundamental.

Realizar con frecuencia una autoexploración es una excelente medida
preventiva. Para ello conviene desnudarse frente a un espejo y observar todas
las partes del cuerpo incluso aquellas que no se exponen a la luz solar. Primeramente
se realiza una exploración de la parte delantera y después con
la ayuda de un espejo de mano, se inspecciona la parte posterior. Por último,
se observan las partes laterales del cuerpo así como las partes internas
de piernas y brazos, las plantas de los pies y el cuero cabelludo.

Mejorar las conductas inadecuadas

Se acerca el verano y con él unos intensos y peligrosos rayos de sol.
Esto hace que muchas personas se expongan de forma prolongada a la acción
de estos rayos solares. Es cierto que cada vez son mejores los conocimientos
que adquiere la población respecto a los peligros que conlleva una exposición
solar inadecuada. Sin embargo, se siguen observando conductas inadecuadas en el día a día y por esta razón en los últimos
años la incidencia del melanoma ha ido en aumento.

Dos claves fundamentales son: proteger la piel de los rayos nocivos de sol
y realizar revisiones periódicas para detectar posibles lesiones. Especial
cuidado merecen las personas con antecedentes familiares, melanomas anteriores,
un sistema inmunitario debilitado, quemaduras solares importantes, una piel
muy clara o una excesiva presencia de lunares. Todos ellos presentan mayor riesgo
que el resto de la población de sufrir este problema.

Es necesario tomar las siguientes precauciones:

– Explorar con frecuencia los lunares.
– No abusar del tiempo de exposición al sol en las primeras sesiones
del verano ni en las horas del mediodía.
– Usar una buena crema protectora de alta graduación, adecuada a cada tipo de piel.
– Tener siempre al alcance prendas de ropa con las que poder cubrirse en un
momento determinado.
– Emplear la sombrilla cuando se acude a la playa -especialmente los niños- o cobijarse bajo la sombra de un árbol en el campo o
en la piscina.

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