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¿Qué significa realmente ‘consumo ocasional’?

"Consumo ocasional", "comer de forma moderada"... ¿Qué significan estas expresiones? Consultamos a varios expertos para conocer con mayor certeza las cantidades y la frecuencia

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: lunes 2 diciembre de 2019
Imagen: Pexels

En la cúspide de la mayoría de las pirámides
alimentarias aparece un grupo de alimentos
bajo el título de “consumo ocasional”. Sabemos
que son productos que deben tomarse
con poca frecuencia, pero ¿con cuánta, exactamente?
¿Una vez a la semana? ¿Al mes? ¿Cuántas veces es
posible comer patatas fritas para que los expertos lo consideren
un consumo ocasional?

Javier Aranceta, presidente del
comité científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC),
el organismo responsable de edificar la Pirámide
de la Alimentación Saludable, lo tiene claro: tres veces, como
máximo, al mes. Según él, si fueran cuatro se trataría ya de un
consumo semanal. “Y siempre de forma moderada”, añade
este profesor de Nutrición Comunitaria de la Universidad
de Navarra, sin querer precisar un número determinado de
gramos, ya que ese dato concreto –argumenta– solo lo puede
proporcionar un profesional de la salud en función de la edad
o estilo de vida de la persona en cuestión. Pero Aranceta todavía
apunta algo más: no hay ninguna necesidad de consumir
los productos que se observan en la cúspide de la pirámide
alimentaria para estar bien alimentado. “Por eso se especifica
que su consumo es opcional”, concluye.

Qué tienen en común estos alimentos


Imagen: Getty Images

Pero ¿en virtud de qué criterios recomiendan los expertos
el consumo ocasional? Según Iva Marques y Susana Menal,
nutricionistas, tecnólogas de los alimentos y profesoras de
la Facultad de Ciencias de la Salud y el Deporte de la Universidad de Zaragoza, la evidencia científica señala que un
exceso de grasas saturadas, grasas trans, azúcares añadidos
o sal aleja a la población de seguir una dieta sana óptima y
aumenta el riesgo de ciertas enfermedades (como diabetes
tipo 2, hipertensión, patologías cardiovasculares…). Ambas
investigadoras son autoras de un estudio de alto impacto
publicado este mismo año en la revista Nutrients sobre el
consumo ocasional. “La ocasionalidad hace referencia a alimentos
que contienen algún tipo de nutriente que, si se consumen
por encima de unos límites, pueden ser perjudiciales
para la salud“, explica Susana Menal.

“Estos puntos de corte los fijan entidades supranacionales
como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Autoridad
Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) a partir de estudios
de cohortes (investigaciones observacionales), ensayos de
intervención y metaanálisis”, añade Iva Marques. Por ejemplo,
hay evidencia de que ingerir al día más de un 8-10 % de grasa
saturada o un 2 % de grasa trans con respecto al total de calorías
aumenta la posibilidad de desarrollar una enfermedad cardiaca.
Otro tanto cabe decir de consumir más de 25 gramos de azúcar
al día o de superar los 5 gramos de sal (contando la añadida y
la de los productos procesados). Cuando existe constancia del
peligro de tomar en exceso un determinado nutriente, hay
grupos de expertos que asesoran a los gobiernos para que cumplan
con el objetivo de salvaguardar la salud pública.

Estos criterios determinan qué alimentos se consideran de consumo ocasional. Por ejemplo:

  • Derivados cárnicos y quesos grasos: como el chorizo,
    la morcilla, la mortadela, el fuet o el salchichón.
  • Grasas animales: mantequilla, manteca de cerdo…
  • Productos de repostería: ensaimadas, cruasanes,
    galletas digestivas, magdalenas…
  • Postres lácteos a los que se añade azúcar: flan de
    huevo, arroz con leche, natillas…
  • Snacks y bollería industrial: patatas fritas, palomitas,
    chocolatinas, palmeras…
  • Algunos alimentos preparados: salchichas de
    Frankfurt, croquetas de pollo, pizza, pescado empanado,
    lasaña de carne…

¿Y las bebidas?


Imagen: amiera06

Una pregunta relacionada con los productos ocasionales
es por qué la pirámide española sitúa
al lado de la cúspide, aunque fuera de su perímetro,
una copa de vino y una jarra de cerveza.
¿Cuál es la razón de este matiz? Según Aranceta,
el motivo es que las bebidas alcohólicas, además
de ser líquidos, no se consideran un alimento.
Sus colegas Marques y Menal manifiestan que su
inclusión, aunque sea al lado de la pirámide, es
un tema polémico por los perjuicios que ocasiona consumir alcohol. Además, las bebidas alcohólicas
no pueden ser consumidas por todas
las franjas de población. “Aunque hay que hacer
todo lo posible para que no sea así, un bollo puede
ser ingerido por un niño de cuatro años y por un
adulto de 80, pero una bebida alcohólica, no”,
revelan ambas expertas a una sola voz.

Consejos del consumo moderado

Con todo, tanto Marques como Menal advierten
de que en ningún caso se trata de justificar el consumo
de productos ocasionales, sino de regular
una evidencia: la mayor parte de la población no come únicamente productos 100 % saludables, sino también embutidos, bollos, mermeladas,
palomitas de maíz… Aunque estos alimentos no
resultan saludables, es posible regular su consumo
para atender ciertas preferencias individuales
(o patrones culturales) y que puedan integrarse de
algún modo en la dieta. Ese es, precisamente, el
objetivo del estudio que han publicado estas dos
expertas en planificación dietética. Eso sí, para que su consumo sea
sostenible en términos de salud, el día que se elige
un capricho ocasional conviene hacer bien todo
lo demás. Es decir, seguir las pautas de una alimentación
saludable: comer, al menos 700 g al
día (cinco porciones) de frutas y verduras, priorizar
los cereales integrales y las carnes sin grasa,
practicar actividad física…

Otro consejo interesante es alternar la ocasionalidad.
Así, si se toma un trozo de tarta de
manzana, por ejemplo, ese día no hay que comer
más productos ricos en azúcar añadido como cruasán,
ensaimadas… Y todavía algo más: si un día se
come un bocadillo de fuet, por poner un caso, hay
que hacer uso durante el resto de la jornada de grasas
saludables como el aceite de oliva, así como escoger
carnes magras (pollo, pescado, pavo…). Es decir,
del mismo modo que existen evidencias científicas
de que el consumo frecuente de ciertos alimentos
(cereales refinados, bollería, refrescos azucarados…)
incrementa el riesgo de acabar desarrollando una
enfermedad, también las hay de que el consumo habitual
de los alimentos que conforman la base de la
pirámide (fruta, hortalizas, legumbres…) reduce la
sintomatología de esas mismas enfermedades.

En resumen, la recomendación más adecuada
en relación a los productos ocasionales es evitar
su consumo y, en caso de tomarlos, hacerlo en
cantidades muy pequeñas y muy “de vez en cuando”
para atenuar los perjuicios sobre la salud que
la evidencia científica les imputa.

Diciembre 2019 Imagen: CONSUMER EROSKI

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Etiquetas:

dieta sana

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