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Vino, ¿alcohol saludable?

El consumo de vino ha generado un intenso debate que se centra más en limitar excesos entre los jóvenes que en sus demostrados beneficios en la salud en cantidades moderadas

El debate relacionado con la idoneidad del consumo de bebidas alcohólicas fermentadas y, más concretamente, del vino, ha motivado que el Ministerio de Sanidad y Consumo plantee una nueva ley destinada a impedir la publicidad de cualquier producto alcohólico, incluyendo los destilados y el vino, en horarios, programas o espacios destinados al público juvenil, y a prohibir su consumo en menores de edad. Esta propuesta ha desatado una gran polémica, especialmente entre los productores de vino, que está relacionada sobre todo con las características propias del producto y con la calificación del vino como un alimento más dentro de la dieta saludable. Estas posturas obligan a considerar las implicaciones en la salud del alcohol en general y del vino en particular para determinar si realmente puede llevar la etiqueta de producto saludable y a quién puede ir destinado.

El vino es uno de los alimentos que más se ha relacionado con la imagen de calidad. Se trata de un producto 100% vegetal que se obtiene directamente de un zumo de uva y que se fermenta para, después de varios procesos, conseguir un producto madurado con unas características organolépticas diferenciadas. La elaboración de vino es realmente antigua y está íntimamente relacionada con el área mediterránea, ligada a extensas áreas productivas, especialmente de las regiones del sur de Europa, aunque en los últimos años se ha apreciado un auge productor en otras zonas del mundo como América, Australia e incluso China. Cada una de esas regiones, antiguas o nuevas, pugna por un producto con características diferenciadas.

Por este motivo, cada área geográfica utiliza uvas de diferentes variedades, con lo que consiguen estandarizar sus procesos, de manera que se obtiene un producto único en cuanto a características organolépticas se refiere. Todo ello ha llevado a la creación de las áreas geográficas de calidad controlada. En España esto ha supuesto la aparición de productos que, si bien eran conocidos desde hace tiempo, han conseguido diferenciarse y ser muy apreciados. El vino, independientemente del país o de la región en la que se produce, posee una característica común: tiene una cierta cantidad de alcohol, normalmente superior al 11%. Esta particularidad es la que hay que valorar en su justa medida para poder entender y centrar los problemas de adicción y adecuación nutricional.

La paradoja francesa

Distintos estudios relacionan el consumo de vino tinto con acciones cardiosaludables beneficiosas El estudio Mónica, realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha evidenciado que las tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares en Francia son mucho menores que en otros países industrializados, como EEUU y el Reino Unido, pese a que el consumo de grasas saturadas y los niveles de colesterol plasmático eran similares en estas poblaciones. La explicación de la paradoja francesa se buscó en la dieta de los franceses, en parte de tipo mediterránea, con consumo de ciertas variedades de frutas y verduras, además de ser el país con una de las ingestas más importantes de vino de los países desarrollados. Esta característica diferencial de la dieta francesa hizo considerar que quizás el alcohol cumplía una función particular que tuviera un efecto preventivo respecto a las enfermedades cardio-vasculares.

Estudios ulteriores comprobaron que, en realidad, los efectos positivos no podían relacionarse con el consumo de alcohol en sí, sino con el del vino y, más específicamente, con el vino tinto. Este alimento contiene ciertas sustancias con capacidad antioxidante, presentes también en otros productos de la naturaleza (frutas, verduras), aunque en el vino la concentración es más efectiva en su acción cardiosaludable. El vino, sin embargo, no es en sí un producto con el que se consigue esa acción (por la fermentación o los procesos a los que se somete), sino que son las variedades maduradas del vino tinto las que habría que considerar como realmente interesantes.

Vino, ¿sí o no?

Más allá de los placeres y la popularidad del vino, aspectos más destacados por los productores, y de la existencia de una cierta cantidad de alcohol, remarcada actualmente por las autoridades sanitarias, hay una pregunta que inquieta: ¿el vino es bueno o no para la salud? Hasta el día de hoy, el tema sigue generando opiniones encontradas, especialmente a la hora de promover el consumo de alcohol como medida preventiva en materia de salud. En realidad, los estudios continúan considerando el vino como un producto saludable cuando su consumo es inferior a dos vasos diarios. Cuando se supera esta cantidad, se incrementan los problemas de salud, como cirrosis, cáncer de lengua, estómago, esófago, páncreas, accidentes de tráfico e incidentes violentos.

Ninguna sociedad científica hasta el momento recomienda o promueve el consumo indiscriminado de vino como medida preventiva de patologías cardiovasculares. En cambio, considera mucho más saludable con este fin hacer hincapié en la supresión del tabaco, en hacer actividad física y llevar una dieta apropiada para disminuir los riesgos. En el caso de las personas que ya tienen consolidado el hábito del consumo moderado de vino tinto (hasta dos vasos por día) no existe peligro si no lo tienen contraindicado, como podría ser el caso de pacientes con problemas hepáticos, con triglicéridos altos, sobrepeso, las embarazadas o personas bajo circunstancias especiales, como las que han de consumir determinados medicamentos que pueden tener interacciones indeseables.

Por todos estos datos, a priori, debe evitarse el consumo excesivo de vino, y debe considerarse como un producto apreciable, aceptable e incluso objetivamente saludable, siempre y cuando el consumo sea responsable y contenido a niveles inferiores a los dos vasos diarios.

EFECTO ANTIOXIDANTE

El efecto más positivo del vino en la salud se ha relacionado con su capacidad antioxidante. La oxidación celular se suele iniciar por una cierta acumulación de sustancias oxidantes en el interior de nuestro organismo, en especial del peróxido de hidrógeno y el oxígeno libre. Si estas moléculas no son rápidamente neutralizadas por la acción de enzimas intracelulares, se produce el inicio de un proceso de auto-oxidación celular. Este suele comenzar por la actividad oxidante de ese oxígeno o del agua oxigenada contra componentes sensibles de la célula, especialmente contra su membrana.

En este punto es donde se van a formar radicales libres, sustancias muy reactivas y con una escasa vida media, que una vez se han formado, inician un fenómeno en cascada de oxidación que lleva a la célula al envejecimiento y a su muerte. Este proceso puede detenerse en diferentes niveles. Son neutralizados por las defensas antioxidantes, que pueden ser sustancias propias del organismo (las enzimas antioxidantes y el selenio como modulador), o pueden ser sustancias que se encuentran en los alimentos, como las vitaminas C, E y el Beta caroteno o los flavonoides (sustancias antioxidantes del vino).

Cuando se produce un desequilibrio, ya sea por mayor producción de oxidantes o menor acción de los antioxidantes, en el organismo aparece lo que se llama el estrés oxidativo que genera efectos tóxicos y patologías, fundamentalmente enfermedades arterioescleróticas, rigidez de la membrana celular o daños en los ácidos nucleicos, con la existencia de mutaciones celulares, que derivan en la aparición de determinados tumores.

Los compuestos polifenólicos de la uva se encuentran en la piel, especialmente en las células epidérmicas, y en las pepitas. Su concentración es baja en la pulpa. Esto explica por qué el vino blanco, que no se hace con la semilla ni la piel, presenta bajos niveles de polifenoles. En este sentido, el más rico en estas sustancias es el vino tinto, especialmente el que se hace con la variedad Cabernet-Sauvignon, especialmente porque ha sido el más estudiado en este sentido. La cantidad de polifenoles en la uva depende principalmente de la variedad de la vid, del clima, del terreno y de las prácticas de cultivo.

Bibliografía

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