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Mi hijo sufre una anafilaxia, ¿cómo actuar?

Si tu hijo sufre un shock anafiláctico provocado por la alergia a un alimento, lo más rápido y efectivo es inyectarle adrenalina y después acudir de inmediato a un hospital

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 6 agosto de 2019
Imagen: StockSnap

Si tu hijo es alérgico, con posibilidad de sufrir anafilaxia debido a las características de su alergia, el médico te habrá prescrito adrenalina autoinyectable. No es habitual sufrir un shock, pues los alérgicos suelen controlar su alimentación y los comedores escolares, campamentos, hoteles o restaurantes también lo cuidan (están obligados por ley). Pero siempre puede haber un accidente inesperado y, ante tal posibilidad, hay que estar preparado. En este artículo te ayudamos a reconocer la anafilaxia y te mostramos cómo actuar, sin miedo, ante esta situación. Lo más efectivo es inyectar adrenalina y trasladar de inmediato al niño a un hospital.

Alergia a alimentos, principal causa de anafilaxia en niños

Un bocata, un helado o unas galletas pueden tener trazas de algún alérgeno y provocar una reacción severa si los ingiere un alérgico. No hay que olvidar que la alergia a alimentos es la causa más frecuente de anafilaxia en los niños, y los alimentos que con más frecuencia la producen son la leche, el huevo, el pescado, las legumbres y los frutos secos, según explican desde la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).

Si tu hijo es alérgico y este verano vais a la playa o partís al extranjero, debes recordar la importancia de llevar un informe médico y, si es posible, algún elemento identificativo en el que se especifique a qué es alérgico. Asimismo, como apunta María Pedrosa Delgado, alergóloga del Hospital Universitario La Paz, “debes llevar siempre la medicación de rescate (adrenalina, antihistamínicos, broncodilatadores), asegurándote de que la conservación es adecuada y la fecha de caducidad es correcta”.

Puede que se vaya de campamento, en cuyo caso la preocupación respecto a las comidas es mayor. Y es que, en los casos graves, “una ingesta accidental del alimento causante, por pequeña que sea, puede acabar en anafilaxia y resultar fatal”, afirma el doctor Juan Carlos Cerdá, miembro de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP). Por este motivo, es vital la formación del personal que acompañe al niño, que debe estar al tanto de su situación y de las medidas que debe adoptar en caso de que se presente una reacción alérgica (sea o no una anafilaxia).

¿Cómo distinguir la anafilaxia y cómo actuar?

La reacción anafiláctica se caracteriza por “una rápida progresión de los síntomas” que incluyen no solo la afectación de la piel (en forma de angioedema o urticaria, es decir inflamación y habones) sino también compromiso respiratorio (dificultad respiratoria, pitos en el pecho, tos, afonía…) y digestivo (vómitos repetidos, dolor abdominal cólico…) o síntomas asociados a una disminución de la presión arterial, como malestar general, mareo, hipotonía o pérdida de conciencia, como señala la alergóloga.

Tras reconocer que el pequeño está sufriendo una anafilaxia, la administración de adrenalina es siempre la medida más eficaz para su tratamiento. “Debe administrarse de forma precoz, ya que puede evitar un desenlace fatal”, indica la experta. Existen otros tratamientos complementarios, pero que no deben retrasar la administración de la adrenalina.

¿Dudas si inyectar adrenalina ante la reacción que está sufriendo tu hijo? Siempre es mejor ponerla y debes recordar que “más vale una adrenalina de más que una adrenalina de menos”. Los otros tratamientos (antihistamínicos o broncodilatadores) pueden esperar, pues tras la administración de la medicación se debe trasladar al paciente al servicio de Urgencias más cercano. Allí monitorizarán su situación y garantizarán todos los cuidados necesarios.

Inyectar adrenalina, un proceso sencillo

A veces da miedo utilizar la adrenalina, pero en realidad inyectarla es muy sencillo. El médico debe enseñar a usar el autoinyector a los padres o cuidadores, pero “también los niños mayores, con capacidad de reconocer sus síntomas, deberían aprender”, recomienda la doctora.

La adrenalina se debe administrar por vía intramuscular en la cara exterior del muslo. Los dispositivos precargados garantizan la administración de la dosis correcta según el peso del paciente (0,15 mg para niños de menos de 20 kilos, 0,30 mg para niños de entre 20 y 50 kilos y 0,50 mg para un peso superior a 50 kilos).

  • Hay que retirar la tapa posterior del dispositivo y sujetar el autoinyector a una distancia aproximada de 10 centímetros de la parte externa del muslo.
  • Después, se tiene que clavar el autoinyector enérgicamente en la parte externa del muslo, en ángulo recto (ángulo de 90 grados) y escuchar un clic. Hay que mantenerlo con firmeza contra el muslo durante 10 segundos, pues así se garantiza la inyección completa.
  • En ese momento la ventana de visibilidad del autoinyector se oscurecerá.
  • Se recomienda masajear con suavidad el área de inyección durante otros 10 segundos.

En este vídeo se ve cómo inyectar sin miedo la adrenalina a un niño:

Cómo mantener a punto la adrenalina

La adrenalina solo se dispensa previa prescripción médica (mejor con receta, pues sin ella el precio es bastante más elevado) y conviene tener más de una: para el colegio y para casa. Es importante conservarla de manera adecuada para que mantenga intactas sus propiedades:

  • La adrenalina se debe conservar a una temperatura inferior a 25 ºC. No se debe congelar ni refrigerar.
  • Hay que tener el envase en el embalaje exterior para protegerlo de la luz. Al exponerse al aire o a la luz, la adrenalina se degrada con rapidez y se vuelve de color rosa o marrón.
  • Debes examinar periódicamente el contenido del cartucho de vidrio en el autoinyector, para asegurarse de que el líquido sigue siendo transparente e incoloro.
  • Se debe sustituir, si la solución ha cambiado de color o contiene un precipitado (partículas sólidas).

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