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Deberes para verano: aprender jugando

Cada vez más profesionales de la educación apuestan por unas vacaciones de descanso para los niños, sin deberes de refuerzo, pero sí juegos y experiencias con las que seguir aprendiendo

castillo de arena juego verano Imagen: Ben_Kerckx

En la reunión de final de curso con el profesor de tu hijo, la pregunta es obligada tras recibir las notas: entonces ¿en julio y agosto tiene que hacer deberes? La respuesta dependerá del niño y del maestro. Pero entre las tareas que siempre proponen para estos meses destacan el descanso y la lectura. ¿Alguna más? En las siguientes líneas avanzamos qué opinan los expertos en educación sobre si los menores deberían o no hacer deberes en verano y contamos a qué otras maneras de aprender más lúdicas pueden recurrir nuestros hijos en el periodo más caluroso del año, con actividades concretas.

¿Deberían los niños estudiar y tener que hacer deberes en verano?

Las vacaciones escolares de verano son muy largas, por lo que los padres y madres con apenas unas semanas de descanso estival buscan fórmulas para conciliar trabajo y familia y que, a la vez, sirva de aprendizaje activo para sus hijos. Así que además de apuntarles a campamentos, colonias urbanas o estancias en el extranjero, intentan que pasen más tiempo con sus abuelos, tíos, primos y amigos, ya sea en sus lugares de veraneo o en su propia, alejados lo más posible de las pantallas. ¿Y dónde quedan los deberes y las tareas escolares? ¿Hay que estudiar en verano?

En los colegios es frecuente que los profesores aconsejen a sus alumnos hacer un repaso para reforzar y afianzar los conocimientos académicos adquiridos durante el curso en cuanto a matemáticas, ortografía o inglés. Para ello, dan una lista de tareas y recomiendan una serie de cuadernos de vacaciones que, a veces, obligan a traerlos hechos en septiembre para corregirlos. Y para cumplir, basta con dedicar a esos deberes un rato al día entre semana, mejor por la mañana (los niños están en mejores condiciones para centrarse y su rendimiento es mayor), siempre en el mismo sitio (lejos de todo lo que les pueda distraer, como televisor, consola o zona de juegos) y, por descontado, con nuestro apoyo e interés.

Pero en la actualidad, son mayoritarias las voces en el campo de la educación que abogan por unas vacaciones escolares de descanso, desconexión y reposición de energías para enfrentar el próximo curso con fuerza; es decir, sin deberes o, al menos, sin actividades y ejercicios teóricos similares a los que llevan a cabo en el colegio. “Seguir haciendo que el niño o adolescente tenga que realizarlos supone un desgaste extra cognitivo y un incremento de la desmotivación para comenzar el nuevo curso”, aseguran las psicopedagogas Cristina Revilla, María Vázquez y Natalia Cucalón, colaboradoras de la Asociación Pro-Colegio Oficial de Pedagogía y Psicopedagogía de la Comunidad de Madrid (PROCOLPED).

deberes tareas verano
Imagen: StockSnap

Sin embargo, esto no quiere decir que sus progenitores y educadores debamos dejar de estimularles durante las vacaciones, sino que debemos hacerlo de otra manera. ¿Cómo? “A través del juego y las experiencias vivenciales”, responden las expertas. Y así también debe ser en el caso de niños y adolescentes con trastornos que requieran atención continuada y mantenimiento de rutinas, como por ejemplo con TEA (Trastorno del Espectro del Autismo). “Es muy importante que se respeten las rutinas -por ejemplo, los horarios- que se han llevado a lo largo del año, ya que eliminarlas podría ser contraproducente para ellos, y en las actividades lúdicas que sustituyan a las académicas se deberán introducir los conocimientos que han ido aprendiendo”, aclaran.

¿También sin deberes en pandemia? Las especialistas también extienden esta recomendación en situaciones tan atípicas como la actual, a pesar de que el refuerzo escolar en verano tras el confinamiento fue bien visto. En su opinión, “es un error utilizar las vacaciones para ‘recuperar’ lo que no se pudo avanzar en pandemia. El confinamiento fue un periodo de aislamiento e incertidumbre en el que se les privó de experiencias tan importantes como el contacto con sus iguales, por lo que las vacaciones deberían haber sido tiempo de desconexión y vuelta a la nueva normalidad”. Y a pesar de que ha sido un año complicado, con confinamientos o cierres de aulas por brotes de covid-19, su consejo es que se refuercen todas las habilidades académicas a través del juego, sin olvidar otros aspectos esenciales como son las habilidades y aptitudes para la vida.

Otras maneras de aprender más divertidas para los niños

“En los centros educativos no debemos centrar siempre los esfuerzos en el aprendizaje de conocimientos teóricos, sino de las habilidades que van a hacer a los más pequeños seres humanos competentes para la vida”, resumen las psicopedagogas. Y es precisamente en verano donde mejor se pueden poner en práctica esos conocimientos teóricos y esas habilidades, tanto en los juegos como en las experiencias vitales.

Porque, aunque los niños no hagan deberes, nunca dejan de aprender, de cada momento sacan un aprendizaje. Por eso, como padres no debemos desaprovechar cada actividad que les propongamos o que ellos inicien, preferiblemente divertida y original, sin olvidar que el aburrimiento también es muy creativo.

El juego es muy importante para los niños. A través del juego, tal y como detallan las profesionales consultadas, se pueden desarrollar habilidades esenciales para el aprendizaje y, por ende, para el desarrollo escolar, como son la memoria, la atención, la concentración, la planificación, la comprensión lectora, la discriminación y el cálculo. Así, los juegos en familia les permiten trabajar diferentes habilidades no estrictamente académicas, pero sí necesarias para su desarrollo personal y social: el trabajo en equipo, el respeto a las normas de juego y sociales (esperar turnos, aceptar a no ganar…), el desarrollo de estrategias y tácticas o promover la comunicación, entre otras. En cuanto al juego individual, fomenta la autonomía e incentiva la imaginación y la creatividad.

puzle juego aprender
Imagen: congerdesign

El juego en el hogar, con los juegos de mesa, es básico, pero el parque es otro entorno muy beneficioso para los niños, pues allí desarrollan las habilidades sociales y tienen la oportunidad de entrenar el juego simbólico y funcional con sus iguales. Los juegos de agua refrescantes y los paseos con actividades divertidas propuestas desde el Ministerio de Educación) para todas las edades despiertan los sentidos al aire libre.

Pero no solo los juegos promueven el aprendizaje. Experiencias vivenciales tan dispares como escribir un diario, recorrer un museo, practicar deporte al aire libre, adentrarse en un castillo con visita teatralizada, ir a un concierto de la banda municipal, acudir a un refugio de animales, realizar un viaje solidario en familia, cuidar de la mascota, hacer una excursión o prestar algún servicio a la comunidad, por ejemplo, acercan a los más pequeños la historia, la música, el arte, los hábitos saludables, el cuidado de la naturaleza y los animales, etc. y les ayudan a hacer suyos los conocimientos y habilidades aprendidos durante el curso en las clases de matemáticas, lengua, idiomas, cultura clásica, ética o religión,…

Otra forma de incentivar y reforzar el aprendizaje es a través de las actividades cotidianas. Al hacer la compra entrenan la habilidad numérica mediante el cálculo del dinero, de los precios, de las cantidades. Y con la cocina, se trabaja la planificación, el orden, hábitos saludables, cantidades… También las psicopedagogas coinciden en que en el seno familiar se debe trabajar la adquisición de la autonomía del niño y el adolescente con tareas domésticas como poner la mesa, bajar la basura o recoger la habitación.

Deberes lúdicos y juegos para distintas edades

La oferta de “deberes” lúdicos divertidos y originales, es decir, juegos con carácter educativo es muy amplia. Y no solo para el verano. En este sentido, el Ministerio de Educación y Formación Profesional cuenta a raíz de la pandemia con un espacio web para familias (#AprendoEnCasa) con herramientas, webs y aplicaciones que pueden servir de gran ayuda para complementar la formación de los niños y desarrollar actividades de carácter más lúdico.

Pero para acertar con tu hijo, lo primero que debes tener en cuenta es tanto su edad como su nivel de desarrollo cognitivo. Las colaboradoras de la Asociación Pro-Colegio Oficial de Pedagogía y Psicopedagogía de la Comunidad de Madrid lo explican con un juego de mesa tan tradicional como el parchís: “Es un juego muy adecuado para entrenar el cálculo y la estrategia en niños de edades superiores a los seis o siete años. Pero si este juego se utiliza en niños que no tienen la habilidad de conteo adquirida, les provocará un sentimiento de frustración e impotencia”.

Juegos para niños de educación infantil (3-6 años)

A estas edades es recomendable cualquier juego de carácter manipulativo: puzles o rompecabezas infantiles, arena mágica, plastilina, pinturas… Además, se pueden utilizar otros como la mímica, las marionetas, las coreografías de los Cantajuegos… “Con todo ello, pondremos en práctica la creatividad y la imaginación, la motricidad, la atención y la concentración”, comentan desde PROCOLPED.

Para favorecer el desarrollo socioemocional del niño (conocimiento y crecimiento propio, autoestima y autoconcepto) se pueden utilizar otros recursos como el libro El monstruo de colores o películas como Inside out (filme para niños a partir de los 5 años).

Juegos para niños de educación primaria (6-12 años)

lectura aprender
Imagen: BrickRedBard

A los 6 o 7 años el niño habrá empezado a desarrollar la habilidad lectoescritora, por lo que las psicopedagogas animan a introducir dinámicas de lectura, como la creación de un club de lectura familiar, en el que se comenten y realicen actividades en base a un libro elegido entre todos. Esta misma habilidad puede ser entrenada a través de otros juegos como el Trivial infantil (el niño debe leer los enunciados de las tarjetas), Scrabble, los trabalenguas, las adivinanzas, ¿Qué soy?, palabras encadenadas…

Para entrenar la atención, la concentración y la motricidad fina, un juego de mesa muy adecuado es Jenga, en el que los jugadores se turnan para quitar un bloque a la vez de una torre construida con 54 bloques. Practicar papiroflexia u origami también fomenta la paciencia, la imaginación y el esfuerzo.

Y ya para los estudiantes más mayores de Primaria y los primeros de la ESO Cristina Revilla, María Vázquez y Natalia Cucalón nombran Story Cubes para trabajar la creatividad, el componente sintáctico y gramatical y el léxico-semántico. Contiene unos dados con dibujos a partir de los que la persona tiene que contar una historia. Se puede adaptar a la edad y desarrollo. ¿Cómo? Por el número de cubos a utilizar y de dibujos que simbolicen conceptos más abstractos.

Juegos para adolescentes de ESO (12-16 años)

Para los jóvenes de Educación Secundaria hay dos juegos de mesa idóneos: Scattergories permite trabajar el componente léxico-semántico a través de la escritura y con Trivial se aprende sobre las diferentes áreas escolares (historia, ciencias, deporte, literatura y arte). Con los crucigramas también ampliarán su vocabulario y su competencia léxica.

Juegos de verano para niños

Y para desarrollar distintas habilidades físicas y motrices (creatividad, trabajo en equipo…) en verano, nada mejor que ir a espacios al aire libre con el agua como medio principal en torno al que aprender con distintos juegos:

  • En la piscina: carrera de relevos, tiburón (pillar en el agua), la búsqueda del tesoro al fondo de la piscina, carreras de caballos (con churros de goma espuma) o juegos de salto (al churro)…
  • En la playa: levantar castillos, trazar carreteras y excavar pozos y surcos, construir barreras de arena, enterrarse a sí mismo o a otros en la arena, buscar conchas o piedras, pescar cangrejos y otros moluscos…
  • En el jardín o el campo: el pañuelito, carrera de carretillas, búsqueda de piedras pintadas

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