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Mª Ángeles Miranda, vicepresidenta de la Asociación Nacional de Seguridad Infantil

Adaptar la casa a la evolución del niño es lo más saludable para su desarrollo y reducir nuestro estrés

El 54 % de los accidentes infantiles se producen en casa, según un estudio del comparador de seguros Acierto.com. Escaleras, ventanas, enchufes, horno, plancha… La casa está llena de peligros pero, por fortuna, pueden sortearse. Para ello, como indica la vicepresidenta de la Asociación Nacional de Seguridad Infantil, Mª Ángeles Miranda, es preciso que los padres seamos conscientes de la necesidad de adaptarnos a la nueva realidad que supone tener hijos pequeños y adaptar la vivienda a sus necesidades, sin coartar la libertad y curiosidad propia de los niños. ¿Cómo ser capaces de aunar libertad y seguridad? La clave está en la prevención, como comenta esta asesora, formadora y consultora de seguridad infantil.

Parece que los niños tienen un radar para ir a los lugares más peligrosos de la casa. ¿En qué habitaciones hay más peligros?

«El ahogamiento infantil está casi en ‘empate técnico’ con los accidentes de tráfico como primera causa de mortalidad infantil»

Es un radar maravilloso que les permite crecer. Se llama curiosidad y es imprescindible para aprender. Los niños deben tocar, experimentar, investigar, descubrir… Todo es nuevo, todo es un juego y, como bien sabemos, jugar es la mejor forma de asimilar el mundo que nos rodea. Si nos guiamos por el número de accidentes, la cocina es el espacio que lidera el ranking. Es sinónimo de quemaduras, caídas y resbalones, intoxicaciones, atragantamientos… hasta escapes de gas. El mando de la cocina o el horno, a los ojos de un niño, es lo más parecido a la nave espacial de Buzz Lightyear. A la zaga le sigue el baño, un espacio mágico donde la cosmética es maravillosa. Y, por supuesto, no hay quien se resista a meter la mano para descubrir que hay al final de ese agujero con agua, hasta que vence el cuerpo dentro del inodoro. Pero además de fijarnos en el número, debemos poner la lupa en los espacios donde los accidentes infantiles no ganan por goleada, pero sí por su nivel de riesgo con consecuencias muy graves o irreversibles, como la muerte. Uno de ellos es la ventana de la habitación del bebé, donde la cuna, cama, mesa o escritorio está más próxima a ella para que entre más luz. También lo son los balcones del salón, tan fáciles de escalar con las macetas que lo componen o arrastrando las sillas, así como las piscinas privadas: el ahogamiento infantil está casi en «empate técnico» -políticamente hablando- con los accidentes de tráfico como primera causa de mortalidad infantil.

Intoxicaciones, quemaduras… ¿qué provoca más accidentes infantiles en casa?

Solo hay una cosa que provoca accidentes: la falta de prevención. No podemos ni debemos coartar la curiosidad innata en los pequeños, pero, bajo esta circunstancia inamovible, sí podemos prevenir adaptando el espacio. Hay que adaptar ese hogar que hemos construido con tanto cariño bajo nuestros estándares de estética o la tendencia decorativa del momento, los espacios que hemos acondicionado conforme se iba aproximando la llegada del bebé, preparando con gran ilusión su habitación, ajuar, canastilla… pero sin incorporar en nuestro check list la prevención que requiere el desarrollo de los más pequeños. ¡Hay que hacerlo!

¿Tan necesario es reorganizar la casa? ¿No cree que bastaría con enseñarles lo que no se debe hacer?

«Solo hay una cosa que provoca accidentes: la falta de prevención»

Es muy preciso. Es imperioso. Es necesario. Es lo más saludable para un feliz desarrollo del bebé y reducir nuestra carga de estrés como padres. Por mucho que intentemos explicarle a un bebé que no se puede introducir elementos comunicantes dentro de un enchufe para evitar una descarga, el pequeño no lo va a entender. Quizás después de la descarga sí que lo entiende, pero no es necesario llegar a eso, sobre todo siendo un bebé. ¡Huyamos de la cultura del «no»! Porque la cultura del «no» implica coartar su curiosidad y ya sabemos que es el maravilloso radar innato y necesario para crecer. Dejémosles explorar, pero con seguridad. La solución pasa por reorganizar y adaptar la casa consiguiendo un espacio seguro que vaya modificando la prevención a medida que el desarrollo cognitivo permita explicar lo que no se debe hacer (o cómo hacerlo bien) para evitar riesgos. Debemos crear cultura preventiva desde la primera infancia.

¿Qué más pueden hacer los padres?

Ponerse en su lugar, aprender a mirar con ojos de niño… Y para ello, lo mejor es dejarse guiar por un profesional. Hay que detectar riesgos y aplicar soluciones adecuadas en función de las características del pequeño, de su desarrollo evolutivo (los riesgos son diferentes en función de la adquisición de nuevas habilidades, sobre todo las motrices) y de las actividades que se desarrollan en cada espacio. Ese es el trabajo que realizamos los profesionales de la seguridad infantil. Uno de los ejercicios más efectivos en prevención es gatear por toda la casa, detectando riesgos: por manipulación de objetos, por asfixia (los objetos se rompen o tenemos piezas decorativas, alimentos, etc., de pequeño tamaño), lesiones por caídas o atrapamiento… Más allá de las escaleras, también se escalan las ventanas, los balcones y, por supuesto, se intenta descubrir el funcionamiento de una puerta, que puede derivar desde un pellizco en la mano, hasta una amputación del pulpejo del dedo, etc.

Un ejemplo para dar autonomía al niño, pero con seguridad

La experta en seguridad infantil relata, con un ejemplo práctico, cómo se debe fomentar la independencia y autonomía de los niños poco a poco y sin dejarles indefensos:

Una madre había decidido no instalar barreras de seguridad infantil en su escalera, argumentando que su hijo debe aprender a vivir con ellas, ya que siempre van a estar ahí y «no tiene sentido no dejarles hacer algo que acabarán haciendo tarde o temprano». Efectivamente, señala Miranda, el argumento puede estar bien: una de las cosas que debemos hacer los adultos cuando el niño empieza a dominar la habilidad de caminar es enseñarle a subir y a bajar las escaleras con seguridad. Hasta que consiga ese aprendizaje nosotros lo acompañaremos. Pero ¿qué hacemos hasta entonces? ¿Estamos a todas horas pendientes única y exclusivamente de nuestro hijo? ¿Incluso si se despierta de noche sin que nosotros nos demos cuenta e intenta bajar o subir las escaleras sin nuestra supervisión? Eso, además de imposible, es como decir que no le vamos a poner pañal, ya que tarde o temprano acabará controlando los esfínteres. Todo a su tiempo. El niño necesita su periodo de adquisición de nuevas habilidades y nosotros necesitamos respetar ese tiempo. Por lo tanto, no podemos dejar de proteger las escaleras hasta que el pequeño pueda bajar y subirlas sin riesgo (porque domina la motricidad y nosotros le hemos enseñado a hacerlo correctamente). Es entonces cuando eliminaremos las barreras.

El resumen con este ejemplo válido para todos los riesgos del hogar y fuera, infantiles o no: la prevención debe estar siempre que exista un peligro.

  • 1. Barrera de seguridad hasta que el niño no adquiera la suficiente habilidad motriz de bajar y subir las escaleras.

  • 2. Educación en prevención
    : enseñaremos al pequeño a subir y bajar las escaleras sin correr, agarrándose al pasamanos, etc. «Y vuelvo a repetir -dice la experta- también dando ejemplo».

  • 3. Eliminación de las barreras
    : cuando el niño haya adquirido las habilidades motrices y cognitivas para no solo bajar y subir, sino también para entender las consecuencias de no hacerlo con seguridad.

Etiquetas:

seguridad


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