Niños en la piscina, peligros del exceso de cloro

El exceso de cloro en el agua de la piscina supone un riesgo para la salud y favorece que los pequeños desarrollen problemas de asma
Por EROSKI Consumer 16 de agosto de 2021
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Imagen: Steve Buissinne

La piscina es uno de los sitios preferidos por muchos niños para pasar las horas durante el verano. Pero hay que tomar precauciones: los expertos advierten de que el exceso de cloro en estas instalaciones acuáticas podría provocar que los pequeños desarrollen síntomas asmáticos. A continuación se señalan los riesgos del exceso de esta sustancia en el agua de baño y se dan varias claves para evitar accidentes en la piscina y 10 consejos para que los niños la disfruten con seguridad.

El cloro es un elemento químico que se emplea, además de para la purificación del agua, en la elaboración de sustancias desinfectantes, como la lejía. Actúa por oxidación: convierte las moléculas orgánicas complejas en compuestos simples, que se evaporan en forma de gas. Al aplicarse al agua de las piscinas, interviene de esa manera sobre los elementos orgánicos, tanto humanos (sudor, orina, etc.) como de otro tipo (algas, bacterias, etc.). La cantidad de cloro residual libre recomendada para las piscinas varía, según las diferentes administraciones, entre 0,4 y 2 mg por litro.

Cloro alto en la piscina, ¿qué efectos secundarios puede tener?

En niveles adecuados, el cloro es una garantía de que el agua va a mantener sus propiedades desinfectantes a lo largo del tiempo, ya las piscinas pueden sufrir recontaminaciones procedentes del ambiente o de los propios bañistas. Sin embargo, el Ministerio de Sanidad advierte de que «un nivel excesivo de cloro o sus derivados puede generar irritaciones en los ojos, e incluso problemas respiratorios, sobre todo en niños y en ambientes cerrados como pueden ser las piscinas climatizadas y los spas«.

Entre las contraindicaciones de los desinfectantes de piscinas encontramos, por ejemplo, la sequedad de la piel (como su pH es superior al de la epidermis, puede resecarla). Ahora bien, cuando los niveles de cloro en la piscina son muy altos, también aumentan las irritaciones en las mucosas (nariz, ojos), los problemas respiratorios, los ataques de tos y el riesgo de sufrir daños en los dientes (al tragar agua). En el caso de los niños, cuanto más pequeños son y más tiempo permanecen en el agua, mayores son los riesgos del cloro en las piscinas.

En concreto, nadar en piscinas con exceso de cloro puede aumentar las posibilidades de que un niño desarrolle síntomas asmáticos*. Así lo apunta Neumosur, una asociación no lucrativa que reúne a neumólogos y cirujanos torácicos de las comunidades de Andalucía, Extremadura, Ceuta y Melilla.

Cloro, piscinas y asma: los factores de riesgo

No es lo mismo un niño que un adulto, un baño largo que un chapuzón, ni una piscina con niveles de cloro adecuados que una con exceso de esta sustancia. Cuanto más pequeños son los niños (sobre todo, cuando son menores de 6 años), más tiempo permanezcan en el agua, más agua de la piscina ingieran, menos higiene personal se requiera para acceder a la instalación acuática y mayor sea la temperatura del agua, mayores son las probabilidades de que esos síntomas asmáticos se manifiesten.

El problema está ocasionado por la cloramina, una sustancia que se genera por la mezcla de ácido hipocloroso (producido en la reacción del cloro con el agua) con otros fluidos presentes en las piscinas: sudor, saliva y orina. La cloramina puede afectar al epitelio pulmonar y, como consecuencia, provocar síntomas asmáticos como ahogo, tos y pitos en el pecho, o causar asma en niños con predisposición a esta enfermedad.

Por eso, las piscinas donde hay pequeños presentan más riesgos: como en general no nadan tan bien, tragan más agua. Un agua que, en instalaciones infantiles, suele contener más cantidad de orina.

Consecuencias de la larga exposición a un nivel alto de cloro

Los expertos de Neumosur no son los primeros en señalar los riesgos para los niños de un exceso de cloro en las piscinas. Ya en 2003, un estudio dirigido por Alfred Bernard, de la Unidad de Toxicología de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), apuntó una relación entre el cloro de las piscinas y la aparición de enfermedades pulmonares en bebés y niños pequeños con propensión al asma.

De acuerdo con estos datos, para los menores con tendencia asmática, bañarse una hora semanal durante dos años en una piscina con cloro aumenta en un 60 % el riesgo de que desarrollen asma u otros problemas como bronquitis o eccemas.

Pasar mucho tiempo en al agua, aunque sea con niveles aceptables de cloro, puede agravar las enfermedades respiratorias. A pesar de que la población con mayor riesgo son los nadadores de élite, también se incluyen los niños que pasan muchas horas en la piscina porque sus pulmones están en fase de desarrollo y la función respiratoria es más proclive a reaccionar anómalamente ante la presencia de elementos irritantes.

Aunque, por lo general, las piscinas públicas cumplen los límites de concentración de cloro reglamentarias (tanto del cloro libre presente en el aire como del residual mezclado con el agua de la piscina), la mayor parte de las intoxicaciones de carácter agudo son debidas a un malfuncionamiento puntual del aparato de cloración o a un mal mantenimiento, razón por la cual se aconseja a los responsables técnicos de las piscinas que sigan al pie de la letra la normativa existente al respecto. Es imprescindible hacer una revisión mensual.

Niños en piscinas: diez consejos para un baño seguro

piscinas cloro salud niñosImagen: adrit1

Cuando el olor del agua haga sospechar un exceso de cloro, se debe evitar que los niños se bañen en la piscina. Los especialistas no desaconsejan que los niños vayan a piscinas, pero sí instan a los padres a elegir con cuidado las instalaciones acuáticas a las que llevan a sus hijos. Con tal fin, Neumosur propone un decálogo de recomendaciones para tener en cuenta antes de que los menores se bañen en una piscina. Son las siguientes:

  • 1. Comprobar que las piscinas reúnen los permisos y las condiciones adecuadas.
  • 2. Impedir el baño del niño cuando la intensidad del olor del agua haga sospechar un exceso de cloro o un mantenimiento inadecuado de las condiciones higiénicas.
  • 3. Tratar de que los pequeños no traguen agua.
  • 4. Evitar baños y exposiciones demasiado prolongadas al cloro.
  • 5. Duchar a los niños antes de bañarse y demandar que los demás también lo hagan.
  • 6. Usar y exigir el uso de pañales específicos (preparados para absorber la orina en el agua) para el baño de bebés y niños pequeños.
  • 7. Tener especial cuidado con los menores de tres años y con niños predispuestos (atópicos) al asma.
  • 8. Fomentar el deporte en los menores asmáticos y suministrar información sobre cuáles son los más apropiados y en qué condiciones se deben desarrollar. La natación es un deporte adecuado, pero hay situaciones y condicionantes en los que puede resultar perjudicial, sobre todo en sitios con alta concentración de cloro u otras sustancias irritantes.
  • 9. Priorizar, siempre que sea posible, las piscinas al aire libre sobre las cubiertas. Evitar las piscinas con poca ventilación.
  • 10. Procurar bañarse en piscinas con agua más fría, pues reduce los riesgos de desarrollar síntomas de asma, aunque también es importante evitar cambios bruscos de temperatura.

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(*) ‘Exceso de cloro en las piscinas y asma’, documento de Neumosur.