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¿Por qué mi bebé se sacude mientras duerme?

Los movimientos de los bebés mientras duermen son normales, en general dejan de hacerlos a los tres meses de vida y no tienen consecuencias negativas

Lo desconocido muchas veces atemoriza, sobre todo cuando se relaciona con un recién nacido. Por eso, los movimientos repentinos del bebé mientras duerme pueden ser causa de alarma, en especial, para padres primerizos. En este artículo se explica por qué, en general, no hay que preocuparse cuando el bebé se sacude: son las llamadas mioclonías del sueño, un trastorno benigno de las primeras semanas y que desaparece durante el tercer mes de vida. A continuación se ofrecen algunos consejos para un sueño infantil feliz.

Imagen: eeskaatt

Mi bebé se sacude, ¿tengo que preocuparme?

Es frecuente que los padres, sobre todo los primerizos, observen dormir a su bebé y se alarmen cuando adviertan las sacudidas y movimientos bruscos que realiza. ¿Tiene algún problema? ¿Le está pasando algo malo? En la gran mayoría de las ocasiones, la respuesta es "no". Están, en realidad, ante un episodio de las llamadas mioclonías neonatales benignas del sueño, que son normales y, como su nombre lo indica, no revisten gravedad.

"Las mioclonías del sueño del bebé son contracciones sincrónicas de las extremidades o del tronco que ocurren durante el sueño tranquilo en neonatos", explica la pediatra Rocío Sánchez-Carpintero en un documento de la Asociación Española de Pediatría (AEPED).

Imagen: danibabii08

Si bien se consideran un trastorno del sueño, en general no afectan el descanso de los pequeños y desaparecen durante el tercer mes de vida.

Mi bebé se sacude cuando duerme

Estos movimientos son evidentes sobre todo cuando se producen en brazos y piernas, pero las contracciones musculares también ocurren en la cara y en los músculos abdominales. "Ganan mayor intensidad hacia la tercera semana de vida, pero a menudo se producen ya en los primeros días y pasan inadvertidos", señala un trabajo realizado por científicos argentinos, que consistió en observar a recién nacidos que padecían este trastorno.

Mioclonías del sueño, un trastorno benigno

Además de comprobar que las mioclonías no tuvieron ninguna incidencia en el desarrollo neurológico y psicomotor de los pequeños, los investigadores destacaron la importancia de "diferenciarlas de las crisis epilépticas, a fin de evitar medicaciones innecesarias".

Imagen: Karen Sheets de Gracia

La AEPED ha publicado varios artículos que describen los llamados trastornos paroxísticos no epilépticos, entre los cuales se hallan las mioclonías. Y es que ese es uno de los mayores riesgos: confundirlas con convulsiones y medicar en consecuencia.

Cuando las sacudidas del bebé sí son peligrosas

Pero, ¿cómo saber si se trata de simples mioclonías del bebé o es algo de mayor gravedad? Por tranquilidad, se puede despertar al bebé y comprobar que, al hacerlo, el bebé deja de sacudirse. Si fueran convulsiones, los movimientos continuarían aun cuando el niño despertara. Además, las mioclonías benignas, por lo general, duran entre 10 y 20 segundos. Sólo si se extendieran más tiempo podrían ser causa de preocupación.

Si fuera algo más que las mioclonías benignas, no hay que pensar necesariamente en problemas epilépticos. También podría tratarse de algún trastorno del sueño algo más importante, como el síndrome de movimientos periódicos de las piernas o el de movimientos rítmicos del sueño. En cualquier caso, lo conveniente será acudir a un especialista para que brinde su diagnóstico específico.

Imagen: Mehmet Goren

Si bien los investigadores todavía no han hallado la explicación exacta de por qué se producen las mioclonías, la causa parece ser la inmadurez del sistema neurológico. Por eso dejan de ocurrir, casi siempre, a los tres meses de edad del bebé. Otra observación, destacada por la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria es que el balanceo propicia los movimientos del niño: las mioclonías son más frecuentes cuando se mece la cuna o durante los paseos en carrito.

Consejos para un sueño infantil feliz

Los expertos coinciden en que los niños que duermen mejor son más felices y obtienen mejores resultados escolares. Además, una alteración crónica del sueño o dormir menos de lo aconsejado -16 horas por día para los recién nacidos, 15 horas a los tres meses y 14 horas, al año de vida- repercute en su estado de ánimo y, a largo plazo, puede hacerlo sobre su crecimiento. Más aún: está asociado con el riesgo de sobrepeso, obesidad y depresión infantil.

Por eso, desde que son bien pequeños, conviene favorecer lo que los especialistas llaman «higiene del sueño». Rocío Sánchez-Carpintero enumera algunos consejos para animar o facilitar que el niño se duerma. Los más apropiados para los bebés son los siguientes:

  • Realización de rutinas predecibles antes de ir a acostarse.
  • Respetar unos horarios para acostarse y levantarse.
  • Evitar las actividades intensas y promover las relajantes antes de ir a la cama.
  • Crear un ambiente apropiado, poco estimulante, con baja intensidad lumínica, temperatura adecuada y una cama confortable. Y nunca asociar el hecho de ir a la cama con una situación de castigo.

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