1. Elegir el momento adecuado
Tener un móvil no depende solo de la edad. Muchos menores aún no están preparados para asumir esa responsabilidad. Antes de entregárselo, es importante valorar su madurez y su capacidad para cumplir normas y gestionar el tiempo. Si necesita recordatorios constantes o le cuesta organizarse, quizá convenga esperar.
Aunque los menores se familiarizan con la tecnología desde muy pequeños, no siempre son conscientes de los riesgos que implica su uso. Ahora bien, la madurez digital también se desarrolla con la compañía y la práctica guiada, de ahí que la familia debe sostener este proceso, no solo evaluarlo.
2. Introducir el móvil de forma progresiva
Hay que comenzar habilitando únicamente las funciones básicas, como llamadas y mensajes, y añadir progresivamente aplicaciones o redes sociales. De este modo, el menor podrá familiarizarse con el dispositivo sin sentirse sobrepasado, desarrollando un uso consciente y responsable.
Al principio, es útil apoyarse en herramientas de control parental, aunque conviene recordar que la supervisión más eficaz es la que se ejerce de forma directa. Evita bloqueos excesivos, ya que pueden generar frustración o dificultar el aprendizaje autónomo.
3. Fijar normas desde el principio

Establecer horarios, espacios y momentos adecuados para el uso del móvil es clave para evitar que interfiera con el descanso, el rendimiento académico o la convivencia familiar. Las normas deben ser realistas, flexibles y adaptadas tanto a la edad como al nivel de madurez del menor.
Para reforzar el compromiso, puede ser útil redactar un contrato familiar que recoja los acuerdos y responsabilidades de ambas partes. Este documento contribuirá a fomentar el respeto mutuo, la confianza y un uso responsable del dispositivo.
- En la web del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) encontramos ejemplos de pactos familiares para el buen uso de dispositivos.
4. Configurar la privacidad en las redes sociales
La configuración de las redes sociales debe hacerse juntos. Hay que valorar qué plataformas son adecuadas para su edad y explicarle por qué algunas no lo son. Decidir entre ambas partes qué información queremos que sea visible y quién podrá ver sus publicaciones, ajustando la privacidad en cada caso. Antes de publicar, ayudarle a revisar quién puede ver sus contenidos y a comprender que, una vez compartido algo, puede llegar a muchas más personas de las que imagina.
Es necesario recordar que los menores de 14 años necesitan el consentimiento de sus padres o tutores para registrarse en las redes sociales. Al crear la cuenta, solo debemos proporcionar los datos indispensables y utilizar un apodo para proteger su identidad. Además, el Gobierno está estudiando cambiar la ley para que la edad mínima para abrir una cuenta sea de 16 años.
5. Interesarse por los contenidos o cuentas que sigue
Mostrar interés por sus actividades digitales nos permitirá conocer mejor sus gustos, hábitos y preocupaciones, además de fortalecer la confianza y abrir espacios para el diálogo.
Muchos videojuegos no son experiencias individuales, sino que implican interacción con otras personas, lo que puede aportar beneficios sociales, pero también conlleva riesgos similares a los de las redes sociales. Por ello, es importante aplicar las mismas precauciones. Hay que tener en cuenta que no todos los videojuegos son iguales: algunos pueden incluir violencia, lenguaje ofensivo o contenido inapropiado. Elegir y supervisar juntos los juegos más adecuados es una buena forma de educar en un uso responsable y seguro de la tecnología.
6. Supervisar sus contactos y relaciones en Internet
Es fundamental que el menor entienda por qué no debe compartir datos personales ni aceptar solicitudes de desconocidos. Nunca debe enviar información o imágenes a personas que no conoce, ya que esto puede generar problemas graves como ciberacoso, chantaje o grooming (acoso de un adulto a un menor). Además, es importante que limite sus contactos online a personas que conoce en la vida real. Bajo ningún concepto debe compartir datos como su dirección, con quién vive, el centro educativo al que asiste o cualquier detalle que permita identificar su ubicación.
7. Fomentar el pensamiento crítico
Todo lo que se comparte en Internet deja huella, y el respeto hacia los demás debe ser una norma fundamental, también en el entorno digital. Analizar juntos bulos, imágenes virales o mensajes ofensivos es clave para fomentar el pensamiento crítico en familia y ayudarle a reflexionar antes de compartir cualquier contenido.
Asimismo, antes de publicar o reenviar fotos, vídeos o audios en los que aparezcan otras personas, debe pedir siempre su consentimiento. Difundir información personal sin permiso o compartir contenidos falsos o malintencionados puede tener consecuencias graves tanto para quien lo hace como para quienes lo reciben.
8. Revisar las aplicaciones e interacciones con regularidad

Cambios en el estado de ánimo, irritabilidad, ansiedad, aislamiento o pérdida de interés en actividades de las que antes disfrutaba pueden ser señales de que algo no va bien. Estas alteraciones, en ocasiones, están vinculadas a presiones sociales en redes, ciberacoso o una exposición excesiva al entorno digital. Supervisar periódicamente las aplicaciones que utiliza y sus interacciones nos permitirá detectar posibles riesgos a tiempo y buscar ayuda profesional si fuera necesario.
9. Fomentar espacios de desconexión
Desconectar no implica renunciar a la tecnología, sino aprender a relacionarse con ella de forma equilibrada. Reservar momentos sin móvil —como durante las comidas, antes de dormir o en reuniones familiares— contribuye a descansar la mente, mejorar la atención y fortalecer los vínculos afectivos.
También es recomendable promover actividades fuera del entorno digital. Contacto con la naturaleza, juego libre, practicar deporte, cocinar en compañía o disfrutar de juegos de mesa son opciones para reconectar con el entorno físico y emocional.
10. Mantenernos disponibles a charlar
La confianza es el pilar de cualquier relación educativa. Si el menor siente que puede hablar libremente, sin temor a reproches ni castigos desproporcionados, será más fácil que comparta sus experiencias y preocupaciones. Estar disponible no significa controlar, sino mostrarse presente, atento y dispuesto a escuchar. La autoevaluación familiar sobre el uso de pantallas y la creación de rutinas conjuntas pueden contribuir a un entorno de confianza y comunicación abierta.
- Anya Kamenetz, autora del libro ‘El arte del tiempo frente a la pantalla: cómo encontrar el equilibrio entre la vida real y la digital’: «Si nuestro hijo se encuentra con algo inapropiado en Internet, tiene que ser capaz de contárnoslo sin sentirse juzgado«.
11. Recordar nuestra responsabilidad legal
El uso del móvil por parte de menores también implica una responsabilidad legal para progenitores y tutores. Compartir burlas, imágenes o comentarios ofensivos sobre otras personas puede constituir una infracción o incluso un delito. En estos casos, los adultos responsables responden civilmente por los daños que los menores puedan causar, así como por las sanciones derivadas de infracciones a la normativa de protección de datos cometidas por menores de 14 años en adelante.
12. Predicar con el ejemplo
Los menores aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice. Si los adultos usan el móvil de forma responsable, tenderán a imitar esos comportamientos. Pequeños gestos como no mirar el móvil mientras se habla con alguien, silenciar las notificaciones durante las comidas o respetar los espacios de descanso transmiten mensajes claros. El ejemplo es la mejor herramienta educativa.


