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Préstamos entre particulares, se pueden deducir

Conviene formalizar el acuerdo en un documento privado que deber sellarse en Hacienda para evitar consecuencias fiscales

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 30 octubre de 2009
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Desde que la crisis económica estallara, el crédito bancario se ha convertido en un recurso escaso al que es difícil acceder. La solvencia del cliente, sus “antecedentes” crediticios y su umbral máximo de endeudamiento se revisan a conciencia hasta que el banco, en el mejor de los casos, otorga el “sí quiero”. Cuando ocurre lo contrario y cierra las puertas al crédito, la necesidad de financiación implica la búsqueda de otras vías para obtener ese dinero. La familia y los amigos son una alternativa clásica. Las ventajas de recurrir a ellos suponen intereses de devolución más benévolos o incluso nulos, plazos de amortización más distendidos y la posibilidad de renegociar la deuda con una cara amiga si la situación se complica. Sin embargo, mezclar dinero y cariño no siempre resulta gratificante. Es una operación que en determinados casos conlleva consecuencias fiscales y no está exenta de riesgos si se actúa de forma incorrecta.

Formalizar el acuerdo, imprescindible

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Los préstamos entre particulares suponen una vuelta a los orígenes. Antes de que las entidades bancarias surgieran como se conocen hoy, las personas se prestaban dinero entre sí de forma natural. El cierre del grifo crediticio ha propiciado la recuperación de esta fórmula de financiación. Son habituales los préstamos de padres a hijos como ayuda en la compra de una primera vivienda, un coche, para cursar un máster o finalizar los estudios.

En muchas ocasiones, los préstamos entre familiares y amigos se sellan con un mero acuerdo oral. Sin embargo, aunque el derecho español permite la contratación y el pacto verbal, es poco recomendable. Si se realiza de este modo, las consecuencias fiscales pueden encarecer de forma significativa el trato y la ayuda se convierte en una carga pesada. Es fundamental documentar y registrar el préstamo. Las posibilidades para llevarlo a cabo son: firmar una escritura pública ante notario o a través de un contrato privado entre las partes.

El derecho español permite la contratación verbal, pero es poco recomendable

En el primer caso, el paso por la notaría conlleva un coste, mientras que confeccionar un documento entre prestador y prestatario es gratis. En él, debe constar el importe prestado, el plazo de devolución, las personas implicadas con sus datos de identificación, el tipo de interés que se aplicará en la operación -si éste tiene un valor cero también debe indicarse por escrito-, además del fin del dinero prestado. Es necesario complementar este contrato privado con la liquidación del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales Onerosas. Una vez firmado el documento, el prestatario debe acudir a Hacienda con él y un justificante bancario que confirme la recepción del dinero. La Agencia Tributaria sella estos papeles y certifica el préstamo. El trámite no conlleva ningún coste. Los préstamos entre particulares están exentos de pagar el citado impuesto.

Donaciones que no lo son

Si el acuerdo no se registra de forma correcta, es posible que Hacienda interprete el préstamo como un regalo y, por lo tanto, obligue a pagar el Impuesto sobre Donaciones. El tributo se aplica de forma desigual en las comunidades autónomas y, pese a que cuenta con numerosas bonificaciones que reducen su impacto fiscal, si la supuesta donación se realiza entre familiares, los particulares sin este parentesco salen perjudicados.

Es imprescindible documentar el préstamo para no asumir un impuesto que no corresponde, ya que las sumas se devuelven, no se donan. Además, si el préstamo no se registra y se destina para la compra de una vivienda habitual, desaparece la posibilidad de desgravar esas cantidades en la declaración de la renta.

Si el acuerdo no se registra de forma correcta, Hacienda puede interpretarlo como un regalo y obligar a pagar el Impuesto sobre Donaciones

La doctrina de la Dirección General de Tributos (DGT), órgano dependiente del Ministerio de Economía y Hacienda, es muy clara en este punto. Señala que aunque los préstamos se realicen entre particulares, con y sin intereses a cambio, si se solicitan para financiar la compra o la rehabilitación de un inmueble tienen las mismas repercusiones fiscales que los créditos concedidos por entidades bancarias. El porcentaje que se puede deducir asciende al 15% sobre la base de la desgravación, siempre que ésta no supere los 9.015 euros anuales.

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