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Los peligros de financiar una compra con tarjeta de crédito y cómo evitarlos

Si abonamos una cuota mensual muy reducida, los intereses pueden dispararse: por cada 2.000 euros financiados a un año, pagamos unos 138 euros más que con un crédito al consumo

tarjetas de credito Imagen: flyerwerk

En nuestro país hay 37 millones de tarjetas de crédito en circulación, según el Banco de España. Su comodidad está fuera de toda duda, pues nos permiten olvidarnos del efectivo, abonar cualquier compra con un simple movimiento de muñeca y, además, pagar a plazos. Pero esta ventaja tiene un precio: las tarjetas de crédito tienen un interés medio del 18,10 %, muy superior al de los préstamos personales (5,82 %). Esto significa que por cada 2.000 euros financiados a un año, pagamos de media unos 138 euros más con una tarjeta que con un crédito al consumo. Pero el precio no es el único peligro de una tarjeta de crédito, como veremos a continuación. Si nos distraemos, podemos acabar sobreendeudados.

Deudas se incrementan y se alargan en el tiempo

Una de las principales ventajas de las tarjetas de crédito es que nos permiten conseguir financiación en cualquier momento. Pero, precisamente, su flexibilidad es su mayor peligro. La banca promociona sus tarjetas haciendo hincapié en que el saldo dispuesto puede devolverse en cuotas muy reducidas, por ejemplo de 15 o 20 euros al mes. Pero un simple cálculo nos ayudará a entender qué implica en realidad devolver una compra con el pago mínimo mensual.

Supongamos que financiamos un ordenador de 1.000 euros con una tarjeta que tiene un interés del 18 %. Optamos por pagar una cuota mensual de 20 euros. En este caso, tardaríamos casi ocho años en reembolsar el dinero y los intereses ascenderían a 862,24 euros. En total, el equipo informático nos habría costado casi el doble de su precio original.

Reembolsar el saldo dispuesto con una cuota muy reducida tiene dos peligros: por un lado, la deuda se alarga en exceso y, por el otro, los intereses se disparan, ya que se generan durante más tiempo. De hecho, podría darse el caso de que el importe de la cuota fuese igual a los intereses devengados en cada periodo, lo que provocaría que el principal no disminuyese y solo abonásemos intereses cada mes. Y si la cuota mensual fuese inferior a los intereses generados, la deuda podría incluso incrementarse cada mes. De ahí que algunos consumidores, tras años pagando una deuda contraída con una tarjeta, se den cuenta de que deben casi el mismo importe que al principio.

Cómo evitar los peligros de financiar con tarjeta de crédito

Ajustar la cuota de la tarjeta

Para evitar que una deuda se cronifique y acabe saliendo mucho más cara de lo esperado, basta con escoger una cuota más elevada, siempre adaptada a nuestra capacidad de pago, o seleccionar un plazo de reembolso reducido como seis meses o un año. Por ejemplo, si en el caso anterior en lugar de 20 euros mensuales, pagásemos 75 euros al mes, tardaríamos poco más de un año en saldar la deuda y los intereses serían de 124,07 euros.

Para escoger la cuota adecuada y saber cuánto dinero acabaremos pagando y durante cuánto tiempo, podemos usar una calculadora de tarjetas de crédito online.

Buscar el interés más bajo

Reducir el plazo y pagar una cuota elevada cada mes nos permitirá liquidar antes nuestra deuda y pagar menos intereses. Pero también nos ayudará a abaratar la transacción usar una tarjeta con un tipo de interés por debajo de la media.

Volviendo al ejemplo del principio, si financiásemos el ordenador con una tarjeta con un interés del 15 % (tres puntos porcentuales por debajo de la media del mercado) y devolviésemos el dinero en cuotas mensuales de 75 euros, la factura final sería de 100 euros, 24 menos que en el caso anterior.

Durante los últimos meses la banca ha reducido el interés de las tarjetas de crédito de forma generalizada después de que en marzo de 2020 el Tribunal Supremo considerase que un “plástico” con una TAE del 27 % era usurario.

pagar con tarjeta de credito
Imagen: AhmadArdity

Tarjetas de crédito: un producto complejo

Las tarjetas de crédito son muy prácticas, pero también complejas. Si se usan con regularidad para fraccionar compras, es fácil que el cliente no sepa con exactitud cuánto dinero debe en cada momento, ni cuánto tiempo tardará en devolverlo ni cuánto le costará. De ahí que sea recomendable usar el pago aplazado solo para financiar compras puntuales y abonar a fin de mes sin intereses en el resto de los casos.

Algunos bancos y financieras, además, ofrecen ventajas a los clientes que mantienen por defecto el pago a fin de mes y fraccionan únicamente compras puntuales como, por ejemplo, un tipo de interés inferior al habitual o, incluso, la posibilidad de pagar a plazos sin intereses con una comisión de gestión que se abona junto con la primera cuota. Podemos consultar si nuestra tarjeta nos ofrece facilidades de financiación llamando a nuestro banco o consultando su página web o su aplicación.

Es recomendable financiar solo importes reducidos con una tarjeta de crédito y devolver el dinero en un periodo breve de tiempo, para que los intereses sean asequibles. En caso contrario, un préstamo personal saldría más barato.

Tampoco es recomendable recurrir a este medio de pago, si ya tenemos otras deudas vigentes y corremos el riesgo de sobreendeudarnos o si, lógicamente, no estamos seguros de poder devolver el saldo dispuesto.

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