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Proyecto SETI

Internautas a la búsqueda de inteligencia extraterrestre

Escuchar las estrellas

Una de las grandes cuestiones no resueltas de la Humanidad es si estamos solos en el Universo. Lo que sí conocemos por los avances científicos es el tamaño y las distancias entre galaxias, estrellas y planetas del universo conocido. Éstas son de tal magnitud que comunicarse con otro planeta (eventualmente) habitado, y no digamos viajar hasta él, se hace muy complicado con la tecnología actual. Sólo queda una posibilidad para comunicarse con otras civilizaciones: escuchar el espacio. Poner la oreja, en forma de inmensos radiotelescopios, hacia el cielo para ver si recibimos la señal de alguna forma de vida inteligente.

Entre los proyectos dedicados a localizar vida inteligente lejos de la Tierra, son numerosos los conocidos como ‘radio SETI’ (siglas en inglés de Search for Extra Terrestial Intelligence), que emplean radiotelescopios para captar señales de radio procedentes del exterior. En 1960 el astrónomo Frank Drake fue el primero en emplear ondas de radio para buscar vida inteligente en el espacio. Desde entonces, tanto la antigua URSS como EEUU pusieron la vista en el cielo. Algunos proyectos nacidos en los 70 todavía están en marcha, como el Proyecto META de la Planetary Society
o SERENDIP
, de la Universidad de California. Después de una década de estudios preliminares la NASA ideó su propio proyecto SETI a gran escala en 1988. Las observaciones del espacio comenzaron en 1992, pero sólo un año después el Congreso canceló los fondos, por lo que el Instituto SETI
siguió funcionando con financiación privada.

El problema, al margen del enorme tamaño de las antenas capaces de detectar ondas de radio procedentes de años luz de distancia, es la gran cantidad de datos que hay que analizar para discernir el origen de todas las ondas de radio procedentes del espacio, que llegan mezcladas con el ‘ruido’ de señales de televisión, radares, satélites, etc. Ni siquiera las carísimas supercomputadoras situadas junto a los radiotelescopios son capaces de gestionar la inmensa cantidad de datos que reciben. La solución para analizar tanta información se encontró en la computación distribuida
, esto es, distribuir el trabajo entre varios ordenadores conectados en red.

Con la llegada de Internet, las posibilidades de utilizar multitud de computadoras para resolver una única tarea se multiplicaron. En 1995, David Gedye y Craig Kasnoff pensaron que a través de la Red, miles de internautas podrían contribuir a la búsqueda de Inteligencia extraterrestre cediendo el tiempo en desuso de sus computadoras. En mayo de 1999 se puso en marcha SETI@home, que ya cuenta con millones de voluntarios que prestan sus PCs para estudiar señales de radio procedentes del espacio.

Hay proyectos SETI que buscan otro tipo de señales, como pulsos en la luz de las estrellas, pero lo habitual es ‘escuchar la radio’. Escuchar es obligatorio, pues las distancias hacen inútil el envío de sondas, e incluso emitir tan lejos resulta demasiado caro. Y se supone que cualquier otra civilización, aunque posea una tecnología mucho más avanzada, empleará la forma de comunicación más básica (las ondas de radio), que además es la mejor que conocemos: la información viaja a la velocidad de la luz y puede apuntar a millones de direcciones al mismo tiempo.

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