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La alimentación del perro y del gato: seis diferencias frente al plato

Un gato es más 'gourmet' que el perro con la alimentación, así como menos tolerante con las novedades en el plato de comida

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 8 enero de 2014

Perros y gatos no solo se diferencian en su carácter y en su físico, sino también en sus necesidades y hábitos alimentarios. En este artículo se exponen seis diferencias y similitudes entre canes y felinos frente al plato de comida. Entre ellas: el perro engulle lo que tiene en el plato mientras que el gato reserva la comida, los gatos precisan comer más alimento húmedo que el can o que el felino es un carnívoro más estricto y el perro más omnívoro.

Imagen: jinterwas

Perros y gatos: diferentes cuando se trata de comida

Las diferencias entre perros y gatos no solo son de carácter, también incluyen su alimentación

Canes y felinos no tienen las mismas necesidades, gustos ni hábitos alimentarios. Los bulos y leyendas urbanas sobre la dieta adecuada para el perro o el gato causan gran desinformación entre los dueños de estos animales. Por ello, conviene fiarse de quien mejor puede aconsejarnos a la hora de alimentar al perro o al gato: el veterinario.

Algunas de las diferencias más destacables entre perros y gatos a la hora de comer se exponen a continuación.

1. El perro es engullidor, el gato reserva la comida en el plato

Un gato es más capaz de administrar el alimento que tiene en el plato, frente al perro, que es más glotón

Un perro que tiene el plato lleno de alimento, en general, lo apurará hasta el final. Hay canes que no sacian nunca su apetito, son perros glotones por naturaleza, y los dueños deben organizar y dividir sus raciones, o acabarían en urgencias por un atracón.

Un gato, por el contrario, se alimenta en la naturaleza ad livitum o según su voluntad. No obstante, los felinos que viven en un piso, están castrados y tienen poca actividad, tienden a acudir al plato más de lo que su propio instinto felino les marca, debido al aburrimiento, asegura María Victoria Acha, veterinaria.

“Por ello, conviene racionarles el alimento en pequeñas cantidades varias veces al día para evitar la obesidad felina, que es una de las enfermedades más habituales en los gatos urbanos”.

Los gatos que tienen acceso al exterior, como un jardín de la vivienda -y se mantienen más activos durante el día- o que viven acompañados de otros felinos, pueden tener el plato con comida disponible durante todo el día, sin necesidad de que el dueño se la racione. Ellos acudirán, en general, al plato varias veces cuando sientan hambre y no vaciarán el cuenco solo porque esté lleno.

Actuarán como lo hacen en la naturaleza: cazan varias veces al día y comen pequeñas cantidades de alimento.

2. Gatos y perros que no comen

La lipidosis hepática es una de las patologías de hígado más frecuentes en gatos, y se produce cuando el felino no ingiere alimento durante varios días, debido a cualquier causa que le provoque inapetencia o a enfermedades, como la obesidad.

“Los gatos metabolizan la grasa en el hígado gracias a la acción de las proteínas, que le aportan los alimentos que ingiere; por ello, si deja de comer, se produce esta patología hepática que puede causarles la muerte”, comenta Tania Velasco, veterinaria especialista en gatos.

Los perros tienen menos riesgo de padecer lipidosis hepática por no ingerir alimento que los gatos. La causa, explica Javier Miner, veterinario, es que “el hígado de los gatos metaboliza las grasas de una manera distinta, con un mayor riesgo de que acumule más grasa de la necesaria”.

3. Latas y piensos en perros y gatos

Los gatos precisan completar su hidratación a través del alimento, con ayuda de latas de comida húmeda, porque suelen ingerir escasa agua. De hecho, algunos veterinarios expertos en felinos recomiendan que el gato ingiera alimento húmedo cada día, para prevenir la formación de cálculos renales provocados por la escasez de agua consumida.

Un perro tendrá menos problemas en este sentido, ya que es un animal acostumbrado a ingerir una mayor cantidad de agua. “Aunque también se pueden incluir en la dieta del can otros formatos y texturas, además del pienso; ya sean caseras o comerciales, así como compaginar estas diferentes formas de alimentación”, explica Acha.

4. El gato es carnívoro, el perro más omnívoro

El dicho “se llevan como el perro y el gato” obedece a la creencia de que estos animales son muy diferentes entre ellos. Se podría decir que esta afirmación tiene su parte de razón, al menos en aspectos como sus costumbres alimenticias. Mientras que el felino es un carnívoro estricto, el perro es más omnívoro y, como las personas, puede ingerir más tipos de alimentos.

La dieta de un felino debe ser rica en proteínas, mientras que la de un perro puede contener otro tipo de nutrientes, como hidratos de carbono y cereales.

5. El gato es más selectivo con la comida que el perro

Imagen: hoangnam_nguyen

Los felinos son más gourmets que los perros frente al plato de comida. En general, los felinos son más selectivos con lo que comen y, si el alimento tiene un olor desagradable o es algo distinto a lo que les gusta, lo rechazan.

Por el contrario, los perros, sobre todo determinadas razas, como el golden retriever, son muy glotones y engullen lo que está dentro e, incluso, fuera de su plato.

No obstante, los canes de tamaño pequeño, como los yorkshire, son más caprichosos a la hora de comer que los canes grandes.

Entre los gatos, por su parte, no existe tanta diferencia en sus comportamientos y necesidades alimentarias, debido a su tamaño, más similar. Las distinciones en este sentido no son tan patentes entre los felinos de distintas razas.

6. Los gatos no son menos amigos de las novedades en el plato

A los gatos no les gustan las sorpresas en su plato, mientras que los perros toleran mejor las novedades con su alimentación

Los canes son más adaptables a los cambios de alimentación y a las novedades culinarias que lo felinos. “Un gato que se acostumbra desde cachorro a cierto tipo de comida, queda condicionado en sus hábitos alimenticios de por vida”, asegura Velasco.

Los gatos son rutinarios por naturaleza y, sobre todo, los domésticos. Este rasgo de su carácter también se refleja en sus gustos alimentarios, por lo que no toleran de buen grado los cambios de menú. El perro, al ser menos selectivo con la dieta y, en general, más glotón y carroñero, se adapta mejor a las novedades con los alimentos.

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