Consumidor y reciclaje

Por ley, los envases han de ser reciclables o retornables
Por Clara Fraile 19 de mayo de 2003

Las calles están llenas de contenedores de todos los colores donde se depositan las basuras que, previamente, debemos separar los usuarios. La mayoría de municipios cuentan con sistemas de recogida selectiva, se han construido plantas de selección de materiales y difundido campañas de sensibilización ciudadana. Se trata de paliar el impacto medioambiental, ocasionado en un 50% por recipientes y embalajes, y obedece a la Ley 11/97 de Envases y Residuos de Envases que obliga a todas las empresas envasadoras a recuperar los residuos de envases que ponen en el mercado. Una de las alternativas es la tradicional entrega del “casco” pero, por problemas de logística, ha quedado reducida en España al sector hostelero. La recuperación depende ahora de los consumidores.

El envase, útil pero contaminante

Por mucho que nos disguste, no podemos prescindir de los envases porque facilitan el almacenaje y uso de la mercancía, protegen las cualidades intrínsecas del producto y garantizan que éste llegue con todos sus atributos al consumidor. Tal y como lo definió el diseñador y empresario inglés James Pilditch, el envase es el “vendedor silencioso” del producto; un poderoso instrumento de marketing que trata de incitar a la compra e informar sobre el producto y marca.

Además de estas ventajas, los envases originan gran parte del deterioro medioambiental actual porque constituyen más de un tercio en cuanto a peso y más de la mitad respecto al volumen de la bolsa de basura de un domicilio. Y esto a pesar de que la producción de residuos domésticos o residuos sólidos urbanos (RSU) se ha estabilizado en los últimos años alrededor en comparación con las cifras de 1998, que ubicaban el peso de la basura en 1,200 kilogramos por habitante al día, según cifras del Ministerio de Medio Ambiente. Además, se genera contaminación en el proceso productivo de embalajes y recipientes y una vez usados se convierten en residuos.

Recuperación, por ley

La preocupación por estos recipientes no es recuente. Fue a comienzos de los años 90 cuando Europa plasmó en su normativa la preocupación por los residuos de envases. La UE trató de unificar las legislaciones nacionales mediante la Directiva 94/62/CE. Más tarde se aprobó en España la Ley 11/1997 de Envases y Residuos de Envases y su posterior desarrollo a través del Real Decreto 782/1998, de 30 de abril y de la Orden ministerial de 27 de abril de 1998. La normativa obligaba a España a cumplir unos objetivos para mediados de 2001:

  • Valorización (compostaje, biometanización o incineración como fuente energética) del 50% al 65% del peso de los residuos de envases generados.
  • Reciclado del 25% al 45% del peso de los materiales de envasado de dichos residuos.
  • Reducción mínima del 10% del peso de los residuos de envases generados. Este punto fue muy polémico en su interpretación generalizada de reducir individualmente el peso de cada envase en un 10%.

Con el desarrollo del reglamento, a partir del 1 de mayo de 1998, tanto envasadores como comerciantes de productos envasados quedan obligados a adoptar alguno de los procedimientos siguientes:

  • Sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR). Mediante este tradicional sistema de devolución de los “cascos”, los productores deberán repercutir a sus clientes hasta llegar al consumidor final una cantidad de dinero por cada envase. De igual modo, quedan obligados a aceptar la devolución por parte del cliente de los envases de aquellos productos cuya marca comercialicen y a devolver la cantidad que previamente se cobró en depósito.
  • Sistemas integrados de gestión de residuos (SIG). Los envasadores y los comerciantes de productos envasados podrán eximirse de la obligación expuesta en el punto anterior si se acogen a un SIG que, mediante ciertos procedimientos, se encargue de la recogida y reciclaje de los residuos de envases de aquellas empresas que se hayan adherido a su sistema.

    En España hay dos entidades sin ánimo de lucro que gestionan estos SIG, Ecovidrio y Ecoembes. Estas entidades establecen:

    • Convenios de colaboración con las administraciones públicas, de forma que se comprometen a realizar la recogida selectiva de los residuos de envases y su transporte hasta los centros de tratamiento y reciclado.
    • Convenios con las “empresas de materiales” para que éstas se encarguen de la reutilización, reciclaje o valorización energética de los envases recuperados.
    • Políticas de cooperación mediante convenios, así, un paquete botellines de vidrio de cierto refresco puede estar embalado en plástico.

    A pesar de que la ley impone como obligación general el sistema de retorno de los envases y de que establece el reciclaje como una alternativa excepcional, la aplicación práctica de la misma ha hecho de la excepción la regla general.

¿Retorno o reciclaje?

La mayor parte de las empresas que envasan sus productos optan- porque les sale más rentable y es más operativo-por adherirse a un SIG que, a su vez, establece convenios para la recogida selectiva de basuras con las administraciones locales. Como consecuencia de todo esto, ciudades y pueblos han visto poblarse sus calles de contenedores azules y amarillos de Ecoembes, sociedad sin ánimo de lucro a la que pertenecen 11.612 compañías, e iglúes verdes de Ecovidrio, SIG al que a finales de 2002 se habían adherido 2.093 empresas.

El Director de Operaciones de Ecovidrio, Juan Ramón Meléndez, pone un ejemplo: “para un productor de vino de Rioja no sería operativo dedicarse a recoger los envases que vende en toda la geografía española para reutilizarlos”. Meléndez considera el SIG como el mejor de los sistemas posibles y explica mediante otro ejemplo la imposibilidad de los comercios, sean grandes superficies o pequeñas tiendas familiares, de recoger selectivamente los envases. “Necesitarían una gran superficie. Tendrían que tener un contenedor de cartón y otro para latas y para plásticos, y separar el aceite sobrante”. Además, insiste, no hay que olvidar que el sistema de reutilización de los envases que sirven para más de un solo uso supone un gasto en los kilómetros de vuelta y la utilización de agua, detergentes y productos químicos para su lavado.

Por otra parte, Jacobo Olalla, Director General de la Asociación de Cerveceros de España, está muy orgulloso de que sus empresas sigan utilizando el sistema devolución y retorno, aunque reconoce que se realiza únicamente a través del canal de hostelería, al que dedican el 60% de sus ventas. Si bien, tiene claro que se comercializan los envases y se reciclan o retornan atendiendo siempre a las necesidades del mercado.

El representante de Cerveceros de España explica que la cotización al SIG varía en función del envase. Ellos pagan a Ecovidrio 3,12 euros por cada 1.000 botellines, ya sean de 1/5 de litro o de 1/3 de litro, siempre que pesen menos de 0,125 gramos. En cuanto a las latas, si son de acero (hojalata) pagan -también a Ecovidrio, que luego se “arregla” con Ecoembes- 0,031 euros por kilo y si son de aluminio 0,051 euros. El precio es similar porque el aluminio es más liviano.

¿Cuánto cuesta reciclar?

Los fabricantes de envases, las empresas comercializadoras de vinos, cervezas, sidras y espirituosas (bebidas alcohólicas), junto con los fabricantes de botellas y recuperadores de vidrio fundaron Ecovidrio. La financiación de su Punto Verde se realiza mediante la aportación de una cantidad por kilo de vidrio. Para fijar el importe, los fabricantes hacen una declaración anual de envases que se revisa al final de cada ejercicio. Hasta el uno de enero de este año 2003, en el caso del vidrio la tasa era de una de las antiguas pesetas por kilo, o lo que es lo mismo 0,60 euros (100 pesetas) por cada 100 kilos. Ahora el precio es de una peseta por botella. Este coste puede influir en el precio final de bebidas de poco valor añadido como el agua mineral, mientras que en relación a otros productos como las bebidas alcohólicas de alta graduación resula irrelevante a la hora de fijar el precio de venta al público.

Sin embargo, el esfuerzo merece la pena por el ahorro energético que de cada envase se puede llevar a cabo: por cada botella de vino que se recicla se ahorra como para mantener encendida una bombilla de 100 vatios durante cuatro horas. Este ahorro energético proviene de la diferencia que existe entre fundir arena, sosa y caliza a 1.500 grados o fundir vidrio roto, para lo que sólo se necesitan 1.200. Todo esto sin contar la disminución del impacto ambiental al no necesitar extraer las materias primas de una cantera. Juan Ramón Meléndez proporciona otro dato: por cada tonelada de vidrio que se recicla se ahorran 130 kilos de fuel oil.

La ventaja del vidrio es que es un material que permite ser reciclado infinitas veces y que los envases fabricados a partir de botellas rotas poseen la misma calidad inicial. No obstante, del resto de los envases también se obtiene materia prima para la fabricación de otros productos. Por ejemplo, de las botellas de detergente y suavizante se crean bolsas de basura; del aluminio de las latas de refrescos y conservas se obtienen pistones para motores, nuevos envases y láminas de aluminio.

Pero en el caso de algunos materiales como los briks, el proceso de reciclaje acarrea también un impacto medioambiental. Por ello, para la responsable del Área de Residuos de Ecologistas en Acción “el mejor residuo de envase es el que no existe y el mero cumplimiento de la ley no elimina el problema”. “Los fabricantes tienen como objetivo cumplir con la ley pero debería haber un impulso serio hacia la minimización de envases”, añade. “Se trata de que se ponga en práctica la consigna de las tres erres, por este orden: reducir, reutilizar y reciclar. Este esfuerzo tendría que traducirse en campañas de concienciación hacia el consumidor, para que sea consciente del problema que estamos generando”, concluye.

Juan Ramón Meléndez subraya que “la tendencia en el sector de las bebidas se orienta hacia la utilización de envases de un solo uso (no reutilizables), bien sean de vidrio, plástico multicapa u otros materiales. Los productores optan por ello porque es más barato que mantener una infraestructura de recogida, lavado y reutilización de los envases”.

Y para hacernos una idea, según datos de 2002 de Ecoembes, los residuos que se separan habitualmente en una casa son los siguientes:

  • Plásticos procedentes en su mayoría de todo tipo de envoltorios, envases y embalajes (botellas de PVC o PET, bolsas de polietileno, bandejas y cajas protectoras de corcho blanco…). Se separa el 66% de los envases de este material y el 16% de los objetos fabricados con él.
  • Tetrabriks fabricados con celulosa, aluminio y polietileno. Se usan para envasar refrescos, zumos, agua, vino, salsas y productos lácteos, sobre todo. Van al contenedor amarillo el 73%.
  • Latas fabricadas con hierro, zinc, hojalata o aluminio. Provienen de los envases de conservas o refrescos. No llega a la mitad, el 47%, lo que sale del contenedor genérico.
  • Vidrio, considerado el envase ideal para casi todo. Con un 91%, estos envases son los que más se separan.
  • Papel y cartón procedente de cualquier objeto de consumo. Se separa en un 90%. La recogida de papel y cartón de Ecoembes, a través de los contenedores azules, alcanza a una población estimada de 36,6 millones de personas.
  • El 46% de las pilas normales y de botón se depositan en los contenedores especiales.

Ecologistas en contra de la ley

Los ecologistas critican que no se tengan en cuenta otros residuos peligrosos como los restos de productos de limpieza, bricolaje, insecticidas y fitosanitarios, y que la recuperación de la materia orgánica, presente en las basuras domésticas en un alto porcentaje, no se contemple en la Ley de Envases.

Según la responsable del Área de Residuos de Ecologistas en Acción, Teresa Marcos, este hecho llama la atención en un país tan desertificado con España porque si se separara en el domicilio la materia orgánica el compost obtenido sería fácilmente comercializable, mientras que el que se obtiene en la actualidad, procedente de los contenedores genéricos de los ayuntamientos, esta “manchado” y genera desconfianza para su uso agrícola.

El caso es que, una vez habilitados estos SIG, la responsabilidad del reciclaje se apoya ahora en los consumidores que son quienes deben separar la basura. Pero además, para evitar que el medio ambiente sufra cada día más debido a nuestros residuos, podemos contribuir de la siguiente manera:

  • Valorar al comprar un producto que su envase, además de ser adecuado, haya sido fabricado con materias renovables o biodegradables y que su producción no sea contaminante.
  • Optar cuando sea posible por los “eco-packs”, es decir, bolsas de recarga para rellenar otros envases más contaminantes.
  • Depositar los residuos de envases y el resto de la basura en los contenedores apropiados.
  • Devolver las botellas y los envases retornables.
  • Reutilizar los envases para distintos usos.