Entrevista

Javier Obartí Segrera, consultor medioambiental

La Agenda 21 mejora nuestra calidad de vida, pero su implantación en España es bastante reducida
Por Alex Fernández Muerza 18 de julio de 2009
Img javier obarti
Imagen: CONSUMER EROSKI

La Cumbre de Naciones Unidas de 1992, celebrada en Río de Janeiro, propuso a los municipios de todo el mundo la asunción de la Agenda 21. Este plan de acción trataría de hacer frente a la creciente degradación social y medioambiental de los núcleos urbanos, de manera que el entorno natural y la calidad de vida de los ciudadanos mejorase. Sin embargo, en la actualidad, la gran mayoría de los municipios se ha quedado a mitad de camino de su correcta implantación. Así lo considera Javier Obartí Segrera (Valencia, 1959), director de la consultora medioambiental EVREN, S.A. y una voz experimentada en la materia: especialista en Medio Ambiente, Paisajismo, Urbanismo y Ordenación del Territorio, autor de numerosas publicaciones sobre temática medioambiental y profesor en varios cursos máster de postgrado.

¿Cuál es el grado de implantación de la Agenda21 en España?

Las Agendas 21 han perdido fuelle en este nuevo siglo y precisan un replanteamiento
Bastante reducido si consideramos la completa implantación y el seguimiento con mejoras comprobadas. Las A21 han perdido fuelle en este segundo quinquenio del nuevo siglo y precisan un replanteamiento. La valoración debe ser más sencilla y accesible a todo el mundo, y el desarrollo e implantación de la A21 más económica de producir y de seguir.

Entonces, da la razón a quienes critican que la Agenda 21 se ha convertido en una campaña de imagen “pseudo-ecológica” y no en un sistema que se aplique realmente.

Sí, así es. Se acogió con mucha ilusión y expectación a finales de los 90 y principios de la década, porque tenía bastante repercusión en los medios y parecía un demérito no acogerse al proceso, que los políticos municipales efectivamente lo veían como una tarjeta de presentación verde. Muchos municipios se acogieron al programa A21, hicieron pública su carta de adhesión e iniciaron las auditorías ambientales. Lamentablemente muchos se quedaron en eso o en la formulación de los planes de acción, pero muy pocos en su materialización y lo que es más importante, en su seguimiento. En definitiva, en gran parte de los municipios que la han iniciado se han quedado a mitad de camino.

¿Qué habría que hacer para implantarla adecuadamente?

En gran parte de los municipios que han iniciado una Agenda 21 se han quedado a mitad de camino
Simplificar el proceso de participación y de seguimiento. En la actualidad los procesos de participación son múltiples para todo tipo de planes, se requiere una participación activa para la evaluación ambiental y para la evaluación paisajística, lo que tiene sobreexplotados a los recursos humanos que tradicionalmente tienen interés por estas cuestiones (ONGs, grupos ecologistas…), que tienen que seleccionar, pues no pueden acudir a todo. La información disponible para la participación generalmente sólo está preparada para profesionales y el gran público queda de facto excluido. Habría que reenfocar el proceso y los métodos y soportes de participación para que lleguen a todo el mundo y puedan dedicar unos minutos, no más, de su tiempo a implicarse en las decisiones que les afectan. Además, debería informarse del avance de resultados y de su influencia en las decisiones municipales, pues en ello radica el espíritu del proceso.

¿Cree que los consumidores conocen la Agenda 21 y lo que pueden exigir?

No. Sólo los ciudadanos más jóvenes y sensibilizados con los temas medioambientales, en particular militantes en alguna ONG conservacionista o social, conocen y demandan este tipo de procesos locales. Pero precisamente, por venir las demandas de estos grupos, se suelen percibir como demandas algo sesgadas y no representativas del conjunto de la sociedad, lo que previene a la clase política municipal de su implementación, en particular en la medida en que puedan suponer delegación de poder y/o cortapisas a proyectos previstos o enunciados en sus programas políticos.

¿Qué es lo que un consumidor puede conseguir de una Agenda 21?

La información disponible para la participación generalmente sólo está preparada para profesionales y el gran público queda excluido
Si se implica convenientemente y ésta se desarrolla con requisitos de éxito, sin duda mejor calidad de vida en su municipio, defensa de lo que considera adecuado para su pueblo-ciudad, relaciones personales con ciudadanos igualmente interesados, espacios de diálogo y posible consenso, pertenencia a redes de sostenibilidad locales, regionales, nacionales e internacionales, etc.

¿Qué podrían hacer los consumidores para desarrollar la Agenda 21 en sus municipios?

Demandar información ajustada a sus necesidades y resultados tangibles. Para ello, deben participar en los plenos municipales, demandándolo en los buzones y correos electrónicos municipales, mediante movilización callejera. No obstante, lo más eficaz suele ser a través de grupos locales organizados.

¿Qué resultados concretos se ha conseguido donde la Agenda 21 ha funcionado?

Destaca la concienciación de la población, lograr una participación activa movilizada hacia todos los temas ambientales y la reducción del consumo energético, o al menos reducción de las tasas de crecimiento, de la contaminación de aguas y acústica. La red de espacios verdes gana igualmente superficie y las conexiones verdes entre los espacios urbanos y naturales. Una nueva forma de gobernanza puede también destacarse como logro donde ha funcionado.

¿En qué consiste la red de espacios verdes y la nueva forma de gobernanza?

Desde hace alguna década se identifica la calidad de vida en nuestras ciudades con la presencia de abundantes, bien distribuidas y bien cuidadas zonas verdes y espacios libres, de suerte que en las ciudades calificadas de sostenibles se suelen establecer estándares mínimos de 10 a 15 m2 verdes por habitante, que duplican o triplican los previstos en la antigua legislación del suelo. En la actualidad, en sintonía con los principios del Convenio Europeo del Paisaje, se valora muy especialmente la interconexión entre los espacios verdes urbanos y los espacios naturales periurbanos, que en conjunto forman la infraestructura verde o sistema de espacios abiertos, libres de edificación.

Respecto a la nueva forma de gobernanza me refiero a la incorporación de la participación pública en los procesos de toma de decisiones: trabajo en red con los actores sociales, presupuestos participativos, dación de cuentas, código ético y de buen gobierno, coproducción de servicios públicos basados en asociacionismo, custodia del territorio, etc.

¿Podría poner algún ejemplo de buena aplicación de la Agenda 21 en España?

Gracias a la Agenda 21, los espacios verdes de las ciudades crecen
Sin duda, Vitoria. Empezó bien Calviá pero el seguimiento de los indicadores no refleja avances significativos, aunque el proceso está implantado y se sigue. Por comunidades autónomas, las más activas y avanzadas son Navarra, País Vasco, Baleares y Cataluña. Le siguen Andalucía, Castilla y León, Madrid, La Rioja, Asturias y Galicia. Algo más retrasadas cabría situar a la Comunidad Valenciana, Murcia, Castilla-La Mancha, Canarias, Aragón, Cantabria y Extremadura.

¿Por qué destaca el caso de Vitoria?

Vitoria es una ciudad con una buena calidad de vida, unos altos niveles de renta y un elevado grado de concienciación de los ciudadanos en los temas ambientales. La temprana aprobación de la Agenda 21 Local en 1998 (una de las primeras en España) refleja la preocupación del Ayuntamiento y de la población por estos temas, que ha seguido manifestándose en el seguimiento anual de dicha Agenda 21 y en los programas impulsados a través del Centro de Estudios Ambientales, organismo municipal encargado de la gestión del Anillo Verde y con competencia en diversos proyectos ambientales de la ciudad.

Avanzando en la idea de la calidad de vida, el Ayuntamiento de Vitoria supo identificar claramente que la conservación y el aumento de esta calidad iban unidos a la mejora del entorno natural próximo a la ciudad, que es de gran valor ambiental. De esta forma surgió la idea del Anillo Verde y otras, como reflejo concreto y materialización de esa línea de acción. Para ello llevó a cabo políticas, programas y proyectos de recuperación y protección de estos espacios con el fin de incorporarlos al uso público y preservarlos de las presiones especulativas.

¿Qué es el Anillo Verde?

Las comunidades autónomas más activas y avanzadas en Agenda 21 son Navarra, País Vasco, Baleares y Cataluña
El objetivo del Anillo Verde era conectar la ciudad con estos espacios naturales periurbanos que a su vez se protegían de la presión urbanística mediante su delimitación como zonas protegidas; dichas conexiones permitían recuperar la transición natural desde lo urbano a lo rural y forestal a través de itinerarios peatonales protegidos, que además recogían una demanda social arraigada en la población vitoriana: la costumbre del paseo diario desde el núcleo urbano hasta el medio rural.

También se tuvo en cuenta la formación práctica desarrollada en estos espacios (en temas de restauración, conservación de la naturaleza, etc.), que fue cofinanciada tanto por el Instituto Nacional de Empleo como por el Fondo Social Europeo, y que favoreció la inserción socio-laboral de colectivos desfavorecidos, como jóvenes desempleados y mujeres.

Por su parte, la gran acogida de los ciudadanos de estos nuevos parques permitió al Ayuntamiento promover gran número de actividades de sensibilización ambiental de forma conjunta con diferentes colectivos de la ciudad como: colegios, universidad, asociaciones de la tercera edad, etc.

La integración del Ayuntamiento en la Federación Europea de Espacios Naturales Metropolitanos (FEDENATUR) permitió intercambiar constantemente experiencias con otras ciudades europeas que gestionan áreas de similares características y les ayudaron a establecer criterios de gestión y organización. Además, la continua información sobre el proceso del Anillo Verde aseguró que la gestión fuese transparente y, al convertirlo en verdaderos centros educativos ambientales, se implicó a los ciudadanos en su valoración y conservación.

Y en otros países, ¿qué ejemplos a seguir destacaría?

Los de los países nórdicos en general, Reino Unido y Austria, en particular el ejemplo de Viena.

¿Por qué Viena?

Los ejemplos internacionales de Agenda 21 más destacados son los países nórdicos en general, Reino Unido y Austria, en particular Viena
Viena es destacable por el proceso de participación descentralizado y de co-gobernanza adoptado. Viena es una ciudad de casi 1.700.000 habitantes, por lo que optaron por un modelo de Agenda 21 distribuido, con consejos en cada distrito urbano elegidos por periodos de cinco años. Cada consejo tiene competencias de co-gobierno con la Administración local en materia de presupuesto de distrito, mantenimiento de equipamientos públicos, redes de movilidad, parques, mercados, alumbrado, integración social y cultural. Cada consejo cuenta con Grupos de Acción, foros de discusión de los problemas que afectan a cada distrito en los que participan los ciudadanos y los políticos al 50% y las decisiones se adoptan por consenso o mayoría.

Dado que parece que la Agenda21 no funciona, ¿se está pensando en alguna alternativa para superarla?

Hay en la actualidad una corriente europea en desarrollo sobre nuevos procedimientos de gobernanza más democrática y más próxima al ciudadano. Está basada en listas abiertas y en la incorporación transversal de los temas medioambientales en las políticas municipales, con capacidad de decisión.

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