¿Por qué sube el precio del petróleo?

Una demanda sin precedentes se une a graves problemas de producción
Por Clara Fraile 10 de noviembre de 2004

La gasolina se ha encarecido un 15% en lo que va de año y el gasóleo, un 21%. Poco a poco se van incrementando los precios de otros productos y servicios debido a los costos de producción “inducidos”. El motivo principal es que los países productores de crudo se encuentran al borde de su capacidad productiva y la oferta no puede crecer al mismo ritmo que lo hace una demanda en la que cada vez es más importante el tirón de China y otros países asiáticos. Los elevados precios del barril responden a ese desequilibrio de las fuerzas del mercado. La fortaleza del euro y la intervención de los bancos centrales amortigua el impacto de la crisis, pero los problemas de producción en Irak, Rusia o Nigeria siguen sin solucionarse mientras aumenta el consumo en el hemisferio norte por la llegada del invierno.

La subida

El barril de Brent (unidad de referencia de crudo en Europa) se ha encarecido un 70% en dólares en lo que va de año. El precio del crudo, que lleva subiendo de manera sostenida desde agosto, llegó a alcanzar un máximo histórico de 52,03 dólares a finales de octubre y, aunque el mes de noviembre haya comenzado con bajadas notables – el día 5 cerró a 46,40 dólares-, según Juan Antonio Esparza, jefe del Área de Precios del Ministerio de Economía y Hacienda, “es evidente que nos hallamos ante una situación de precios bastante altos desde mayo. Sin embargo, los efectos para los consumidores en los precios por estos ‘costos inducidos’ pueden tardar en presentarse uno o dos trimestres”.

No obstante, los primeros precios altos en dejarse notar han sido los carburantes, como derivados directos del petróleo. Los españoles advierten que últimamente que llenar el depósito de los vehículos cuesta entre 5 y 6 euros más que hace apenas un año. No es de extrañar, la gasolina súper se ha encarecido en lo que va de 2004 un 15% y el gasóleo un 21%. A mediados de octubre Iberia decidió incrementar sus pasajes unos 18 euros de media como respuesta al aumento del coste del queroseno. Hoy la mayoría de las aerolíneas han aumentado las tarifas por esta misma razón. Y por otro lado, los agricultores y transportistas demandan un “gasóleo profesional” (con menor carga impositiva) para poder hacer frente al alza de los precios. Los impuestos se llevan buena parte del precio final de los carburantes: el 57% en el caso de la gasolina sin plomo, el 49,1% en el gasóleo de automoción y el 57% de la gasolina.

Los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES) no dejan lugar a dudas sobre la dependencia energética española: el petróleo representa en la actualidad el 52% de la demanda de energía primaria en España y el gas natural, el 13%; el grado de autoabastecimiento del combustible fósil por excelencia en nuestro país es inferior al 1% y en gas ronda el 2,8 %.

Impactos

Pero, ¿hasta qué punto el precio del barril puede influir en la cesta de la compra, en los tipos de interés, la creación de empleo, etc.? Las repercusiones se producen en varios ámbitos, detalla Vicente Pallardó, director de Análisis del Observatorio de Coyuntura Económica Internacional (OCEI) y profesor de Económicas de la Universitat de Valencia:

  • Sobre los precios el impacto se produce de una forma muy moderada. Los bancos centrales prevén posibles consecuencias negativas sobre el crecimiento y no suben, o lo hacen muy pausadamente, los tipos de interés. Estas entidades se han ganado la credibilidad de ser capaces de “contener las subidas de precios y esto les está dando margen de actuación”. Los agentes privados confían en que los precios no se dispararán por la vigilancia de los bancos centrales y por tanto negocian precios y salarios sin presionar al alza, ayudando así a controlar la inflación.
  • Preocupa más el impacto sobre el crecimiento económico, aunque dependerá mucho de cuánto se prolongue el precio del petróleo a los niveles actuales. Si hay una cierta tendencia a la baja cuando concluya el invierno, como muchos analistas esperan, y no hay más problemas geopolíticos, no debería ser excesivo. “Podríamos estimar entre tres y cinco décimas menos de crecimiento y tres o cuatro más de inflación. Es apreciable pero no grave”, asegura el profesor.
  • Sobre tipos de interés, por lo indicado antes, y aunque sorprenda un poco, tal vez retrase y ralentice las subidas que corresponderían a un ciclo normal, ante el temor de que el impacto sobre el crecimiento sea más alto.
  • Sobre el empleo, será equivalente en su impacto negativo al que tenga sobre cada producto.

Con el Brent a 52 dólares, representantes de España aventuraban en Luxemburgo que si el precio del petróleo se disparara muy por encima de los niveles “actuales” el Gobierno podría manejar una horquilla de crecimiento para el próximo año de entre el 2,3% y el 2,8%, en lugar del 3% previsto inicialmente en los cuadros macroeconómicos elaborados por su departamento en el mes de julio. Respecto a la creación de empleo, el ministro reconocía que el elevado importe del crudo implica que los riesgos “han aumentado”.

“En términos reales los precios están muy por debajo de los máximos de principios de los ochenta, y en euros han subido menos por la fortaleza de nuestra moneda”, remarca Pallardó. “El impacto de la crisis se está amortiguando por ahora debido al cambio favorable del euro frente al dólar”, (el petróleo se cotiza en dólares) asegura José Luis Fuentes-Cantillana, director de la Asociación para la Investigación y Desarrollo Industrial de los Recursos Naturales (AITEMIN).

Desequilibrio en el mercado

Refiriéndose al encarecimiento de los productos petroleros, los dos expertos aseguran que las últimas subidas se deben a una descompensación entre la oferta y la demanda.

Veamos cuáles han sido, a juicio de los dos analistas, las consecuencias de este desequilibrio entre oferta y demanda.

“La oferta siempre ha sido bastante ajustada, con poca capacidad para aumentar la producción en cifras importantes”, remarca Fuentes-Cantillana. Los problemas que afectan a la oferta son:

  • La escasa capacidad productiva y exportadora de Irak, debido a los sabotajes a oleoductos y otras acciones derivadas del conflicto bélico.
  • Las graves tensiones internas que se viven en Venezuela.
  • La huelga sindical en Nigeria, primer productor de crudo de África y sexto mundial, que interrumpe las exportaciones de millones de barriles.
  • El riesgo de atentados en Arabia Saudí.
  • La crisis de la compañía rusa Yukos. El gigante petrolero, que acapara el 20% de la producción de Rusia y el 2% del suministro mundial, sufre un embargo judicial.
  • Fenómenos meteorológicos adversos como los huracanes de los últimos meses en la zona del Caribe, que afectan a los canales de distribución del petróleo en el Golfo de México y al refino en Estados Unidos.
  • La falta de inversiones en general en el sector refinero en los últimos años, al no ser consideradas rentables por los bajos precios del crudo.

El pasado mes de julio los datos de CORES revelaban que la mayor parte del petróleo que llega a España procede de Rusia (15,3%), en porcentajes inferiores se importa también de México, Libia, Nigeria y Arabia Saudí, entre otros.

– Existe una demanda “sin precedentes”. Los expertos coinciden en resaltar que se ha acrecentado de forma muy significativa. Estas son las razones:

  • El espectacular crecimiento económico de países como China, Corea o la India en los últimos años.
  • La llegada del invierno al hemisferio norte, que aumenta la necesidad de reservas y el consumo sobre todo en Europa, Japón, y los Estados Unidos.

Además, la demanda actual es más intensa en cuanto a crudos ligeros, de los que hay menos capacidad de oferta.

– Para algunos analistas, entre ellos Pallardó, la especulación también ha hecho mella en el mercado del petróleo y puede suponer entre 8-10 dólares de más por barril. Los productos petrolíferos conforman hoy un mercado financiero más para muchos agentes, por ejemplo para los que operan con “hedge funds” o fondos de “inversión alternativa o de alto riesgo”.

Pedro J. Rascón Ortega, analista de MegabolsaTrading.com, opina que “no es un problema de especulación ocasional, sino estructural”. No obstante, indica que “efectivamente, la bolsa descuenta estos hechos”. En el argot bursátil significa que la bolsa puede mostrarse alcista en un momento recesivo si atisba una recuperación. “Será muy difícil ver en el medio plazo precios por debajo de 40 dólares por barril”, concluye este experto, mientras explica que los “hedge funds” no se pueden comercializar actualmente en nuestro país debido a la reglamentación que existe al respecto.

Por su parte, el director de análisis del OCEI vaticina un barril a 40 dólares durante los próximos seis meses “como mínimo”. En los mismos términos se expresa Fuentes-Cantillana. Según su parecer, “los precios pueden bajar algo, pero será muy difícil que vuelvan a los niveles anteriores a esta crisis”. Más optimista se muestra el jefe del Área de Precios del Ministerio de Economía: “Si no llega un frío muy duro, los precios tienen que bajar y, además, pronto”.

Ahorro y alternativas

Según el director del centro tecnológico de la energía AITEMIN, desde hace años los analistas contemplaban la posibilidad de que se produjera una elevación importante de los precios del petróleo. “Esto, unido a una creciente preocupación de la sociedad por los aspectos medioambientales, ha ido acrecentando el interés por las energías alternativas”, afirma.

Sirva como ejemplo Repsol YPF. Desde la compañía petrolera más grande de España, Carmen Herrero Gadea destaca su participación en diversas iniciativas para el desarrollo de “combustibles limpios”: un programa piloto para el uso de biodiesel en autobuses urbanos; el empleo del etil ter-butil éter (ETBE) obtenido a partir de bioetanol como sustitutivo del MTBE (metil tert-butil éter) en la formulación de gasolinas, y un programa tecnológico para la generación de hidrógeno en estaciones de servicio y su utilización en pilas de combustible.

En este sentido, Fuentes-Cantillana señala que “no hay que perder de vista” tampoco otro posible efecto de los elevados precios del petróleo y del gas: que se renueve el interés por otras fuentes de energía que gozan de “una peor imagen”, como el carbón o la nuclear.

En cuanto a consejos para los consumidores, todos los apuntados por los expertos pasan por el ahorro de energía, tanto eléctrica como de combustibles. Respecto a los hogares, algunos abogan por un apoyo decidido por parte de la Administración a la adopción de medidas de aislamiento para el ahorro energético en las viviendas, e incluso de “auditorías periódicas obligatorias” (como la ITV de los vehículos) para garantizar la eficiencia energética de calderas e instalaciones de calefacción, así como la implantación de sistemas de energía solar domiciliarios, tanto de tipo fotovoltaico (generación de electricidad), como térmico (agua caliente).