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Seguros de motos

El elevado precio de las pólizas favorece la circulación sin seguro, sobre todo entre los más jóvenes

La seguridad vial parece estar reñida con los jóvenes. Las estadísticas aseguran que son ellos quienes cometen un mayor número de infracciones y su implicación en los accidentes de tráfico es superior a la registrada en cualquier otro tramo de edad. Cuando se trata de ciclomotores y motocicletas las cifras se disparan y hay informes que acusan a los conductores inexpertos, generalmente también los de menor edad, de tener siete veces más posibilidades de resultar heridos en un siniestro. Esta es la razón por la que las compañías aseguradoras ponen trabas a los motoristas a la hora de contratar una póliza y las que ofrecen para los vehículos de gran cilindrada pueden ascender hasta los 2.400 euros si se contrata un seguro a todo riesgo. Los afectados se quejan de que estas tasas son excesivas y denuncian una situación que ha llevado a muchos de ellos a conducir sin seguro.

Tasas elevadas

Contratar un seguro de moto es cada vez más caro. De hecho, casi tres de cada diez motoristas circulaban hace apenas un par de años sin contratar una póliza, pese a que esta infracción puede suponer una multa de hasta 3.000 euros. El portavoz de la Asociación de Motoristas para la Promoción de la Mutualidad General del Motorista, Miguel Ángel Serna, recuerda que el aumento de las pólizas coincidió con el momento en que los fabricantes de ciclomotores consiguieron que se aprobara la posibilidad de que el conductor viajara acompañado, “es decir, cuando se permitió que se doblara el número de ocupantes, también se dobló el número de daños y las compañías aumentaron los precios”. Además, otra de las causas que favoreció el incremento de los seguros fue la aparición de nuevos usuarios con carné de coche que pueden conducir motocicletas hasta 125 centímetros cúbicos, lo que aumentó el número de conductores y planteó, según Miguel Ángel Serna, una problemática: “Son personas sin experiencia en moto a pesar de que hay compañías que han hecho un tramo especial para estos nuevos motoristas porque se supone que forman parte de un sector maduro con experiencia en circulación, que les hace ser menos imprudentes y tener un riesgo menor de accidente”.

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El caso es que por una razón u otra el precio es elevado y los usuarios se quejan de que las aseguradoras ponen muchas trabas a la hora de aceptar a los motoristas. “Algunas compañías ni siquiera ofrecen la posibilidad de contratar una póliza”, asevera Miguel Ángel Serna ante una situación en la que el coste del seguro puede oscilar entre los 130 euros del seguro básico de un ciclomotor de 50 centímetros cúbicos, los cerca de 500 euros de una póliza para una scooter de 125 centímetros cúbicos y los casi 2.400 euros anuales de una motocicleta de 1.300 centímetros cúbicos asegurada a todo riesgo, conducida por un joven de 20 años que se acaba de sacar el carné de conducir y, por lo tanto, que apenas tiene experiencia.

La principal razón de esta carestía, que causó también un descenso cercano al 55% en la venta de motos entre 2001 y 2003, se debe a la peligrosidad que se presupone a las motocicletas y un mayor riesgo de sufrir un accidente. Los jóvenes entre 16 y 27 años son los que peor lo tienen a la hora de conseguir un seguro ya que, según las estadísticas, son quienes más posibilidades tienen de estar implicados en un siniestro. “Además, cuando hay un accidente entre una moto y un coche, los daños en la moto son más elevados porque, generalmente, el motorista resulta lesionado y hay que pagar esas lesiones”, lamenta Serna.

Otros factores que influyen en el momento de fijar la prima son la experiencia como conductor, puesto que cuantos más años de carné, se supone una menor peligrosidad; y la zona geográfica. Y es que la densidad de tráfico de ciudades como Madrid o Barcelona, además del clima y la calidad de la red viaria influyen de manera importante. Por último, también se tienen en cuenta el tamaño y potencia del vehículo; a mayor potencia mayor será el daño en caso de accidente. No es lo mismo que una persona utilice su coche para viajes esporádicos o ir al trabajo, que el vehículo se use todos los días por motivos profesionales, como es el caso de taxistas o repartidores.

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