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Ansiedad: entre trastornos y crisis

A menudo, el mismo temor de sufrir las manifestaciones desagradables de la ansiedad produce este trastorno

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 15 agosto de 2014

Aunque la ansiedad es una respuesta emocional adaptativa, de alerta y reacción ante determinadas situaciones, para muchos se convierte en patológica. Y es entonces cuando las reacciones que provoca son demasiado intensas o duran demasiado tiempo y se ve afectada la calidad de vida de la persona que la sufre. En este artículo se explican cuáles son los trastornos de ansiedad y cómo actuar ante un ataque de pánico. Además, se apuntan qué alimentos pueden ayudar a reducir el nerviosismo.

Imagen: Freddie Peña
La ansiedad es una reacción emocional normal en todas las personas ante situaciones en las que se prevé que pueda haber un resultado negativo, como puede ser un examen o tener que hablar en público. Y aparece el nerviosismo. Todos experimentamos ansiedad, en diferentes grados. Sin embargo, más del 15% de la población sufre un trastorno de ansiedad; esto es, una serie de reacciones cognitivas, fisiológicas y motoras poco ajustadas al peligro real que vive el individuo. Y pueden ser tan intensas, frecuentes y desmesuradas, que lleguen a interferir en la vida diaria del afectado, mermando su calidad de vida. Además, en muchas ocasiones, la ansiedad está provocada por el miedo a sufrirla.

Trastornos de ansiedad: tipos

En el 'Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV)', de la Asociación Americana de Psiquiatría, se enumeran distintos trastornos de ansiedad como los ataques de pánico, la agorafobia, las fobias específicas, las sociales, el trastorno obsesivo-compulsivo, el postraumático, el provocado por estrés agudo y los trastornos de ansiedad generalizada, por enfermedad médica o inducido por sustancias, entre otros.

Como una crisis de pánico se puede confundir con un ataque cardiaco, hay que llamar al 112 sin perder tiempo

A pesar de la extensa lista de trastornos de ansiedad, la mayoría de se cura con el tratamiento adecuado y, según la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), que preside el doctor en psicología Antonio Cano, esto ocurre en un tiempo razonable: no suele exceder de unos meses, según el trastorno, su severidad, el tiempo que hace que se sufre y la colaboración del afectado, entre otras.

La terapia dura unos meses, y en ella se lleva a cabo una sesión semanal de una hora. Pasadas unas 10 sesiones, estas se pueden ir espaciando hasta dar el alta. Pero hay que tener en cuenta que ni todos los trastornos por ansiedad son iguales ni todas las personas los viven de igual manera.

Crisis de ansiedad: un ataque de pánico

La prevalencia del ataque de pánico oscila entre el 1,5% y 3,5% de la población, según distintas fuentes. Es más frecuente antes de los 45 años y parece que hay una tendencia familiar a sufrirlos. Hay varias hipótesis sobre su origen pero la más aceptada es la disfunción de neurotransmisores en el sistema nervioso central.

La crisis de pánico aparece de forma súbita, sin explicación aparente, de corta duración incluso sin un factor desencadenante, sin un peligro real. Alcanza su expresión máxima al cabo de uno o dos minutos de su inicio y, a partir de ese momento, disminuye poco a poco, aunque algunos síntomas pueden continuar durante una hora o más. El afectado siente un miedo intenso como si fuera a morir o a perder la razón. Los síntomas son múltiples y variados. Entre los más habituales están dificultad respiratoria, palpitaciones, dolor en el tórax, mareo, ahogo, escalofríos, debilidad muscular, temblores, sudoración, desmayos y náuseas.

Como las señales de una crisis de pánico pueden confundirse con un ataque al corazón para los no expertos, hay que llamar al 112 sin perder tiempo, sobre todo si la persona tiene otros problemas médicos como diabetes o asma. Ante alguien que sufra un ataque de pánico ayuda tener una actitud de calma y tranquilizadora, que incrementen su confianza hasta que lleguen los servicios de asistencia médica.

Alimentos para calmar los nervios

Hay alimentos que contienen nutrientes con propiedades relajantes que pueden ayudar a aliviar la sensación de nerviosismo, como el magnesio, triptófano y las vitaminas B6, B1 y B12.

El magnesio es un mineral que contribuye a mantener la frecuencia cardiaca normal. Los alimentos ricos en este nutriente son las legumbres, los productos integrales, como el salvado, las espinacas y las acelgas, y los frutos secos como las nueces.

El triptófano es un aminoácido que reduce la ansiedad. Una de sus funciones más importantes es, junto con otras vitaminas y micronutrientes, producir serotonina, un neurotransmisor que mejora el estado de ánimo, induce al sueño y disminuye la intensidad del dolor. Los alimentos que contienen triptófano son el huevo, el pescado, los frutos secos y los lácteos, las carnes, las legumbres como la soja y las frutas como el plátano, la piña y el aguacate.

La vitamina B1 o tiamina se encuentra, sobre todo en la soja fresca, germen de trigo, carnes, pescados, frutos secos, como la nuez del Brasil, los anacardos y las pipas, las legumbres o cereales integrales (sobre todo en la avena). Por otro lado, un consumo excesivo de azúcar, chocolate, bollería, repostería, pastelería y chucherías favorece su carencia.

La vitamina B6 o piridoxina participa en la síntesis de serotonina a partir del triptófano, entre otras funciones. Su falta provoca nerviosismo y ansiedad. Son ricos en esta vitamina el germen de trigo, las vísceras, el pescado azul, los quesos curados, los frutos secos, los cereales integrales, las legumbres y la levadura de cerveza.

Los alimentos de origen animal son las fuentes dietéticas de la vitamina B12 o cianocobalamina. Destacan el hígado y las vísceras, el pescado azul, el paté de hígado, los huevos, los lácteos, el marisco y la carne de aves.

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