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No es nada inusual encontrarse un día frente al espejo y, casi de golpe, percatarse de lo flácida que está la piel, de las canas o de las arrugas del rostro. Justo coincide con el hecho de que nos cansamos más, dormimos peor y cada mañana nos levantamos con un dolor articular que tarda en desaparecer. Hacerse viejo de un día para otro es una sensación que tienen muchas personas y, lejos de parecer un sinsentido, hay base científica que le aporta fundamento.
¿Envejecemos más rápido a partir de los 40 y 60 años?
Un estudio de 2024 realizado por la Universidad de Stanford (EE. UU.) concluyó que las personas envejecen más rápidamente alrededor de los 44 años y, de nuevo, cerca de los 60. Para llegar a esa conclusión, los investigadores evaluaron miles de moléculas diferentes en personas de entre 25 y 75 años, así como sus microbiomas, es decir, las bacterias, los virus y los hongos que viven en nuestro interior y en nuestra piel, y descubrieron que la abundancia de la mayoría de las moléculas y los microorganismos no cambia de forma gradual y cronológica.
Alrededor del 81 % de las moléculas estudiadas mostraron más cambios y transformaciones en los periodos mencionados.
- En las personas de 40 años se observaron cambios significativos en la cantidad de moléculas relacionadas con el metabolismo del alcohol, la cafeína y los lípidos, enfermedades cardiovasculares, piel y músculos.
- En las personas de 60 años, los cambios se relacionaron con el metabolismo de los carbohidratos y la cafeína, la regulación inmunitaria y la función renal, pero también las enfermedades cardiovasculares, la piel y los músculos.
La pregunta es si debemos tomar estas conclusiones al pie de la letra. La respuesta es no. Partiendo de que se trata de un estudio importante, es una teoría más que se complementa con el resto de hipótesis sobre el envejecimiento. Por eso, los científicos se muestran reacios a generalizar.
Todos no envejecemos igual
“El envejecimiento es un proceso multifactorial y por ello hay muchas teorías con diversos enfoques que pretenden explicarlo. Es muy probable que tanto la acumulación gradual de daños como los mecanismos programados —como el estrés oxidativo, la senescencia celular o el desgaste de los telómeros— y los eventos bruscos —como un accidente, un traumatismo grave o una cirugía seria y complicada, por ejemplo— se combinen para determinar el envejecimiento de cada organismo. En este sentido, cada estudio aporta elementos que, en conjunto, ayudan a explicar la complejidad del proceso”, aclara la catedrática de Fisiología de la Universidad de Valencia, Consuelo Borrás.
Sin ir más lejos, el prestigioso genetista Steve Horvath, hoy en día investigador principal de la empresa de biotecnología Altos Labs y conocido por ser un pionero en usar los relojes epigenéticos (herramientas para medir la edad biológica de las personas), realizó un estudio en 2013 que contradecía en parte lo afirmado ahora por Stanford, ya que establecía que envejecemos en fases más largas.

Por su parte, el médico e investigador Salvador Macip, quien actualmente lidera el grupo de investigación en Biología de la Neurodegeneración y el Envejecimiento del BarcelonaBeta Brain Research Center (BBRC), afirma que “generalizar en el tema del envejecimiento es complicado. No hay un envejecimiento para todos. Envejecer es algo individual de cada persona e incluso de cada tejido. El hígado no envejece al mismo ritmo que el cerebro o el músculo y, además, el ritmo es diferente entre una persona y otra”.
Envejecer a los 40, 60 y 80 años
Ya se sabía desde hace tiempo que alrededor de los 40 y 50 años hay un bajón en la salud de las personas. “A partir de esas edades se acelera el envejecimiento, coincidiendo con la menopausia en las mujeres. Aunque hasta ahora no estaba tan claro que esto mismo se produjera en los hombres, parece ser que también se registra un bajón de hormonas en ellos (andropausia), que lo acelera”, relata Macip.
Lo que no tiene tan claro es el bajón que se sufre, según el estudio de Stanford, a los 60 años. “No está tan claro que esto pueda suceder en todas las personas. La conclusión del artículo es que no envejecemos a un ritmo constante y que los baches podrían ocurrir alrededor de esos años, pero no olvidemos que esto no es algo que vaya a pasar a toda la población en general. Hay otro estudio de 2019, que analizó la sangre de 4.000 personas, que asegura que también se produce otro bajón en la octava década de la vida”, cuenta el profesor Macip.
Lo que nadie pone en cuestión es la importancia de conocer la velocidad a la que nos hacemos ancianos. Manuel Collado, investigador líder del grupo E028 —Senescencia celular, cáncer y envejecimiento— del Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS), recuerda que “conocer la velocidad a la que envejecemos puede tener una gran relevancia individual desde el punto de vista médico, puesto que podría permitirnos adelantarnos al deterioro físico. El hecho de que este envejecimiento no sea lineal, sino ‘a saltos’, hace que nos preguntemos qué factores son los responsables de esos acelerones e identificarlos podría ofrecer la esperanza de actuar sobre ellos para evitar el deterioro”.
Los órganos se hacen mayores
Por otra parte, se sabe también que nuestros órganos envejecen de manera diferenciada. “La evidencia científica indica que cada órgano y tejido posee su propio ritmo de deterioro influido por factores como la tasa de renovación celular, la exposición a factores externos de estrés y las protecciones específicas que cada sistema posee”, como explica Consuelo Borrás, que pone un ejemplo: “Mientras que el tejido intestinal se renueva rápidamente, el cerebro, pese a contar con la barrera hematoencefálica, es susceptible a procesos como la acumulación de proteínas mal plegadas, lo que puede contribuir al desarrollo de enfermedades como el alzhéimer”.
🧠 Cerebro
Macip coincide en esto. “El cerebro es el órgano que está bajo más presión, está constantemente gastando energía y, por lo tanto, tiene más riesgo de acumular más daño. Prueba de ello es que necesitamos dormir en parte para limpiar todos los metabolitos, es decir, los desechos metabólicos que se generan durante el día, algo esencial”, indica. Pero a pesar de esto, no se puede generalizar. “Hay personas con la cabeza muy clara a los 90 y otras a los 70 que comienzan a fallar”, cuenta Macip.
Esto significa que todavía es muy difícil saber con certeza que órgano envejece más rápido y si esto ocurre igual en todas las personas. “A pesar de que los investigadores aún no tenemos las herramientas para medir el envejecimiento, sin tardar demasiado llegará un momento que se podrá medir con más precisión y veremos que el proceso es muy diferente de una persona a otra”, añade Macip.
El gran reto de la investigación es descubrir en detalle el envejecimiento cerebral. “Resulta fundamental para desarrollar estrategias de prevención, tratamiento e identificación temprana del deterioro”, analiza el investigador del CiMUS, Manuel Collado.
🤒 Envejecimiento de órganos y enfermedades

“Por lo que se sabe hasta ahora por diferentes estudios que han podido determinar la edad biológica de cada órgano, existe una enorme relación entre un envejecimiento acelerado de un órgano concreto y el desarrollo de enfermedades asociadas a ese órgano”, añade.
En concreto, uno de esos estudios, el realizado hace dos años por la Universidad de Stanford, junto con las universidades también norteamericanas de Washington y San Francisco, descubrió que el 18,4 % de los mayores de 50 años tenía al menos un órgano que envejecía significativamente más rápido que la media, lo que significaba que estas personas corren un mayor riesgo de sufrir enfermedades en ese órgano en los próximos 15 años. Además, descubrieron que los órganos con tendencia a envejecer de forma más rápida aumentaban el riesgo de mortalidad por todas las causas.
Medicina preventiva
“Estos resultados abren la puerta a plantearnos una medicina preventiva basada en la determinación de la edad biológica de nuestros órganos que nos permita actuar con anticipación de manera específica, allá donde más se necesite”, indica Collado. Al final, el envejecimiento es el principal factor de riesgo para padecer casi cualquier enfermedad y eso se puede aplicar a todos los órganos. Como señala Macip, “entender la biología del envejecimiento servirá para curar el cáncer, el alzhéimer, la artrosis o las cataratas, porque la base de la enfermedad es siempre la misa: el envejecimiento”.
Los científicos son conscientes de que se ha avanzado mucho en los últimos años, pero también reconocen que aún queda mucho por saber. “Hasta que no lo descubramos no podemos pensar en tratamientos o intervenciones, aunque en las próximas décadas sí que ya tendremos disponibles fármacos para frenar enfermedades —o ralentizarlas— o el mismo envejecimiento. Ya lo hemos conseguido en el laboratorio con animales. Tarde o temprano lo conseguiremos en los humanos”, relata esperanzado Salvador Macip.
¿Transfusiones de sangre joven para frenar el envejecimiento?
Un experimento con resultados prometedores en la búsqueda de fármacos y tratamientos que curen enfermedades puede escapar del laboratorio, gracias a los pocos escrúpulos y a los millones de dólares de billonarios que desean ser eternamente jóvenes. Eso es lo que hay detrás de las polémicas transfusiones de sangre de personas jóvenes a las que se someten constantemente ciertos millonarios californianos como terapia de belleza y que recientemente se han vuelto virales en las redes sociales.

“La parabiosis es un experimento científico que consiste en conectar la circulación sanguínea completa de un ratón mayor con la de uno joven. Y, efectivamente, se ve como el adulto rejuvenece. Pero esto no tiene ningún sentido fuera del laboratorio”, explica el investigador Salvador Macip.
- Primero, porque en estos experimentos la circulación es continua en todo momento, por lo que para replicarlo las dos personas tendrían que tener sus sistemas circulatorios conectados quirúrgicamente.
- Segundo, porque el estudio que se publicó en Cell Stem Cell demostró que la parabiosis provoca la revitalización de las células madre y el rejuvenecimiento de los tejidos envejecidos, pero eso no significa que alargara la vida de los ratones y, además, el ratón joven en cierta parte se sacrifica al envejecer más rápidamente.
“La clave para la ciencia está en encontrar qué factor del plasma joven es capaz de mantener los tejidos, no en realizar transfusiones. Hay que dejar que la ciencia siga su curso y encontrar qué componentes tiene la sangre joven —de momento hay diferentes teorías sobre cuáles son— con potencial para rejuvenecer. Es prometedor, pero hay que darles tiempo a las investigaciones”, concluye Salvador Macip.
Una buena alimentación puede retrasar la vejez
El científico del CiMUS Ricardo Villa Bellosta centra sus investigaciones en cómo los nutrientes de la dieta afectan a la longevidad. “Aunque el envejecimiento es multifactorial, la alimentación es uno de los factores más importantes y modificables. La dieta es uno de los pilares fundamentales para un envejecimiento saludable”, cuenta el investigador.
Son muchas las ocasiones que nos recomiendan la restricción calórica para prevenir la inflamación y el envejecimiento, pero ¿se refieren al ayuno o a reducir calorías? “Son conceptos relacionados, pero diferentes”, detalla Villa Bellosta:
- La restricción calórica consiste en bajar la ingesta diaria total, entre un 20-40 %, pero manteniendo todos los nutrientes esenciales.
- El ayuno intermitente se basa en alternar periodos de ayuno y alimentación, y puede llevar indirectamente a una restricción calórica, pero no siempre.
“Ambos métodos parecen activar mecanismos similares, como la reducción de estrés oxidativo o la mejora de la sensibilidad a la insulina, por lo que ambos pueden tener beneficios”, añade. Pero antes de seguir estas dietas, se recomienda ponerse en manos de profesionales.


