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“Las vacunas y la potabilización de las aguas son lo que más impacto ha tenido en la salud”

José María Martín Moreno, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia

Imagen: JMM

Entre el 19 y el 26 de abril se celebra la Semana Mundial de la Inmunización con la que la Organización Mundial de la Salud (OMS) pretende difundir el papel determinante que las vacunas han tenido en la erradicación de numerosas enfermedades y en el control de otras muchas. La pandemia de la covid-19 ha proporcionado a las vacunas un protagonismo impensable hasta ahora en un medicamento. El fin de la pesadilla mundial que hemos vivido pasa por disponer de dosis suficientes y por conseguir que lleguen a toda la población cuanto antes. José María Martín Moreno, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, repasa en esta entrevista la importancia de la inmunización en la covid-19 y reflexiona sobre la batalla que la ciencia libra para evitar que los microorganismos pongan en juego la salud de la población.

¿El debate sobre los efectos secundarios de algunas vacunas contra la covid-19 lesionará o fortalecerá su imagen?

Dependerá de la comunicación que se haga de las vacunas. Se sabe que al poner millones de dosis pueden ocurrir efectos diversos, la mayoría leves, como febrícula o dolor en la zona donde se inyecta. También puede haber un accidente en la manipulación de la inyección o un síncope porque una persona se desmaye por miedo a la aguja. Incluso puede aparecer un problema que no tiene que ver con la vacuna, sino que se ha manifestado al mismo tiempo que se ha administrado. Eso sí, cuando hay una relación potencialmente causal, hay que estudiar ese efecto adverso con mucho rigor y reconocerlo para tener la máxima precaución protegiendo a las personas. Si esto se visualiza, fortalecerá la confianza en las vacunas. Aunque los efectos secundarios sean muy escasos e infrecuentes, todos los ciudadanos tenemos que tener la sensación de que se nos está diciendo la verdad y que estamos protegidos por un sistema de farmacovigilancia centrado en la máxima protección de la población.

¿Son seguras las vacunas?

El riesgo cero no existe, pero las vacunas merecen la mayor de las confianzas. Son productos terapéuticos sujetos a un especial cuidado en su evaluación. Las tres fases de investigación experimental en humanos que siguen para eliminar cualquier toxicidad, garantizar la seguridad y la inmunogenicidad (capacidad de un antígeno para activar el sistema inmunitario) y demostrar la eficacia son una garantía. Cuando se aprueban han pasado todos los filtros necesarios que yo le pediría a algo que fuera a administrar a mis hijos. Además, la cuarta fase (postcomercialización), asegura un seguimiento de los posibles problemas que puedan surgir para poder corregirlos.

La proliferación de informaciones, muchas veces contradictorias, ha generado cierta incertidumbre. La comunicación parece diseñada por el movimiento antivacunas.

La comunicación que ha habido en torno a ciertas vacunas, a sus efectos secundarios y la falta de seguridad, así como la segmentación de los grupos de edad que deberían recibirlas, no ha sido suficientemente clara. En algún momento habría que estudiar desde el punto de vista geopolítico o geocomercial a qué se debe tamaño dislate. Parece como si se hubiera generado ese debate precisamente para que la gente tenga dudas, aumentando el rechazo y disminuyendo la demanda.

¿Por qué es importante la inmunización?

El cuerpo constituye un mecanismo asombroso que se protege del ataque de agentes externos dañinos mediante el sistema inmunológico. Su función es proporcionarle inmunidad, es decir, impedir que los microorganismos utilicen nuestras células o nuestro material genético para multiplicarse dañándonos a nosotros. Normalmente, la inmunidad es natural. El cuerpo tarda unas dos semanas en generar anticuerpos frente a un agente extraño. Pero, si los microorganismos entran de forma masiva, no le da tiempo a generar esa guardia pretoriana que le defienda. Por eso se hace imprescindible estimular el sistema inmunitario con vacunas, para que prepare herramientas para defenderse.

¿Cómo se estimula el sistema inmunitario?

Antes se empleaban vacunas de microorganismos vivos atenuados, virus y bacterias debilitados, con menos fuerza. Después surgieron otras más seguras que inactivaban al guerrero. Es como el Cid, que ya estaba muerto, pero seguía encima del caballo. Son vacunas, como la de la gripe, que no pueden producir la infección. Después ha habido más avances. Hay algunas elaboradas con péptidos. Es la coraza del guerrero enemigo que, sin embargo, se expone al sistema inmunitario para que lo reconozca y vaya contra él. Otras son fundamentalmente genéticas. Estas, sin producir infección o daño alguno, hacen que nuestras células fabriquen justo las partes de la coraza del microorganismo que nuestros anticuerpos verán cuando de verdad nos invada. En todas las modalidades el objetivo es que nuestro cuerpo desarrolle anticuerpos para que cuando llegue ese microorganismo sea capaz de eliminarlo.

Muchas de las enfermedades que se han erradicado o controlado gracias a las vacunas, como la viruela o la poliomielitis, han desparecido de la memoria colectiva. ¿Convendría dar a conocer qué pasaba antes de que hubiera vacunas?

Sí. Lo que ocurre es que estamos en una sociedad que vive muy deprisa y no valora suficientemente la historia. Deberíamos tener presente que las sociedades y las personas que no valoran la historia están condenadas a repetirla.

¿Cómo ha repercutido la inmunización en la salud pública?

Está demostrado que las vacunas junto con la potabilización de las aguas es lo que más impacto ha tenido en la salud de las personas.

¿Por qué varía tanto la eficacia de unas vacunas a otras?

Depende de las características del propio microorganismo, como por ejemplo, un virus. Su objetivo es multiplicarse y paralizar la maquinaria celular del organismo. Y para hacerlo dispone en la cadena de RNA de cuatro bases: adenina, guanina, citosina y uracilo. Esos cuatro moldes se van copiando y multiplicando, pero en esa multiplicación rápida puede haber errores de transcripción. Para entenderlo, imaginemos un libro que al fotocopiarse una y otra vez de pronto empezara a cambiar parte del texto. Al principio, seguiría leyéndose, pero poco a poco el texto resultaría ilegible. El resultado sería un libro distinto al original. Esto es lo que pasa con el virus. Se ha modificado lo suficiente para que no sea visible a los ojos del defensor inmunológico.

¿Es lo que ocurre con el virus de la gripe?

Sí, muta mucho, de ahí que haya que elaborar una vacuna cada año. También ocurre con el VIH y por eso ha sido imposible hasta ahora hallar una vacuna. El coronavirus muta bastante, aunque no tanto como los anteriores. Pero cuanto más tiempo lo dejemos paseándose por el mundo, más mutará. Si le dejamos cambiar de armadura, de texto o de camuflaje para engañarnos, peor. Por eso es importante vacunar a la población cuanto antes.

Dados los riesgos que entraña que una población no esté bien protegida contra una enfermedad, ¿debería ser obligatoria la vacunación?

No soy partidario de que sea obligatoria, sino más bien de explicar y persuadir a la población para que se vacune voluntariamente. Hablamos de un medicamento que produce un beneficio mucho mayor que el potencial perjuicio que pueda darse, y eso debería ser razón suficiente para utilizarlo. La obligatoriedad de la vacunación es propia de sociedades en la que la decisión no se deja en manos de las personas, sino que las toman otros por ellas. No soy muy partidario de ese tipo de sociedades.

¿Qué hacen las administraciones sanitarias para garantizar la seguridad de las vacunas?

Existe un sistema de validación científica de los estudios que constituye una garantía, y las administraciones encargadas de la evaluación, como la Agencia Europea del Medicamento, tienen que avaluar todos y cada uno de los puntos relacionados con la vacuna. Solo se autoriza cuando está todo en orden y se han resuelto las posibles pegas.

En casos como la vacuna contra el covid-19, ¿se ha corrido demasiado en la aprobación de las vacunas?

No. La aprobación puede ser definitiva, para uso comercial, o de urgencia, para una situación como la que hemos tenido. Que se haya autorizado de urgencia no quiere decir que no se haya evaluado bien. En cualquier caso, sea aprobada una vacuna por un procedimiento u otro, existe un último mecanismo de seguridad: la farmacovigilancia. En la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios existe un sistema de notificación al que los profesionales deben comunicar cualquier problema que pueda surgir.

El hito anticovid: vacunas en menos de un año

Las primeras vacunas contra la covid-19 se administraron en Europa diez meses después de la irrupción del coronavirus. Es un plazo extraordinario que puede dar la impresión de que quizá se haya corrido demasiado. Sin embargo, según los expertos, no ha sido así. Las claves del éxito científico las apunta José María Martín Moreno: “Se han puesto muchísimos recursos para lograr las vacunas, como nunca antes en la historia. Un proceso que normalmente habría durado cinco años se ha hecho en menos de uno”.

La pandemia ha traído muchas calamidades y se han cometido muchos errores que enmendar, pero de la experiencia también pueden extraerse elementos positivos, como señala el catedrático de la Universidad de Valencia: “El plazo en el que se han conseguido las vacunas es algo extraordinario y esa es una lección que podemos sacar. Cuando uno quiere una cosa, si se ponen la energía, los recursos y la pasión necesarias, se consigue”. Sobre el control definitivo de la pandemia, Martín Moreno es optimista, está convencido de que “con cohesión y determinación poco a poco lograremos vencerla de una vez y por todas”.


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