Microquimerismo, el intercambio celular

Además de los lazos afectivos entre madre e hijo, hay un vínculo físico en forma de intercambio de células progenitoras que persisten durante mucho tiempo
Por Teresa Romanillos 17 de diciembre de 2007

Hace algunos años que sabemos que durante la gestación hay un intercambio de células progenitoras entre madre e hijo. Estas células, que pueden persistir durante mucho tiempo, a menudo son unos huéspedes amables que ayudan a reparar daños que se producen en los tejidos, aunque en otros casos se ha demostrado que pueden ser el origen de determinadas enfermedades.

Dos poblaciones celulares

Dos poblaciones celulares

El amor entre madre e hijo ahora se sabe que va más allá del cariño, por un vínculo físico en forma de intercambio de células. Desde el punto de vista de la supervivencia de la especie, este fenómeno podría tener sentido porque con el aporte por parte del feto de nuevas células reparadoras la madre podría vivir más. Por otra parte, la madre sigue dando vida más allá de los nueve meses de gestación ya que sus células pueden también ayudar a subsanar deficiencias en su hijo.

Este fenómeno, reportado por primera vez en 1981, despertó cierto escepticismo ya que no quedaba explicado como células extrañas al organismo podían ser aceptadas por el sistema inmune y sobrevivir tantos años. Las células fetales pueden sobrevivir en el organismo materno durante décadas después del embarazo; de la misma manera, las células de la madre también sobreviven en el niño durante años. En un estudio, en una mujer se identificaron células procedentes de su hijo que ya había cumplido los 27 años.

El intercambio de células podría ayudar a reparar daños que se producen en los tejidos de la madre y el hijo

El microquimerismo es la coexistencia de dos poblaciones celulares diferentes (originadas en individuos genéticamente distintos), presentes en un solo individuo. En la naturaleza, la causa más frecuente es el microquimerismo asociado al embarazo debido a un intercambio bidireccional de células entre el feto y la madre. También se produce microquimerismo en el caso de los trasplantes y las transfusiones. Pero este fenómeno también puede presentar contradicciones.

Si bien se han identificado casos en que estas células pueden ser unos ‘huéspedes amables’ que ayudan a reparar daños que se producen en los tejidos maternos, en otros casos se ha demostrado que pueden ser el origen de determinadas enfermedades. Por este motivo, cada año aparecen varios estudios sobre el tema. La comprensión de las células que se transfieren, su localización y su funcionalidad, podría llevar a minimizar los efectos perjudiciales de este fenómeno y a potenciar sus probables beneficios con objetivos terapéuticos.

Intercambio beneficioso

/imgs/2007/12/celulashigado1.jpgHepatocitos

Los beneficios de este intercambio de células parecen ser mutuos ya que, recientemente, un estudio efectuado por en el Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson en Seattle (EE.UU.), pone de manifiesto que las células que pasan de madre a hijo durante el embarazo pueden diferenciarse, a nivel del páncreas, en islotes de células beta funcionales que producen insulina en el niño.

En la investigación también se evidenció que en la sangre de niños y adultos jóvenes con diabetes tipo 1 había mayor cantidad de ADN materno que en la de sus hermanos sanos, lo que induce a pensar que podrían estar intentando reparar el tejido dañado. No se hallaron evidencias de que las células maternas estuvieran ‘atacando’ a los islotes pancreáticos del niño ni tampoco de que fueran objeto de una respuesta agresiva por parte del sistema inmune del niño.

Según comentarios de la reumatóloga e inmunóloga J. Lee Nelson, autora principal del estudio, las células maternas podrían estar ayudando a regenerar el tejido dañado en el páncreas, y postula que el niño es probablemente tolerante a las células de la madre debido a que las adquirió durante la fase fetal mientras su sistema inmune aún se estaba desarrollando.

La otra cara de la moneda

Durante el embarazo, las células fetales atraviesan la placenta hacia la circulación materna y podrían inician una reacción injerto contra huésped

En algunos casos, el intercambio de células entre madre e hijo puede tener efectos perjudiciales para la salud materna. Nelson fue la primera en formular la hipótesis de que la presencia de células fetales en el organismo materno pudiera ser el origen de enfermedades autoinmunes. Este tipo de patología es mucho más frecuente en mujeres, y presenta una similitud de ciertos síntomas con los de la enfermedad “injerto contra huésped” (EicH) ligado a los trasplantes de médula ósea.

La esclerodermia fue la primera enfermedad autoinmune en la que se identificó el posible papel del microquimerismo en su origen. Investigadores sugieren que durante el embarazo, las células fetales atraviesan la placenta hacia la circulación materna y, posteriormente, inician una reacción injerto contra huésped. En un estudio comparativo entre en 17 pacientes con esclerodermia y 23 personas sanas, las primeras tenían 30 veces más células fetales en su sangre que el grupo control. Estas células pertenecían al sistema inmune fetal, concretamente eran linfocitos que identificaban a las células de la madre como ‘extrañas’ y, por lo tanto, las atacaban.

Posteriormente, se ha demostrado el papel del microquimerismo en enfermedades como la cirrosis biliar primaria, el síndrome de Sjögren, el lupus sistémico y la dermatomiositis, entre otras. También parece que este fenómeno puede tener algún papel en el origen de dos patologías asociadas al embarazo: la preeclampsia y la erupción polimórfica. En uno de los estudios efectuados se comprobó que las mujeres con preeclampsia tenían aproximadamente 1 célula fetal por cada 1.000 células en la circulación materna, mientras que en las mujeres embarazadas sanas, la proporción era sólo de 1 por millón.

En relación al efecto letal del microquimerismo en la madre, un estudio evidenció que las mujeres que habían tenido hijos de distintos padres tenían una mayor mortalidad a largo plazo. En este caso se supone que cada uno de los hijos aporta células con cargas genéticas muy diferentes por lo que, probablemente, la madre toleraría peor esta situación.