Risoterapia

Reírse contribuye a que el organismo funcione mejor y protege contra la angustia
Por Uxua García Antoñana 10 de enero de 2003

La risa no sólo es un ejercicio saludable por el bienestar inmediato que produce. Cada vez es más habitual su uso como terapia para curar. Sus ventajas son múltiples: los expertos aseguran que la risa inmuniza contra la depresión y contra la angustia, y también se ha comprobado que cinco o seis minutos de risa continua actúan como analgésico. Además, pone en funcionamiento 400 músculos, ayuda a liberar la tensión acumulada en la columna vertebral y rebaja el dolor. Por esta razón, es importante aprender reírse de la manera adecuada. Para ello, se han creado escuelas en las que se enseña a conocer las propiedades individuales de la risa y su utilización. Es lo que se conoce con el nombre de risoterapia.

Por qué es bueno reírse

Los efectos que la risa produce en el organismo humano son múltiples. Todos ellos positivos y recomendables. Estos son algunos:

  • Ejercicio:Con cada carcajada se pone en marcha cerca de 400 músculos, incluidos algunos del estómago que sólo se pueden ejercitar con la risa.

  • Masaje:La columna vertebral y cervicales, donde por lo general se acumulan tensiones, se estiran. Además, se estimula el bazo y se eliminan las toxinas. Con este movimiento el diafragma origina un masaje interno que facilita la digestión y ayuda a reducir los ácidos grasos y las sustancias tóxicas.

  • Limpieza:Se lubrica y limpian los ojos con lágrimas. La carcajada hace vibrar la cabeza y se despeja la nariz y el oído.

  • Oxigenación:Entra el doble de aire en los pulmones, de ahí que la piel se oxigene más. En concreto, los pulmones mueven 12 litros de aire, en vez de los 6 habituales, lo que mejora la respiración y aumenta la oxigenación. Con esto se desmiente la idea de que la risa provoca arrugas en el rostro, ya que lo tonifica.

  • Felicidad:Favorece la producción de endorfinas y encefalinas en el cerebro, que son los neurotransmisores (formados por cadenas de aminoácidos) que se encuentran sobretodo en el sistema límbico y cuya función es combatir el dolor disminuyendo la receptividad del organismo ante estímulos dolorosos; es así como la risa estimula la producción de endorfinas y, por tanto, disminuye la intensidad de los fenómenos dolorosos.

Tantas ventajas no han pasado desapercibidas para nadie. Incluso organizaciones como Médicos sin Fronteras y Payasos sin Fronteras han hecho de la risa una forma de trabajar con personas que han perdido la sonrisa. La utilizan como terapia para superar otro tipo de problemas, bien de carácter psicológico o de otra naturaleza.

Un ejemplo de ello es el programa Correos reparte sonrisas, que en su tercera edición ha conseguido hacer reír a 1.460 niños en 21 hospitales materno infantiles de toda España. Otros centros sanitarios, como el Son Dureta en Palma de Mallorca y El Niño Jesús de Madrid, también utilizan el humor en sus terapias, incluso en la Facultad de Medicina de la Universidad de Lleida se ha incluido la asignatura “El humor como herramienta terapéutica”.

Lo mejor, las carcajadas

La risa franca estimula casi todos los órganos, sobre todo si se tiene en cuenta el incremento de la circulación que sigue al masaje vibratorio producido por los espasmos del diafragma. Gracias a ello, los órganos funcionan mejor y su resistencia a las enfermedades es mayor.

Además, durante el acto de reír se liberan endorfinas, los sedantes naturales del cerebro, similares a la morfina. Por eso cinco o seis minutos de risa continua actúan como un analgésico. De ahí que se utilice para terapias de convalecencia que requieren una movilización rápida del sistema inmunológico. La risa inmuniza contra la depresión y contra la angustia.

Mari Cruz García Rodera, con más de 20 años de experiencia, es la fundadora de la primera y única Escuela de la Risa en España y de la Asociación Mundial de la Risa. “Cualquier risa no sirve para obtener los beneficios que buscamos. Si la carcajada no vibra y no es auténtica, no se consigue nada. Debe ser una risa sana.

Aunque en más de ocasión la risa pueda parecer algo intrascendente, se ha demostrado que resulta muy favorable para la salud, incluso tiene su propio lugar físico en el cerebro. Este lugar se encuentra en una zona del tamaño de una ciruela, el córtex prefontal. Esta zona es la parte más humana del cerebro, la que no desarrollan otros animales. Según los expertos, en ella reside la creatividad, la capacidad para pensar en el futuro y la moral. De ahí que seamos los únicos seres con capacidad de reír (no de alegrarse, que es muy diferente). Lo que sucede cuando nos reímos es que el cerebro procesa la información en un área diferente de la habitual, que variará según el tipo de humor.

Eso es todo lo que se conoce del origen de la risa, que es mucho menos de lo que se conoce sobre sus ventajas. La primera de ellas es el bienestar inmediato durante y después de una carcajada.

Esta sensación de bienestar procede de los espasmos clónicos del diafragma, el gran músculo que separa la cavidad pectoral de la abdominal y uno de los principales factores que intervienen en el proceso. El diafragma se encuentra en íntima relación anatómica con todos los órganos del cuerpo que apoyan la vida física. Siempre que haya movimientos convulsivos en el diafragma dichos órganos se ven afectados e manera positiva pura, intensa y proyectada desde dentro. “La risa maliciosa o burlona no sirve”, explica la experta.

Reconocimiento médico de la risoterapia

Aunque siempre se ha sabido que el sentido del humor influye en la recuperación de los enfermos, fue a partir de la década de los 70 cuando la risoterapia cosiguió el empujón definitivo con el famoso caso de Norman Cousins, un importante ejecutivo de Nueva York, conocido crítico y editor de Saturday Review. A los cincuenta años le fue diagnosticada espondolitis anquilosante, una enfermedad basada en una especie de artritis espinal sumamente dolorosa, que lo dejó lisiado.

Por si fuera poco, los doctores no conocían la cura para la enfermedad y ante este panorama nada alentador, Cousins cayó en un estado de depresión mayor. Mientras más se deprimía peor era su estado y el dolor se hacía cada vez más intenso.

Los médicos le aconsejaron que probara a reírse un poco para sentirse mejor. Así, Cousins pidió varias películas cómicas, cortos de “El gordo y el flaco” y varias de los hermanos Marx. Apenas empezó a ver estas películas y a reírse a carcajadas comenzó a sentirse mejor. Descubrió que por diez minutos de risa a mandíbula batiente lograba eliminar el dolor por dos horas. Mientras más se reía mejor se sentía físicamente. Combinando sus terapias de risa con dosis de vitamina C y siguiendo las indicaciones de los médicos, logró curarse por completo de su enfermedad para luego escribir un libro titulado Anatomía de la risa.

Mari Cruz García asegura que todavía hay un sector médico que se resiste a aceptar el buen humor o la carcajada como terapia, pero que los buenos resultados obtenidos provocan que cada vez se utilice más, y que se acerquen hasta su escuela un mayor número de doctores y especialistas en otras áreas de salud. “En estos momentos nos llaman muchos médicos no sólo de la península, sino de todo el mundo”, afirma.

Aprender a reírse

Un niño sano ríe 300 veces al día. Sin embargo, a medida que crecemos y nos vamos llenando de recuerdos serios, la risa es cada vez más costosa. Como cualquier otro ejercicio, necesita ser practicado: cuánto más nos reímos más fácil es luego provocar la risa y viceversa. Además, a reír se aprende.

En las escuelas de risa enseñan que las técnicas deben estar orientadas a reírse de la situación de los demás y también de la propia. “Es importante saber reírte con los demás, no de los demás, y aprender a sacar lo mejor de tu risa. En ocasiones, con tan sólo un par de sesiones, una persona puede conocer aspectos de su risa que le pueden ayudar para el resto de la vida”, afirma García Rodera.

Hay que tener en cuenta que los profesores no son humoristas, sino técnicos. Un humorista busca provocar la risa con un chiste o una situación; los técnicos nos enseñan a reír de la mejor forma posible sin esperar algo gracioso para hacerlo, y se preparan y estudian para ello.

En qué consiste una clase de risoterapia

Consta de diferentes partes:

  • Teoría: se repasa todo lo referente a la risa en las diferentes culturas, así como las distintas clases de risa que se conocen (acogedora, maliciosa, nerviosa, hueca, histérica, profunda…). Se estudia también la parte de la memoria en la que almacenamos los momentos en los que se ha producido la risa.

  • Una parte práctica de estiramientos: el movimiento desbloquea el cuerpo y éste se relaja. Por eso se hacen unos ejercicios de pulmones, espalda y estómago, para reír de la mejor forma y con la máxima facilidad. Conviene estar tumbado porque hay veces que los ataques de risa son de tal calibre que una persona no los puede soportar ni de pie ni sentado, así lo asegura la experta.

  • Comunicación: ejercicios de comunicación con el fin de desinhibirse y crear complicidad entre los alumnos.

  • Técnicas: se trata de practicar diversas técnicas con el fin de buscar la diversión y la vuelta a la infancia para lograr la mejor risa, es decir, la más saludable, esa que proporciona una carcajada intensa y pura.

“Cada persona es diferente, algunos con la risa más fácil o más sana que otros, por eso en las clases se aprenden las técnicas básicas útiles para todos. Se utiliza mucho el mundo de los sentidos porque éstos están en contacto directo con la risa, y es lo que más éxito tiene a la hora de hacer reír”, explica Mari Cruz García en referencia a las clases que se dan en su escuela.