Este dolor de cabeza, ¿es una migraña?

Más de cinco millones de españoles sufren este tipo de dolor de cabeza, que supone la primera causa de discapacidad en menores de 50 años y que está infradiagnosticada
Por María Huidobro González 6 de febrero de 2020
Mujer con migraña
Imagen: sweetlouise

El estrés por un examen, la regla, excesos festivos, un cambio radical en el clima… Muchos son los factores desencadenantes de la enfermedad neurológica más prevalente en España: la migraña. Más de cinco millones de españoles sufren este tipo de dolor de cabeza que supone la primera causa de discapacidad en menores de 50 años. Sin embargo, según la Sociedad Española de Neurología (SEN), hasta un 25 % de los que la padecen jamás lo ha consultado sobre ello con un médico. La conocida también como jaqueca está infradiagnosticada y, por tanto, insuficientemente tratada, con la peligrosa automedicación con analgésicos sin receta como efecto más palpable. Por eso, en las siguientes líneas explicamos cómo reconocer si tu dolor de cabeza puede ser una migraña y exponemos algunas rutinas para mitigarla. Además, te contamos una iniciativa pionera en España en cuanto a investigación para prevenirla.

La migraña afecta a un 12-13 % de la población, es decir, a cinco millones de españoles. De ellos, el 80 % son mujeres y, por lo general, tienen entre 20 y 40 años. Según cifras de la SEN, cerca de 1,5 millones sufren migraña crónica y, aproximadamente, al año, un 3 % de los pacientes con migraña episódica pasan a tener una migraña crónica. Pero ¿cómo saber si un dolor de cabeza lo es?

Qué es la migraña

La migraña es una cefalea primaria, es decir, que es el único o principal síntoma de la enfermedad. Se presenta con ataques cuyos episodios de dolor, sin el tratamiento adecuado, duran entre 4 y 72 horas e impiden desarrollar las actividades diarias. El dolor, de carácter pulsátil (como un latido), es de intensidad moderada o severa, se localiza habitualmente en un único lado de la cabeza y puede ir asociado a náuseas, vómitos, hipersensibilidad a la luz (fotofobia), al ruido (fonofobia) y al movimiento y alteración de la cognición.

Joven con ataque de migrañaaImagen: Alexis

Como explican desde la SEN, las formas más clásicas de migraña son:

  • según sus síntomas: migraña sin aura o con aura (síntomas transitorios generalmente visuales, pero que también pueden ser sensitivos o manifestarse con alteraciones en la expresión y comprensión del lenguaje).
  • según la frecuencia en la que se padezca dolor de cabeza: migraña episódica o migraña crónica (cuando los pacientes tienen cefalea más de 15 días al mes).

Durante el ataque de migrañas se produce una inflamación de las meninges no infecciosa como consecuencia de la liberación de sustancias inflamatorias del nervio trigémino (el nervio que transmite la sensibilidad de la cabeza). De ahí el dolor, que puede empeorar o aumentar cuando movemos la cabeza y que se puede presentar desde una vez al año hasta varias veces a la semana. Ante este dolor intenso y un cerebro que no responde como debería, el paciente se tiene que quedar en casa, con la luz apagada y sin ruido.

Y esto tiene sus consecuencias, como recuerda la neuróloga Patricia Pozo-Rosich, responsable de la Unidad de Cefalea del Hospital Universitario Vall d’Hebron en Barcelona: “La migraña es la segunda enfermedad neurológica más incapacitante por los años perdidos, el sufrimiento y la falta de productividad que genera. Por ejemplo, a una persona que sufre un ataque de migraña semanal en 40 años le quita 5,4 años de vida; y si lo tiene 15 días al mes, la suma sube hasta los 20 años”.

¿Cómo saber si tengo migrañas? En la web Midolordecabeza.org, fundada e impulsada por la doctora Pozo-Rosich y avalada por la SEN y la Fundación del Cerebro, hay un sencillo test con el que poder hacer un autodiagnóstico del dolor de cabeza. Pero, como advierten sus responsables, “el tratamiento adecuado requiere de un diagnóstico y una medicación personalizados por parte de un médico especialista”.

Diagnóstico, tratamiento y prevención

El diagnóstico precoz para poder llevar un tratamiento individualizado, en función de las características de cada paciente, es indispensable. En los ataques y las crisis de migraña funcionan los analgésicos, los antiinflamatorios y los triptanes. Y entre los preventivos, los más comunes son los antidepresivos, la toxina botulínica de tipo A, los minerales, las vitaminas, las medicinas para la presión arterial y los anticonvulsivos. Precisamente, desde noviembre, los hospitales españoles pueden administrar dos nuevos fármacos que bloquean la migraña (erenumab y galcanezumab), pero solo estarán cubiertos por la sanidad pública para pacientes con más de ocho ataques al mes y que hayan probado sin éxito al menos tres tratamientos preventivos convencionales.

Hombre con ataque de migrañaImagen: StockSnap

Pero este diagnóstico tan necesario hoy en día resulta complicado. Según el informe ‘Impacto y situación de la Migraña: Atlas 2018’, promovido por la Asociación Española de Migraña y Cefalea (Aemice), el 75 % de las personas con migraña tarda más de dos años en ser diagnosticadas; en concreto, el retraso es de 6,4 años de media para las episódicas y de 7,3 en los casos de las crónicas. De hecho, según datos de la SEN, un 25 % de los pacientes que sufren migraña nunca ha consultado por su dolencia con el médico y un 50 % abandona el seguimiento tras las primeras consultas. Esto conlleva que esta enfermedad esté infratratada y que más del 50 % de los pacientes se automediquen con analgésicos sin receta, lo que puede cronificarla.

A los factores de riesgo principales (hereditarios, uso frecuente de analgésicos, ser mujer, malos hábitos higiénico-dietéticos y desarrollar ansiedad o depresión), se unen factores desencadenantes diversos (alimentación, estrés, condiciones ambientales…), como comentamos en este artículo sobre el dolor de cabeza. Algunos son controlables y otros no. ¿Qué hacer entonces? Poner de nuestra parte para limitar los efectos de los controlables en los ataques. Para ello, hay que atender a estos cinco desencadenantes:

  • Estrés. Reconocer y gestionar los focos de estrés y ansiedad. Practicar actividad física y ejercicios de autorrelajación contribuirán a ello.
  • Horarios. Establecer una rutina diaria, incluso para fines de semana y festivos y dormir las horas de sueño justas.
  • Alimentación. Para que un alimento pueda considerarse como factor desencadenante, debe precipitar el ataque en menos de tres horas desde su ingesta. Eso sí, excesos de café y alcohol no son nada positivos.
  • Actividad física. Practicada de manera frecuente y moderada ayuda a mantener a raya los ataques de migraña. No descuidar la hidratación.
  • Fármacos. No caer en la automedicación. Un abuso de analgésicos para aliviar el dolor de cabeza puede empeorarlo y determinados medicamentos pueden tener como efecto secundario una cefalea.

Actividad física para prevenir la migrañaImagen: MabelAmber

Nuevo espacio de investigación: Migraine Adaptive Brain Center

Para entender mucho mejor cómo funciona el cerebro de las personas con migraña, en octubre se puso en marcha, gracias a una donación de la Fundación La Caixa, un nuevo espacio de tratamiento e investigación en el Hospital Universitario Valld’Hebron. Se llama Migraine Adaptive Brain Center. “El cerebro es un órgano difícilmente accesible que necesitamos abordarlo a través del estudio de la genética, la neuroimagen, la bioquímica y la neurofisiología. Y con este nuevo centro podemos también estudiarlo desde la parte funcional (neurofisiología), es decir, ver cómo el cerebro reacciona ante distintos estímulos. Utilizamos la migraña para entender las funciones adaptativas del cerebro”, explica su responsable, la doctora Pozo-Rosich.

Porque en este centro no solo se estudiará por qué el cerebro con migraña reacciona de forma exagerada a ciertos estímulos, como la luz, el ruido o el clima, y así poder avanzar en la comprensión de su funcionamiento y encontrar nuevos tratamientos para mejorar la vida de las personas afectadas por esta enfermedad. También se investigará para entender cómo este órgano nos permite adaptarnos al entorno.

Y es que mientras el cerebro de una persona sin migraña se adapta a los cambios bruscos como una luz intensa o un ruido repetitivo, el migrañoso tiene más dificultades, está siempre en alerta y esas alteraciones pueden desencadenar un ataque. “Entender cómo el cerebro de una persona con migraña se sincroniza (o hipersincroniza) con el entorno puede tener también derivaciones prácticas para mejorar la calidad de vida del resto de las personas. Por ejemplo, para promover en los lugares de trabajo condiciones de iluminación y ruido saludables para el cerebro de todos los trabajadores”, explican desde el Migraine Adaptive Brain Center. “El corazón da años de vida, pero el cerebro da calidad de vida. Estamos en el momento de ver las estrategias que lo consigan”, manifiesta la también jefa del Grupo de Cefalea y Dolor Neurológico del VHIR (Vall d’Hebron Institut de Recerca).

Para ello, los pacientes tienen un papel esencial en estas instalaciones, donde también se cuenta con una parte asistencial, de consulta y de educación sobre los aspectos que tienen que tener en cuenta para entender su enfermedad a raíz de los datos que ellos mismos proporcionen en los dispositivos tecnológicos del centro. Podrán participar en sus proyectos de investigación, focalizados en conocer cómo se desencadenan los ataques de migraña y así poder ser capaces de dar estrategias a los pacientes para predecirlos y para convivir con esta patología mejorando al máximo su calidad de vida. “También veremos los cambios que experimentan los pacientes con los tratamientos nuevos que acaba de empezar a financiarse”, asegura la neuróloga.

Pero en el Migraine Adaptive Brain Center también necesitan personas que no tengan cefaleas y que quieran participar en los estudios. Pueden dirigirse al correo electrónico cefalea@vhir.org

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