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“La migraña es muy incapacitante y falta mucha comprensión hacia el paciente que la sufre”

Jesús Porta, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid

Imagen: Eroski Consumer

El 12 de septiembre se celebra el Día Internacional de Acción contra la Migraña, cuyo objetivo es sensibilizar sobre una enfermedad que puede condicionar la vida de las personas. Tener un dolor de cabeza intenso altera la calidad de vida de los pacientes y condiciona sus relaciones. Jesús Porta, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, invita a mirar de otra manera una patología que afecta, sobre todo, a las mujeres. Aborda también algunos mitos que la rodean, como su vinculación con el consumo de determinados alimentos.

 

Migraña y cefalea son términos que con frecuencia se confunden. ¿Qué designa cada uno?

Los especialistas utilizamos cefalea para describir un dolor de cabeza. Puede deberse a múltiples causas, por ejemplo, una migraña, un golpe o una resaca. La migraña, en cambio, es una enfermedad, una disfunción cerebral con unas características concretas. El dolor suele ser pulsátil, en muchos casos se acompaña de náuseas o vómitos y al paciente le molesta la luz, los ruidos y, a veces, los olores.

¿Se conoce el origen de la migraña?

En neurología, desgraciadamente, no conocemos el origen primario de patologías como la migraña, pero sí hemos acumulado mucho conocimiento y en los últimos años se ha avanzado mucho. Conocemos la fisiopatología, es decir, por qué se produce el dolor de cabeza y qué vías están participando en la aparición de los síntomas. Sobre la migraña sabemos que a los pacientes se les activa el hipotálamo, una estructura del cerebro que en algunos casos puede ser el elemento inicial a partir del cual se desencadenen todos los síntomas.

¿Tiene un componente genético?

Sí, es poligénica. Hoy sabemos que si los progenitores sufren migraña, la probabilidad de que los hijos la tengan es mucho más alta. Por otra parte, también es epigenética. Esto quiere decir que hay factores ambientales que van a influir en la genética para que aparezca la enfermedad. Por ejemplo, los cambios hormonales de la adolescencia es uno de los factores epigenéticos más importantes para la migraña. Esto hace que la prevalencia en las mujeres llegue hasta un 18 %, mientras que en los hombres se quede en un 7 %.

¿Cómo afecta a la vida social, familiar y laboral?

Es una enfermedad completamente discapacitante en todos los ámbitos y nos falta comprensión social hacia los pacientes que la sufren. En los estudios se ha visto que los hijos de madres migrañosas están menos socializados que el resto. Por las crisis que sufren periódicamente, no los pueden llevar a reuniones con los amigos y eso les limita mucho desde el punto de vista social, laboral y familiar. En la falta de comprensión hacia la enfermedad hay un componente machista detrás.

¿Ese lastre machista se traduce en considerar menos importante una enfermedad que afecta más a las mujeres?

Sí, viene del siglo XIX, cuando se le empezó a quitar importancia coincidiendo con una corriente machista en la literatura y que ha hecho que ahora en muchos países no se considere una causa de incapacidad, como realmente es. Entre todos tenemos que luchar contra ese machismo inconsciente. Hay que reconocer que muchas personas están sufriendo y tienen dificultad para hacer una vida normal.

¿Hay alimentos que pueden desencadenar un brote?

Es un mito. En los estudios que hemos hecho solo un 19 % de los episodios tenía un desencadenante en la alimentación. Por tanto, los enfermos no tienen por qué imponerse una dieta estricta, sino seguir una alimentación sana. En cada persona la migraña tiene un desencadenante y tiene que conocerlo.

¿Una alimentación sana es preventiva?

La dieta variada le viene bien a todo el mundo, pero especialmente al enfermo de migraña. Las últimas publicaciones científicas demuestran que el número de crisis se reduce con una alimentación sana. Por otro lado, en algunos enfermos sí hay alimentos que pueden dar inicio a una crisis. Los más habituales son los productos lácteos, los quesos fuertes, las conservas o los cítricos.

¿El consumo de sustancias tóxicas, como el tabaco, el alcohol o las drogas, influye en la migraña?

No suelen influir en la aparición de la enfermedad, pero sí pueden ser un desencadenante y, además, actuar como un factor cronificador. Los tóxicos en sí mismos no van a hacer que una persona se vuelva migrañosa, pero sí hacen que un paciente, si consume alcohol o fuma en exceso, tenga mayor riesgo de sufrir una crisis.

¿En la receta para abordar la migraña juega algún papel el ejercicio físico?

Se producen dos situaciones muy diferentes. Cuando alguien tiene migraña episódica, hacer ejercicio físico, fuera del brote, puede resultarle muy beneficioso. Es muy frecuente que en estos casos disminuya el número de crisis, aunque no en todos. Sin embargo, cuando la migraña es crónica (los pacientes tienen más de 15 días al mes dolor de cabeza), la actividad física puede desencadenar un ataque.

¿Su prescripción, entonces, tiene que ser personalizada?

Tenemos que prescribir o no el ejercicio físico estudiando el caso de cada paciente. No podemos hacer recomendaciones genéricas, como sí hacemos en otras patologías.

¿Qué importancia tiene la adherencia terapéutica en la evolución de una migraña crónica?

Es fundamental, porque el paciente tiene que mantener los tratamientos preventivos que ahora aplicamos durante casi un año como mínimo. Por otro lado, las pastillas tardan en hacer efecto entre cuatro y seis semanas, lo cual hace que muchas personas dejen el tratamiento antes de notar una mejoría. Por eso hemos de insistir en la importancia de la adherencia terapéutica, aunque al comienzo no noten mejoría.

Los pacientes han empeorado con la pandemia

El estrés añadido por la pandemia ha agravado la situación de los pacientes, aunque durante la primera fase, en el confinamiento, los efectos fueron muy distintos entre unos enfermos y otros. “Los que sufren migraña episódica mejoraron, mientras que los que padecen migraña crónica empeoraron”, reconoce Jesús Porta. No hay ninguna sesuda razón detrás. La explicación es puramente asistencial, puntualiza el especialista del Hospital Clínico San Carlos de Madrid: “Hubo muchos pacientes con migraña crónica que no tuvieron un acceso fácil a los tratamientos durante esta etapa”.

La situación ha ido volviendo poco a poco a la normalidad, pero el estrés no ha desaparecido y sigue siendo mayor que antes de la pandemia. En este nuevo escenario no hay diferencia entre unos pacientes y otros, en todos se han acentuado los síntomas de la enfermedad.


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