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Niños con apnea del sueño

La obesidad en los niños es un factor de riesgo en el desarrollo de apnea obstructiva del sueño

Ronquidos, dificultades para respirar y pausas respiratorias son los síntomas iniciales del síndrome de apnea-hipopnea del sueño (SAHS). Todos ellos causan microdespertares cerebrales necesarios para reactivar la respiración que hacen que el descanso no sea óptimo. Hasta ahora, el perfil infantil de este trastorno del sueño era el de un paciente delgado. La Sociedad Española de Neurología (SES) ha advertido de que otro tipo de paciente pediátrico, hasta ahora minoritario, cobra fuerza: los niños con obesidad. En este artículo se describe la apnea del sueño y sus factores de riesgo en la población infantil. También se aportan las medidas generales que recomiendan desde la Asociación Española de Pediatría.

Imagen: londondeposit

Apnea del sueño en población infantil

El síndrome de apnea-hipopnea del sueño (SAHS) es un problema muy frecuente en la edad infantil, aunque hasta los últimos años ha sido poco reconocido. Difiere del SAHS del adulto tanto en su etiología como en sus manifestaciones clínicas, diagnóstico y tratamiento. Los tres síntomas que mejor predicen esta afección son los ronquidos, la dificultad para respirar durante el sueño y las pausas respiratorias. Todos ellos impiden el efecto reparador del descanso nocturno por los microdespertares cerebrales que provocan.

El síndrome de apnea-hipopnea del sueño afecta a entre el 3% y el 5% de la población pediátrica

Cerca del 40% de la población infantil obesa sufre apneas mientras duerme. Lo asegura un artículo publicado en Pediatric Pulmonology. Este perfil obeso se suma a los niños delgados que acostumbran a tener anginas y que hasta hoy ocupaban el primer lugar en la prevalencia de síndrome de apnea-hipopnea del sueño. El problema es que las alteraciones del sueño en la infancia tienden a persistir si no se tratan.

La prevalencia de la apnea pediátrica es similar a la de los adultos, del 3% y el 5% según la Sociedad Española de Neurología (SEN). Su tratamiento, no obstante, es más efectivo, sobre todo en los casos provocados por las amígdalas: su extracción soluciona el problema en el 90% de los casos. Aun así, entre el 70% y el 80% de los pacientes pediátricos no se diagnostican (un 90% de los adultos, tampoco).

Causas y tratamiento de la apnea del sueño en los niños

La apnea del sueño afecta por igual a ambos sexos y las etapas más frecuentes son la preescolar y la escolar, aunque también puede llegar a manifestarse en los primeros meses de vida. En la mayoría de niños, la causa principal es el aumento de tamaño de las amígdalas, por su relación con el diámetro de la vía aérea. También puede estar asociado, como señala la SEN, con obesidad infantil, alteraciones anatómicas, neurológicas, metabólicas o musculares.

La extirpación de amígdalas es, de manera habitual, el tratamiento de elección. En los casos en que la intervención no ha funcionado o no está indicada, los dispositivos de presión positiva continua en vía aérea son una medida terapéutica eficaz. La ortodoncia-ortopedia precoz también puede contribuir a la prevención de este síndrome.

Consecuencias de la apnea en la salud pediátrica

Quienes padecen apnea del sueño interrumpen la respiranción durante al menos 10 segundos en el descanso nocturno. Esto disminuye los niveles de oxígeno en sangre y activa el cerebro para que recupere la respiración, mientras debería estar descansando (microdespertares cerebrales). Si estos episodios son muy frecuentes, hacen que el sueño sea superficial y fragmentado.

La apnea durante la noche afecta de forma inevitable la conducta diurna del pequeño y provoca alteraciones neurocognitivas, como hiperactividad y trastornos por déficit de atención (TDAH). También se asocia con problemas de aprendizaje y, en ocasiones, a una poca ganancia de peso y talla. Otras situaciones que pueden darse durante el sueño son enuresis, posturas extrañas y sudoración profusa. En julio de 2011, especialistas de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) consensuaron las complicaciones físicas de la apnea en la infancia: alteraciones cardiovasculares, aumentos discretos de la presión arterial y retraso pondoestatural (peso y talla).

Falta de sueño y trastornos de conducta

La falta de sueño puede hacer que el niño sea más vulnerable a sufrir enfermedades. Pero, además, los ronquidos -síntoma predictivo de apnea- pueden tener una relación directa con el riesgo de padecer trastornos de la conducta y emocionales en el futuro. Así concluye una investigación reciente llevada a cabo en 13.000 niños y publicada en la revista Pediatrics. No es el primer trabajo que asocia ambos desórdenes: datos de la SEPAR indican que el 47% de la población infantil española con síndrome de apnea-hipopnea del sueño han tenido en algún momento problemas de conducta.

Más allá de los tratamientos quirúrgicos o del uso de dispositivos de presión positiva continua en vía aérea, la Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda otras medidas generales en sus Protocolos diagnósticos y terapéuticos:

  • Reeducar al niño en los hábitos del sueño. Para ello, es fundamental seguir con unos horarios regulares; liberarlo de elementos externos que puedan afectar su descanso; no realizar comidas copiosas; evitar las bebidas estimulantes; realizar deporte; y llevar un estilo de vida activo. Si se piensa que puede padecer alguna enfermedad, consultar con los especialistas.
  • Tratar la congestión nasal. La nariz supone el 50% de la resistencia al paso del aire hacia los pulmones. Aquellos con un problema de este tipo pueden sufrir un empeoramiento de la afección mientras duran estos procesos.
  • Oxigenoterapia nocturna. Puede ser útil en algunos casos, sola o asociada a ventilación no invasiva. Si se administra oxígeno, solo hay realizar una vigilancia exhaustiva ya que puede empeorar la ventilación.
  • En algunos casos son útiles los medicamentos que reducen la producción de ácido en el jugo gástrico (inhibidores de la bomba de protones).

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