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Ortorexia

La obsesión por la comida sana

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 20 septiembre de 2002

El culto al cuerpo ha ido transformando los hábitos alimenticios de miles de personas. Esta preocupación, llevada al extremo, ha sido la causa de enfermedades tan graves como la anorexia y la bulimia. En ambos casos, lo importante era comer poco para tener un cuerpo 10. Con los años, estas patologías han derivado en una preocupación irracional sobre la calidad de los alimentos. Hay consumidores que sólo están dispuestos a ingerir productos catalogados como biológicamente puros, sin aditivos, sin conservantes ni colorantes. Incluso van más allá, porque dejarían de comer si no estuvieran seguros de que los alimentos que van a ingerir cumplen esas condiciones. El paciente ortoréxico convierte la comida en el centro de su vida. Y esta actitud puede resultar peligrosa para su salud y para su equilibrio emocional.

El origen

La palabra ortorexia proviene del griego orthos (justo, recto) y exía (apetencia), con lo que podría definirse como apetito justo o correcto. Por el momento este concepto no está recogido en ningún diccionario ni los síntomas que engloba son reconocidos como una enfermedad por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El creador del vocablo es Steven Bratman, un médico estadounidense -profesional de las medicinas alternativas- que durante años defendió la teoría de una dieta para alcanzar un estado de salud pleno. Estar concienciado por comer sano es perfectamente comprensible e incluso conveniente para el buen funcionamiento de nuestro organismo, porque previene algunas enfermedades. El problema surge cuando ese fin se convierte en una auténtica obsesión. Bratman experimentó en sus propias carnes las consecuencias que puede sufrir una persona que centra su vida en una alimentación excesivamente estricta o severa.

En los años 70 Bratman, graduado en la Escuela de Medicina de la Universidad de California, fue cocinero y agricultor de una gran comunidad en Nueva York, cuyos miembros defendían teorías alimentarias contradictorias. Se vio envuelto en una especie de secta gastronómica y decidió crear su propio régimen. « Me impuse una dieta de vegetales recién recogidos de la huerta y que masticaba no menos de 50 veces antes de tragarlos», afirma Bratman, quien se consideraba un «comedor de extremos». Acabó harto de su propia dieta y curó su obsesión por la comida natural con la ayuda de un monje benedictino, que le ayudó a ver el lado positivo de la comida china y los helados.

Después de pertenecer durante 25 años al Movimiento de Alimentos Naturales de Estados Unidos, Bratman inició una campaña contra las dietas estrictas. «La mayoría de los estadounidenses haría bien en mejorar su dieta, no hay duda sobre esto. Sin embargo, en el campo de los alimentos sanos, muchas personas se beneficiaría si se pasaran al bando contrario y no fueran tan estrictas», sentenciaba.

Bratman comenzó una estricta dieta alimentaria y terminó padeciendo un nuevo trastorno: la ortorexia nerviosa o la nociva obsesión por comer saludablemente. Acuñó el término en 1996 y publicó su propio libro sobre el tema, Health Food Junkies (Los yonquis de la comida sana), en el que relata su experiencia. Por si esto fuera poco, ha registrado su hallazgo en Internet, www.orthorexia.com

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