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Prótesis mamarias de silicona

Las prótesis texturadas microporosas son más eficaces y previenen complicaciones tras una intervención de aumento o reconstrucción de las mamas

Son las prótesis mamarias más utilizadas en España, donde cada año las solicitan cerca de 50.000 mujeres, según datos ofrecidos por la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre), una cifra que nos sitúa como el país miembro de la Unión Europea donde más implantes mamarios se realizan. La mayor parte de ellos, de silicona texturada microporosa que, según revela un estudio llevado a cabo en el hospital universitario Virgen del Camino de Pamplona, además de los preferidos por los profesionales del ramo, son los implantes más eficaces para prevenir posibles complicaciones que puedan surgir alrededor de la prótesis.

No es patrimonio de nuestro tiempo. Las prótesis para aumentar el tamaño de los senos se utilizan al menos desde el siglo XIX cuando las mujeres recurrían a bolas de cristal, cartílago o esponjas para simular los dones que la naturaleza no les había concedido. Pero la silicona no se aplicó hasta el pasado siglo, cuando los implantes mamarios alcanzaron su apogeo. Aunque desde los años 40 se estudiaba el modo de aplicar la silicona a los tejidos blandos, su uso no se extendió hasta que en 1962 los especialistas Cronin y Gerow realizaron el primer implante mamario con este gel.

Sustancia controvertida, durante un tiempo se pensó que este polímero del dióxido de silicio -nombre científico de la silicona- era biológicamente inerte y estable, un material que no sufría cambios con el tiempo ni provocaba reacciones extrañas en el cuerpo. La experiencia demostró lo equivocado de tal estimación, y las complicaciones provocadas por los implantes de este compuesto han sido el centro de intermitentes debates durante décadas, polémicas cada vez menos frecuentes.

Menos complicaciones

La causa de la disminución de la discusión es que las complicaciones relacionadas con los implantes de silicona se han reducido de manera notable, en gran medida debido a la composición de las prótesis que se utilizan en la actualidad, especialmente en las de superficie texturada microporosa. Este tipo de implantes, según un estudio elaborado en el hospital universitario Virgen del Camino de Pamplona, es el más eficaz para prevenir la contractura capsular que se crea alrededor del implante, una de las complicaciones más importantes ligada a esta operación.

Las prótesis mamarias de superficie texturada previenen la contractura capsular, el principal efecto adverso de este tipo de implantes

El trabajo Reacción capsular, experimental y clínica a implantes mamarios texturados, dirigido por Francisco José Escudero Nafs, jefe de servicio de Cirugía Plástica y Reparadora del hospital navarro, demuestra que este tipo de prótesis es el más efectivo en la prevención de complicaciones ya que son capaces de modular la respuesta del organismo ante la presencia del cuerpo extraño que se le ha introducido y favorecen la adherencia entre la prótesis y la cápsula que se forma a su alrededor.

A pesar de sus bondades y de ser la prótesis utilizada en la mayoría de ocasiones, existe otro tipo de implantes. Las distintas prótesis se utilizan adecuándose a las necesidades de cada mujer, que cuando decide someterse a una intervención quirúrgica para cambiar sus senos busca, según aseguran los expertos, aumentar y mejorar la forma de sus mamas bien por tener un pecho pequeño y ansiar una talla mayor, o para corregir la flaccidez y pérdida de volumen que se sufre tras el período de embarazo y lactancia. Mención aparte merecen las enfermas de cáncer que han sufrido una mastectomía y desean reconstruir el pecho mutilado.

Un tipo para cada caso

Todas las prótesis mamarias están compuestas por dos elementos: una envoltura de silicona y un contenido. Hasta ahí las similitudes. El interior puede ser de gel de silicona cohesivo o de suero fisiológico; la envoltura de silicona también varía y es posible utilizar implantes lisos o bien prótesis con algún tipo de rugosidad. Los implantes rugosos no son otros que las prótesis texturadas objeto del estudio del hospital navarro, las que producen menos sensaciones extrañas, menos molestias y complicaciones. Actualmente existen, además, prótesis que podrían denominarse «de cuarta generación», implantes que poseen un interior de gel de alta cohesividad que consigue que en caso de que se seccione la prótesis, el líquido no se extienda por el organismo.

En cuanto a su forma, los implantes también ofrecen variedad: pueden ser anatómicos o redondos. Las prótesis anatómicas deben su nombre a su capacidad para amoldarse a la anatomía de la mama, por lo que el resultado es un pecho muy natural, una de las principales exigencias de las mujeres que se someten a una intervención de este tipo. Por esta característica son las más indicadas para los casos de ptosis -la caída de mamas- sin tener que realizar una cirugía más invasiva que pudiera provocar cicatrices difíciles de disimular.

Entre las desventajas de este tipo de implante está la sensación al tacto: es levemente más dura que el de las prótesis de gel de silicona. Además, en algunas ocasiones es necesario implantarlas mediante una incisión en el surco submamario y no por la vía de abordaje más frecuente, a través de la aureola.

Los implantes redondos suelen ser de gel cohesivo, que impide el desplazamiento de la silicona en caso de rotura. La principal ventaja de estos implantes respecto a las prótesis anatómicas estriba en que pueden colocarse a través de la aureola del pezón, pero su gran desventaja es su elevado precio.

LA CONTRACCIÓN CAPSULAR

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Los avances en cirugía han sido espectaculares en las últimas décadas, pero siempre existe la posibilidad de que se produzca una complicación tras una intervención quirúrgica. Tras una operación de implantes mamarios (una cirugía sencilla que no suele rebasar las tres horas y que permite a la paciente regresar a casa en el mismo día o en el posterior a la intervención) existe una mínima posibilidad de que se infecte la cápsula que el organismo forma alrededor de la prótesis, lo que suele ocurrir normalmente en la primera o en la segunda semana tras la operación.

En el contorno de las prótesis mamarias, tanto en las que se emplean con fines estéticos como en las que se utilizan con fines reconstructivos para enfermas oncológicas, se forma una capa de tejido cicatrizal llamado cápsula. La formación de este tejido es una reacción normal del organismo que se produce siempre ante la presencia de cualquier implante y que en la mayoría de las pacientes se mantiene blando. Sin embargo, en algunas ocasiones puede ocurrir que la cápsula se engruese y se retraiga dando lugar a una redondez y una dureza inusual en las mamas.

A esta complicación se la conoce con el nombre de contractura capsular, y su gravedad puede variar de una paciente a otra, así como los métodos para combatirla. Las medidas para eliminar la contractura comienzan por realizar masajes sobre la mama, pero en el caso de que sea severa y llegue a molestar a la paciente, suele ser necesaria una nueva intervención para romper o extirpar la cápsula. Cuando se llega a este extremo, si es necesaria una segunda intervención, lo habitual es que se realice no sólo la extirpación de la cápsula sino un cambio del implante.

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