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Realizan un trasplante parcial de rodilla mediante un injerto procedente de cadáver

Esta técnica, pionera en España, permite eludir la prótesis metálica

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: domingo 4 mayo de 2003
La rodilla es la articulación más expuesta al desgaste, lesiones y traumatismos, pero los avances médicos dan cada vez más respuestas idóneas a cada dolencia. La Unidad de Rodilla y Cirugía Artroscópica del Hospital Central de Fraternidad-Muprespa, en Madrid, acaba de poner en marcha otra técnica pionera en España: el trasplante parcial de rodilla mediante un injerto procedente de cadáver. Primero fue el trasplante de ligamentos; después, el de menisco; ahora, se empieza a reemplazar el tercio tibial superior incluyendo meniscos y cartílagos.

"La fractura del tercio superior de la tibia es muy común en los accidentes de tráfico, sobre todo en los motoristas, y los mensajeros la sufren con mucha frecuencia. Suelen ser fracturas que llamamos conminutas (es decir, que esa parte de la tibia se ha hecho pedacitos)", indica el doctor Juan Ayala Andrade, director médico del Hospital Central de Fraternidad-Muprespa -mutua laboral de accidentes de trabajo- y jefe de la Unidad.

"Muchas veces, a pesar de los tratamientos quirúrgicos, la evolución no es buena, dando lugar a la artrosis, que se traduce en dolor, limitación de la movilidad, imposibilidad de apoyar el pie en el suelo...; en definitiva, una gran incapacidad. Y estamos hablando de chicos muy jóvenes, de artrosis a una edad muy temprana". En tal caso, hay tres posibilidades: recurrir a una prótesis; proceder a la fijación de la rodilla, lo que deja la pierna rígida y resulta muy invalidante, y la última: el trasplante de la meseta tibial, como alternativa a la prótesis.

La parte superior de la tibia tiene dos platillos (interno y externo), y a ese conjunto se le llama meseta tibial. "Cuando se presenta la artrosis de la meseta tibial, se sustituye toda ella, con sus meniscos incluidos, por la de un cadáver, también con sus meniscos. Nosotros conservamos los ligamentos cruzados del paciente, y esto es muy importante porque son un factor de estabilidad; si la rodilla sufriera algún movimiento anómalo, el trasplante fracasaría. El aloinjerto (procedente de cadáver) se obtiene de los bancos de tejidos, siempre a través de fundaciones", explica el traumatólogo. "Una vez que hemos puesto la pieza, la fijamos con unas grapas o unos tornillos a la tibia. Con el tiempo, la pieza se consolida y se integra en el hueso del propio paciente", añade.

Las posibilidades de rechazo son remotas porque en este caso se utilizan tejidos que son acelulares: no tienen apenas células ni vascularización, por lo que no provocan respuesta inmunológica. "De hecho, y según los inmunólogos consultados, no ponemos tratamiento inmunosupresor, aunque lo tenemos preparado por si se da el caso", precisa el experto.

La pieza anatómica que ahora se empieza a trasplantar es "como una tarta de tres pisos. La capa superficial son los meniscos, tejidos acelulares; debajo, los cartílagos, que tienen alguna celularidad, no mucha; y la parte inferior es el hueso subcondral, la base que utilizamos, con un centímetro de altura. La intervención es cirugía abierta, parecida a la que se hace para la prótesis. Sólo que, en vez de implantar un componente metálico, utilizamos la pieza de un cadáver y el paciente tiene así una rodilla biológica, natural, no mecánica", concluye el doctor Ayala.

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