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Trastorno afectivo estacional

Durante el otoño, muchas personas sienten menos energía y cierta tristeza, con síntomas similares a la depresión

Img chica otono Imagen: sacks08

La reincorporación a la rutina después de las vacaciones, el descenso de las temperaturas y, sobre todo, la reducción de las horas de luz, son responsables de la sensación de tristeza que embarga a algunas personas con la llegada del otoño. Hay quien resulta más sensible a estos cambios y padece síntomas depresivos, irritabilidad y una mayor necesidad de consumir dulces. Es el denominado Trastorno Afectivo Estacional, una entidad todavía poco conocida y escasamente diagnosticada.

Se considera que cerca de un 5% de la población padece Trastorno Afectivo Estacional, más conocido por sus siglas inglesas como SAD (Seasonal Affective Disorder). Las mujeres son más propensas que los hombres a padecerlo, así como las personas que viven en países con menos horas de luz solar. Los síntomas son similares a los de la depresión, aunque se desarrollan de forma más leve. Son habituales los cambios en el estado de ánimo, con cierta tristeza, irritabilidad y falta de interés por las actividades habituales.

El afectado siente que tiene menos energía y capacidad de concentración, sobre todo por las tardes, así como un mayor deseo por consumir alimentos dulces, como el chocolate, con el consiguiente aumento de peso.

Entre melancolía y depresión

Los síntomas depresivos son a menudo leves o moderados, aunque en pacientes con problemas depresivos previos pueden ser más importantes. No todas las personas con esta afección experimentan todos los síntomas. Es posible que el nivel de energía sea normal, pero el deseo exagerado de dulces sea intenso.

Se cree que esta variación está relacionada con una alteración del ritmo circadiano que provoca cambios en el hipotálamo y la secreción de melatonina, hormona que participa en una gran variedad de procesos, como el ritmo de sueño-vigilia y los estados de ánimo. Una de las características más relevantes de la melatonina es su variabilidad a lo largo del ciclo de 24 horas, así como su respuesta a cambios en la iluminación ambiental, de forma que se produce en mayor proporción en la oscuridad y, por tanto, se incrementa cuando los días son más cortos y con menos luz. Estos niveles mayores de melatonina provocan somnolencia diurna y apatía.

En los meses fríos se entiende como lógico y normal cierto grado de apatía y reducción de la actividad, síntomas similares a los de la depresión

Otra homóloga, la serotonina, también juega un papel en la comprensión de este trastorno. Conocida como "la hormona del bienestar", sus menores niveles en los meses de otoño e invierno contribuyen a sentir cierta ansiedad, así como ánimo depresivo. Esta alteración afectiva, por norma general, se relaciona con la llegada de los meses fríos, aunque quienes trabajan muchas horas en oficinas con poca luz natural pueden experimentar síntomas todo el año. De la misma manera, algunas personas más sensibles también pueden notar cambios en el estado de ánimo durante los días nublados.

A pesar de que el SAD puede afectar a la vida cotidiana, cierto grado de apatía y reducción de la actividad en los meses fríos se entiende como lógica y normal. Así como la luz del sol -según las estaciones- influye en las actividades de los animales, también puede afectar a los humanos, modificar el ritmo biológico y alterar la rutina diaria.

Luz para combatir los síntomas depresivos

Al considerarse que la reducción en las horas de luz es el factor determinante de la afección, se ha teorizado que una terapia lumínica podría ser efectiva para combatirlo. En los meses de otoño e invierno, la reducción del estimulo lumínico es drástica, ya que una habitación normal está iluminada con entre 150 y 200 luxes, mientras que el sol intenso de verano es de 100.000 luxes. De esta manera, en opinión de los expertos, un aporte suplementario de luz podría tener un efecto preventivo o terapéutico.

Numerosos estudios apoyan el uso de la fototerapia para combatir el SAD y, en la mayoría de los casos, son efectivos y no se registran efectos secundarios. No obstante, pueden sentirse dolores de cabeza y oculares, así como mareo y vómitos en algunos casos. Una alternativa a la fototerapia, propuesta hace poco, es el uso de un aparato que simula el amanecer, de manera que se enciende a una determinada hora y sube de intensidad de luz conforme avanza el día, de forma gradual.

Un estudio publicado en el 'Journal of Effective Disorders' el pasado verano compara el tratamiento con luz enriquecida, tanto con color azul como con luz estándar, para el tratamiento de este trastorno estacional. El motivo del color azul es que el sistema de los ritmos circadianos es, de manera especial, sensible a esta longitud de onda. Los científicos del Departamento de Fisiología de la Universidad Medical Center Groningen, en Holanda, eligieron a 52 pacientes con SAD y los dividieron en tres grupos, según un tratamiento de 30 minutos con luz estándar, 30 minutos de luz enriquecida con color azul y 20 minutos de luz enriquecida azul.

Después de dos semanas de tratamiento, los resultados mostraron que los síntomas de depresión propios del trastorno disminuyeron en los tres grupos, sin diferencias significativas entre ambos. Los investigadores concluyeron que es posible que la falta de diferencias entre las tres condiciones se deba a que todas estas terapias dan una respuesta causada por un largo periodo de exposición a una alta intensidad lumínica. Por este motivo, explican, en un futuro se necesitarán más estudios con periodos más cortos de exposición y menor intensidad.

CONSEJOS PARA EVITAR EL SAD

Una serie de medidas pueden ayudar a evitar el trastorno afectivo estacional o a su recuperación: disminuir el consumo de cafeína y alcohol, así como las comidas copiosas, para mejorar el descanso nocturno; en lo posible, procurar dormir durante las horas de oscuridad y evitar las luces intensas durante la noche. Por otro lado, se recomienda aprovechar al máximo las horas de luz natural para realizar actividades al aire libre.

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